Claude-Adrien Helvetius (1715-1771)

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Otra de las figuras es Helvetius. Materialista también en casi todas sus concepciones, Marx le reprochará no haber logrado llevar a cabo un análisis materialista de las condiciones económicas de su época; pero Horowitz le concede una gran importancia por sus “observaciones sobre el lujo y declive de las sociedades, colocándose sus análisis en un lugar destacado entre los logros pre-marxistas”.
Para Helvetius, Dios es una cuestión de estilo: «Pocos filósofos han negado la existencia de un Dios físico. Es una causa de lo que es. Y esta causa es desconocida. Que se le dé el nombre de Dios u otro cualquiera, ¿qué importa? Las disputas sobre este tema no son más que disputas de palabras».
Aunque el materialismo de Helvetius esté marcado de un carácter psicológico, lo cierto es que se pueden vislumbrar en él atisbos de una concepción sociológica. Pero la mayor parte de sus afirmaciones tienen el cuño psicológico. Así nos dice que nuestras facultades son dos: “la sensibilidad física, que es la facultad de recibir las diferentes impresiones que hacen sobre nosotros los objetos exteriores… y otra la memoria que es la capacidad de conservar la impresión que estos objetos han hecho sobre nosotros”. Todas nuestras facultades “se reducen a sentir”. El mismo acto de juzgar no es otra cosa que sentir. Por ejemplo “el color que yo llamo rojo actúa sobre mis ojos de forma diferente al que yo llamo amarillo”. El hombre es un ser en el que “todo es sensación física”. El juicio está ligado al lenguaje, pues juzgar “es decir lo que yo siento… es el enunciado de las sensaciones experimentadas”.
El error no tiene otra causa que la costumbre física de habituarnos a ciertas cosas. Las cuestiones metafísicas sobre el error o sobre cualquier otra cuestión humana quedan relegadas a ser cuestiones puramente físicas. Pues el espíritu no es más que «el producto de los objetos colocados en nuestro recuerdo… Es una vista clara de las verdaderas relaciones que los objetos tienen entre sí, entre sí y con nosotros».
La moral para Helvetius es «la ciencia de los medios inventados por los hombres para vivir entre ellos de la forma más feliz posible». El principio central de la acción del hombre, tanto a nivel individual como social, es la pasión; «son las pasiones, y no las máximas de moral, las que forman a los hombres».
La única guía que conduce y sigue el hombre es el interés, que puede ser definido como un impulso tendente a la obtención del placer y a la de las acciones humanas. Y la prosperidad de un país consiste en saber aunar y valorar los intereses individuales con los sociales: «El hombre virtuoso no es aquel que debe sacrificar sus placeres, sus costumbres, sus pasiones más fuertes al interés público, puesto que un hombre semejante es imposible, sino aquel cuya más fuerte pasión concuerda de tal manera con el interés general que se ve arrastrado a la virtud casi siempre por la necesidad»