10.2. Marx y el materialismo historicista

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Biografía de Carlos Marx (1818-1883)

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        Filósofo alemán nacido en 1818 en Tréveris, Renania. Estudió en las Universidades de Bonn y Berlín filosofía e historia. En 1841 se doctora con una tesis sobre La diferencia de la filosofía en Demócrito y Epicuro y participa en el círculo de discusión de los "hegelianos de izquierda" (Bruno Bauer y otros). Es en estas fechas donde comienza a revisar sus concepciones religiosas, revolucionarias e idealistas hegelianas y bosqueja su materialismo.
        Sin embargo, cuando concluye su formación universitaria, Marx ejerció con pasión durante varios años el periodismo primero como articulista y luego ya como redactor-jefe de la revista editada en Colonia La Gaceta Renana (Rheinische Zeitung). En sus artículos, Marx defendía en condiciones sociales y políticas difíciles la libertad de pensamiento y de expresión, lo que provocó fuertes enfrentamientos con la censura, la prohibición de algunos de sus escritos y, finalmente, la emigración a París.
        Ya en la capital francesa, Marx editó los Anales franco-alemanes (Deutsch französische Jahrbücher) y conoció a Friedrich Engels (1820-1895), con quien escribiría parte de sus escritos y cuya estrecha amistad y consejo perduraría sin fisuras hasta el final de su vida. De esta época es la redacción de notas que póstumamente serían publicadas y conocidas como Manuscritos económico-filosóficos (1844).
        En 1845 Marx es expulsado de París, y encuentra refugio en Bélgica. Redacta con Engels La Ideología Alemana (1846), así como el Manifiesto Comunista (1848) para «Liga de los Comunistas» (la antigua Liga de los Justos), a la que se habían afiliado poco antes y presentado en Londres en la constitución de la Primera Internacional.
        En 1848 estalla la revolución alemana y Marx volvió a Colonia para editar la Nueva Gaceta Renana, aunque poco después es nuevamente expulsado por el gobierno prusiano. Después de una breve estancia en París, emigró finalmente a Londres, donde viviría hasta su muerte, acontecida en el año 1883. Publica en 1859 una de sus obras fundamentales Contribuciones a la crítica de la economía política.
        En Londres Marx estudia a fondo la teoría económica y en 1867 publica el primer volumen de El capital. A la vez, prosigue su actividad práctica y colabora en la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores, dedicándose a escribir documentos, manifiestos y escritos con destino a los socialistas franceses y alemanes, a la vez que trabaja en los tomos segundo y tercero de El capital, que serían publicados por Engels después de su muerte.


La filosofía y el marxismo.

        «No lo saben, pero la hacen», Carlos Marx

        1. El marxismo es primariamente una filosofía cuyas características han hecho posible que sea considerada durante el siglo XIX y el XX una de las piedras angulares del pensamiento filosófico contemporáneo y que engarzada en la tradición filosófica culminaba un proyecto crítico que se había iniciado en la filosofía griega y continuado en la tradición racionalista e idealista europeas.
        Sin embargo, la misma consideración de filosofía no ha sido aceptada, ni lo es aún, por muchos críticos, ni tampoco la acepción de piedra angular en la historia del pensamiento. Son muchos los problemas, las disputas y controversias, incluso las interpretaciones y la propia actualidad del marxismo que ha propiciado la filosofía desarrollada por Marx y sus discípulos y que son hoy objeto de revisión y de polémica.
        Puede decirse que en cuanto filosofía el marxismo ha significado desde el siglo XIX un intento de interpretar el mundo dando respuestas a las diversas circunstancias sociales, políticas, económicas, morales o ideológicas en las que se desarrolla la actividad humana. Podríamos decir, con las reservas conceptuales que desarrollaremos en sucesivos epígrafes, que se propone dar una respuesta total al hombre y a su situación en el mundo.
        Hablar de marxismo hoy, por tanto, plantea una serie de dificultades tanto de orden filosófico como de orden doxográfico, tanto de orden político como ideológico. Es una filosofía que ha propiciado una intensa, larga y desde luego fructífera controversia en el pensamiento contemporáneo al margen de la adscripción política o filosófica a su doctrina. Filósofos en sentido estricto, políticos de distintas corrientes, economistas, lingüistas, literatos, críticos de arte y artistas, &c. han visto o encontrado en las tesis marxistas la guía intelectual, práctica o simplemente una influencia decisiva para interpretar el mundo o para cambiarlo, para especular religiosa o políticamente. La influencia, pues, de la filosofía marxista no puede ser ignorada hoy, y el debate fundamental que ha producido en la segunda mitad del siglo XX ha hecho posible que algunas ideas fundamentales que perviven en el siglo XXI sean deudoras del marxismo.
        2. Lo anteriormente expuesto no significa sino un esbozo previo necesario e imprescindible para internarse en el amplio espectro o abanico de la disputa filosófica introducida por el marxismo en la crítica y el tratamiento de las Ideas filosóficas de nuestro tiempo.
        Si en principio el marxismo es una filosofía lo es por superación, revisión y en constante crítica hacia una tradición previa que hace del marxismo una filosofía de nuevo cuño, de nuevo estilo y cuyo desarrollo es inseparable tanto de las condiciones materiales como de las ideas de su tiempo. Señalamos en este contexto la estrecha relación que el marxismo mantiene con las ciencias positivas y con las ciencias humanas; será con estos grupos de ciencias con las que dialogue constantemente, como veremos. Pero además es heredera directa de la tradición que arranca de Platón: la implantación de la filosofía como hecho político: «Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo», escribe Marx en las Tesis sobre Feuerbach (Edit. Grijalbo, México, 1956.). Y en fin, el marxismo se constituye en la tradición del materialismo, con una concepción de la materia y con una filosofía no sustancialista que se aparta tanto del materialismo de Demócrito y Epicuro o del pensamiento ilustrado de Diderot o Bühner como del positivismo. En el Diccionario soviético de filosofía dirigido por Rosental e Iudin (Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo 1965) se exponen los principios del materialismo dialéctico de modo muy explícito: «La concepción materialista dialéctica de la materia se diferencia de la metafísica por el hecho de ver la materia no sólo como existiendo objetivamente, con independencia del espíritu del hombre, sino, además, como ligada de manera indisoluble al movimiento, al espacio y al tiempo, capaz de autodesarrollo, infinita en las relaciones cualitativa y cuantitativa en todas las dimensiones de su existencia».
        3. La idea de materia ha tenido múltiples significados. Su uso se extiende desde el campo científico, filosófico al tecnológico y mundano. El término materia suele considerarse como el contenido específico de un material determinado, aparte de asignarle el significado de objeto de un discurso, el tema de fondo de tal o cual contenido discursivo. Etimológicamente materia en su origen se asocia a silva (bosque) como sucede en griego ϋλη. La etimología latina será reproducida en las lenguas románicas. Así, Madera en castellano deriva su origen de materia. En alemán staff proviene del latín stuppa (estopa), &c.
        Esbozaremos en esta apertura al Tema las cuestiones (y por supuesto problemas) que plantean la concepción de Materia:
        a) Por una parte la idea de materia es enteramente filosófica y con ello decimos que merece un tratamiento metodológico; por otra la ciencia considera múltiples significados, acepciones y definiciones en función de su desarrollo histórico, y ello aunque sean incompletas, contradictorias e insuficientes. Lo que queremos significar, esbozar (al margen del tratamiento estudiado en otros Temas como los apartados 1.6, 2,6 y 4.10 principalmente) es que la idea de materia en el discurso metodológico filosófico surgirá de la acción mundana, del campo tecnológico y científico. Y será en la dualidad, oposición conceptual entre la materia y la forma, instaurando el desarrollo del concepto de materia determinada, donde se desarrollen las implicaciones filosóficas clásicas en la historia de la filosofía: materia y espíritu, o el concepto de materia pura, &c.
        La idea de materia en Marx se engarza filosóficamente en la interacción de la diversidad y la dialéctica constantes. Los diversos vocablos empleados por Marx en sus obras dan cuenta de ello: Materie, Natur, Naturding, Naturstoff, &c. los cuales serán términos intercambiables, incluyendo la idea de materia subordinada al trabajo humano, como tendremos ocasión de estudiar.
        b) El materialismo anterior a Marx explicaba el sentido y significado del vocablo materia de distintos modos. En términos generales puede decirse que la tesis principal concebía a la materia como «la base sustancial y universal de todos los fenómenos» (tal como se estudia en el manual clásico de F. Konstantinov &c. Academia de Ciencias de la URSS (Fundamentos de filosofía marxista-leninista, Editorial Progreso, Moscú 1977 y la edición transformada de la Editorial Pueblo y Revolución, La Habana 1986). La naturaleza no había sido creada por nadie, era indestructible, eterna en el tiempo e infinita en el espacio y a la vez poseía una existencia objetiva e independiente de la conciencia. A su vez, para los materialistas franceses del siglo XVIII, la materia y el movimiento eran inseparables. Partían de la idea de la absoluta posibilidad de conocimiento de la materia, o lo que es lo mismo el conocimiento de sus propiedades y las leyes.
        c) Los presupuestos filosóficos del «materialismo dialéctico» han sido desarrollados, desde que Friedrich Engels escribió La Dialética de la Naturaleza, por G. Plejanov, V.I. Lenin, Joseph Stalin, &c. hasta el Diccionario soviético de filosofía (Op. cit.), En la actualidad y desde posiciones del materialismo filosófico (ver Tema 4.10), el materialismo dialéctico es considerado como la caída en un idealismo objetivo, en tanto ha construido una escolástica nueva que apela a leyes naturales, incluso históricas, capaces de explicar las múltiples peculiaridades del mundo, sea natural o no adscribiéndose a tendencias monistas, construyendo un mundo articulado como una totalidad universal. La posición defendida, por ejemplo, por Gustavo Bueno en Ensayos materialistas (Edit. Taurus, Madrid, 1972, pág. 79) da un giro decisivo a esta crítica cuando señala:

         «La razón fundamental por la cual creo que debe ser interpretado como metafísico todo monismo «mundanista» (inmanente o trascendente) es esta: que semejante sistema sólo puede entenderse como resultado de esquemas metafísicos (sustancialistas) del pensamiento, y no como una conclusión que brota del análisis de la propia realidad mundana. Por consiguiente el monismo mundanista es fruto de una metodología dogmática y precrítica, por muy gruesas que sean las frases materialistas (o corporeístas) que se utilicen para «hablar a la imaginación», como suele hablar el Diamat.».

        Incluso su dogmatismo absoluto, su reduccionismo, la consideración de que «todo está relacionado con todo», la ruptura con la symploké de las ideas, las diversas «contaminaciones» armonistas y monistas, a las que se acoge Engels en su idea de materia llevan al «materialismo dialéctico» a situarse en una posición filosófica necesitada de una crítica desde presupuestos materialistas no dogmáticos aunque sí críticos. Según algunos autores cercanos al materialismo no idealista, también se sugiere una diferenciación entre el «materialismo dialéctico» y el «materialismo histórico» considerando a este último como el «genuino» marxismo y la preocupación filosófica fundamental de Marx quien se alejaría por tanto de las posiciones de Engels y su filosofía materialista dialéctica, cuyo discurso experimentará fuertes divergencias desde mediados del siglo XIX hasta el presente cuando prácticamente el DIAMAT ha quedado superado en función del desarrollo científico.


Antecedentes

        «El marxismo es el sucesor natural de lo mejor que la Humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés» V. I. Lenin.

        Desde la revolución industrial del siglo XVII el capitalismo ha ido progresando, asentándose en el siglo XIX como régimen de dominación y de explotación de la clase obrera naciente con él y con el desarrollo extraordinario de las fuerzas productivas. Esa clase obrera ha ofrecido paulatina resistencia a sus condiciones de vida y el siglo está jalonado de acontecimientos revolucionarios representativos de la lucha de clases y de la necesidad de organización del movimiento obrero: la revolución de 1848 en Francia, y sobre todo la Comuna de París en 1871 constituyen hechos históricos que marcarán tanto política como filosóficamente el pensamiento de Carlos Marx. Sólo en la última etapa de la vida de Marx acontecerá el estancamiento del capitalismo, la denominada «gran depresión» de los años 1874 a 1893.
        En este marco socioeconómico, e integrado indisolublemente con él, se resuelve la actividad teórica y práctica de Marx, que puede ser deslindada en tres corrientes de pensamiento que influyen en su obra: por una parte la corriente de la filosofía clásica alemana, con su representante máximo en Hegel; por otra, la corriente del socialismo utópico, con pensadores como Owen, Proudhon, Saint-Simon y Fourier; Y por último, la corriente de la economía política representante del capitalismo liberal de la época y en la cual se encuentran sus principales figuras, David Ricardo, Adam Smith, Say, James Mill, &c.

El hegelianismo.

        «Todo lo racional es real y todo lo real es racional», Georg W. F. Hegel

        A la muerte de Hegel sus discípulos se dividieron, siguiendo la terminología política ya clásica, en dos grupos: derecha hegeliana e izquierda hegeliana.
        Hegel había situado a la religión y a la filosofía (junto con el arte) en el dominio del espíritu absoluto, justamente la zona que tras la inversión materialista de Marx pasaría a ser una superestructura, en gran parte ideológica.
        La polémica entre ambas facciones del hegelianismo se planteó a un nivel escolástico como repetición de la contienda medieval. La derecha pretendía justificar mediante los conceptos filosóficos el contenido positivo de la fe. Por el contrario la izquierda explicaba la religión en términos de necesidades humanas, reduciéndola a un mito representativo, es decir, a un relato imaginario de contenido metafísico elaborado por una sociedad a partir de un acontecimiento importante.
        Feuerbach, que publicó su Esencia del cristianismo el mismo año que Marx leía su tesis doctoral (1841), impugnaba las tesis mismas hegelianas: El mundo no es un producto del espíritu o la idea, sino la idea un reflejo del mundo.
        Marx, que acababa de reivindicar a Epicuro frente a Demócrito por su estimación de la libertad frente al determinismo, se entusiasmó:
        «Os aconsejo, teólogos y filósofos especulativos, que os desembaracéis de la vieja filosofía si queréis alcanzar las cosas como son en su verdad. No hay otro camino hacia la verdad y la libertad que este río de fuego (Feuerbach) que es el purgatorio de nuestro tiempo.»
        Feuerbach critica la religión como el modo fundamental de la alienación humana. El hombre proyecta en Dios la esencia de sí mismo. Pero va más lejos: sólo el Ser sensible es verdaderamente real; el Ser es el sujeto, y el pensamiento, el predicado. «El pensamiento es un producto del Ser, y no el Ser un producto del pensamiento». La tarea de la filosofía consiste en analizar la situación del hombre en cuanto parte de la naturaleza que es, y en su tendencia a relacionarse con otros hombres. La filosofía es el esfuerzo por resolver toda teología en antropología. Por tanto, la religión es un sueño de la mente, es la objetivación fuera del hombre de sus mejores cualidades: operación con la que el hombre queda empobrecido. En el fondo, la conciencia de Dios es la conciencia de la propia especie humana.
        Marx se inspira pues en la crítica de Feuerbach y la completa de este modo significativo para su integración en el materialismo histórico: la esencia del hombre no es la religión, sino el conjunto de las relaciones sociales.
        Fundamentalmente será el pensamiento de Hegel el que ejercerá sobre Marx una influencia decisiva. Recogerá de la filosofía hegeliana su desarrollo de la dialéctica, fórmula que aplicará al desarrollo de la historia, de la sociedad. La filosofía en Marx, pasa entonces a ser dialéctica, y a diferencia de Hegel no enmarcada en el campo de la metafísica. Aunque mantendrá los principios establecidos por Hegel, perderá el sentido idealista, y ya no se moverá solamente en el terreno de la abstracción pura, «en la cabeza» (sic), sino que servirá para analizar, comprender, estudiar la realidad, interpretar el movimiento de la historia. Es lo que Marx denomina «vuelta del revés» (Umstülpung):
        «La mistificación que en las manos de Hegel sufre la dialéctica —escribe Marx—, no impide en modo alguno que haya sido el primero en describir las formas generales del movimiento de forma compresiva y consciente. La dialéctica en Hegel se apoya en la cabeza. Hay que darle la vuelta, ponerlo de pie, para descubrir dentro de su envoltorio místico el meollo racional (…) Mi método dialéctico no sólo es en su base distinto del método de Hegel, sino que es directamente su reverso. Para Hegel, el proceso del pensamiento, que él convierte incluso bajo el nombre de idea en sujeto con vida propia, es el demiurgo (creador) de lo real, y lo real su simple forma externa. Para mí, por el contrario, lo ideal no es más que lo material traspuesto y traducido en la cabeza del hombre» (Palabras finales a la 2ª edición alemana de El Capital).
        He aquí el intento de Marx de «invertir» la dialéctica hegeliana, paso que le permitirá analizar la estructura social, política y económica. En una carta a Engels fechada en 1867 se encuentra el testimonio más significativo de esa aplicación, cuando señala que El Capital es «el primer intento de aplicar el método dialéctico a la economía política».
        La inversión realizada por Marx se reduce a invertir el orden hegeliano del espíritu lo que implica situar al espíritu absoluto al principio de su sistema, no al final como lo desarrolló la filosofia hegeliana. Las implicaciones de tal inversión en Marx llevan a considerar el orden de la historia y de la acción social del hombre como elementos sujetos al proceso dialéctico. Pero incluso estos elementos implican en Marx la reconstrucción materialista del idealismo hegeliano, manteniendo su estructura pero elaborando un nuevo campo de sistema con conceptos también invertidos respecto del orden hegeliano.

El socialismo utópico

        El socialismo utópico es de hecho la protesta del sentimiento frente a la injusticia de la explotación capitalista. Es el socialismo de la bondad, más que el socialismo de la verdad.
        La lucha contra la injusticia la plantearon los socialistas en dos frentes: primero, promoviendo pequeñas comunidades de trabajadores, que, cooperando entre sí por intercambio de productos, pudiesen reducir al mínimo una autoridad central; segundo, desarrollando la tecnología y la industria a gran escala, produciendo masivamente bienes, bajo un control centralizado.
        A la primera línea pertenecen Owen, Fourier y Proudhon. A la segunda Saint-Simon.
        Owen estaba convencido de que la racionalidad de su propuesta de aldeas cooperativas de producción era tal que nadie podría oponerse a su poder de persuasión.
        Fourier fue un incisivo denunciador de las injusticias, de los fraudes, los engaños, y creía como buen moralista que llegaría un día en que, eliminadas las pasiones, reinaría la armonía y la felicidad. Los filósofos con sus «400.000 falsos libros» habrán de ser eliminados.
        Proudhon sostenía que cesarían los abusos de la propiedad si se lograba una administración sin gobierno, es decir: la anarquía. Su razonamiento podría resumirse así: Tesis, la propiedad, que destruye la igualdad. Antítesis, el comunismo, que suprime la independencia. Síntesis, la anarquía libertaria de una sociedad de productores unidos libremente.
        Consecuente consigo mismo, Proudhon negaba las doctrinas sistemáticas, las fórmulas inmutables, las filosofías que prometiesen soluciones definitivas. Sólo confiaba en el equilibrio dinámico a que espontáneamente habrían de tender las contradicciones humanas.
        Saint-Simon proponía una sociedad próspera dirigida por eficaces administradores. La administración central de esta sociedad científica debería tener tres cámaras: la cámara de inventores, compuesta dé artistas e ingenieros, hábiles en el diseño de proyectos; la cámara de pensadores, compuesta de científicos para controlar los proyectos y organizar la educación, y la cámara de administradores, integrada por empresarios con poder ejecutivo. La razón y la organización harían inútil la fuerza coactiva. Las doctrinas filosóficas y teológicas carecerían de relevancia, pero no así el fondo moral del cristianismo.
        Marx conoció y absorbió el fondo utópico de todos estos socialismos blandos, e intuyó su fallo: la falta de una conexión filosofía-socialismo. El socialismo científico que él propugnó no podría realizarse sin una filosofía, así como la filosofía sólo podría dejar de ser especulativa mediante el socialismo.

La economía política liberal

        Marx percibió la debilidad de la teoría hegeliana y la ineficacia de la utopía socialista. Había que llevar la filosofía a las masas.

        «La fuerza material sólo se combate con la fuerza material, pero la teoría es capaz de convertirse en fuerza material en el momento en que se difunde en las masas.»
        Pero para eso la teoría debe explorar la realidad social, su estructura económica.
        «No basta con que el pensamiento busque realizarse en la realidad; es necesario que la realidad busque el pensamiento.»
        Ahora bien, los teóricos burgueses habían ya procedido a un estudio científico de la estructura económica capitalista:
        «No es mío el mérito de haber descubierto la existencia de las clases sociales, ni la existencia de la lucha de clases. Hace tiempo que los historiadores burgueses han descrito este desarrollo histórico y que los economistas burgueses han analizado la anatomía económica.»
        En consecuencia, Marx estudió apasionadamente la obra de los historiadores y de los economistas. Los historiadores le enseñaron la estructura de una revolución: la Revolución francesa de 1789. Los economistas le enseñaron la nueva esencia humana: el trabajo. Sobre estos dos conceptos se va a construir la filosofía marxista.
        Las mercancías no son otra cosa que trabajo humano cristalizado. Pero las leyes que regulan la producción y distribución de mercancías no son leyes naturales eternas, sino leyes coyunturales condicionadas por el sistema de propiedad que distorsiona la objetivación del hombre en su trabajo creador, empobreciéndolo y alienándolo.
        Se necesitaba una nueva filosofía que sintetizase teoría, ciencia y acción política:

        «Al igual que la filosofía encuentra en el proletariado sus armas materiales, el proletariado encuentra en la filosofía sus armas intelectuales. La filosofía no puede realizarse sin la supresión del proletariado, y el proletariado no puede suprimirse sin la realización de la filosofía.»

El Materialismo histórico.

         «No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino su ser social el que determina su conciencia», Carlos Marx

        La concepción de Marx acerca del materialismo consiste en considerar la naturaleza y el hombre sujetos al proceso dialéctico. El hombre ejerce sobre la naturaleza una acción, una actividad productiva y transformadora. Así pues la realidad es el proceso dialéctico de producción, proceso material y a diferencia de Hegel no espiritual; es a la vez un proceso de trabajo en y con la naturaleza. De tal suerte que habría dos ciencias: la ciencia que estudia el proceso de la naturaleza y la que tiene como centro al hombre, el materialismo histórico. Sin embargo, la primera de ellas, el Materialismo Dialéctico, nunca fue desarrollada por Marx como tal, como sistema filosófico, de tal trabajo se encargó Engels quien sentó las bases de lo que posteriormente serviría para construir el Materialismo Dialéctico (Plejanov fue quien empleó por primera vez este término), el DIAMAT, y al que Marx siempre puso ciertos reparos más por omisión que por críticas explícitas, pero que tendría su difusión más amplia en el marxismo soviético.
        Engels glosó sintéticamente el pensamiento materialista de Marx en estos términos: « Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana (…); que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo. Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él. El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los economistas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas» (Discurso pronunciado por F. Engels en el cementerio de Highgate en Londres, el 17 de marzo de 1883).
        Marx elabora así una concepción materialista desgajándose de las corrientes del «materialismo ramplón» de la época, del viejo materialismo, para construir un materialismo «dialéctico». En el año 1859 publica el que ha sido considerado, junto con El Capital, el libro fundamental, Contribución a la Crítica de la economía política. Parte ya del principio de explicación de la conciencia social por el ser social: «No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino su ser social el que determina su conciencia». En el Prólogo a Contribución... expone concisamente los principios materialistas: «Las relaciones jurídicas, así como las formas de Estado, no pueden explicarse ni por sí mismas ni por la evolución general del espíritu humano. Se originan en las condiciones materiales de su existencia; es decir, en lo que se denomina sociedad civil. La anatomía de la sociedad descansa sobre la economía política». Y Marx, al señalar que las relaciones de producción establecidas por los hombres —y que se corresponden con un grado determinado del desarrollo de las fuerzas productivas— constituyen la estructura económica sobre la que se superpone una estructura política, ideológica, jurídica, accede al establecimiento de varios puntos fundamentales: por una parte que el modo de producción condiciona el desarrollo y la vida de la sociedad, de la actividad intelectual y política; por otra que la división de la sociedad en clases sociales es resultado de ese modo de producción. Además esas fuerzas productivas y las relaciones de producción correspondientes son transitorias, históricas, por tanto cada generación hereda de la anterior nuevas formas, una sociedad compleja sobre la cual edifica una nueva, aun no siendo consciente de ello. La advertencia que Marx establece y que ha motivado varias y encendidas polémicas se refiere a la preponderancia o no de la base económica sobre el cambio y la estructura política e ideológica.
        Esa advertencia permite señalar que la base económica no es la única causa activa; existe ciertamente una acción recíproca aunque, según subraya Engels, la «base económica siempre domina en última instancia» (Engels). Sin embargo, el materialismo histórico al afirmar la relación estrecha del hombre con el mundo exterior, con la naturaleza, destaca el condicionamiento del hombre respecto de su organización material, a la vez que él produce sus medios de vida en una situación histórica determinada.
        En cada uno de los modos de producción (esclavista, feudal, capitalista y socialista) se constituye una estructura diferenciada en los diversos órdenes jurídico y político, ideológico y económico.
        El materialismo histórico pone en relieve, como si de un ortograma se tratara, la estructura común a todos los modos de producción, abstractamente estudiados, proponiéndose desentrañar de ese modo la razón de la historia; así, el paso de un modo de producción a otro se efectúa por el choque de las fuerzas productivas y las relaciones de producción establecidas. En un momento determinado de su historia las relaciones de producción no sirven para mantener la estabilidad de una sociedad determinada, ésta ha agotado su etapa his¬tórica. Las fuerzas productivas se han desarrollado hasta tal extremo que propician el enfrentamiento de distintos intereses representados por las clases sociales. Acontece de este modo un proceso revolucionario, una lucha de clases cuyo resultado propiciará la hegemonía de aquella clase social que detente los privilegios sociales, políticos e ideológicos del nuevo estado de relaciones.

Alienación, enajenación y fetichismo

        La alienación supone dos elementos en contacto, uno de los cuales mediante su acción provoca la transformación de la acción o el efecto en el otro. En castellano se encuentran algunos vocablos para traducir la expresión alemana «Entäusserung»: son enajenación, extrañamiento y exteriorización. Veamos ell proceso de este término en el sentido que Marx le ha concedido.
        a) El concepto de hombre como ser de acción, práctico, cuyo fundamento reside en el trabajo, y que como tal está en contacto con la naturaleza y con los demás hombres lleva al concepto de alienación. Concepto que en Marx alcanza un interés fundamental desde los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 hasta El Capital (1867) y los póstumos Elementos fundamentales para la economía Política. (1857-1858)
        Así pues, si para Hegel es el Espíritu el que queda sometido a la alienación por la Naturaleza, y la superación se resuelve en la autoconciencia, para Marx la postura hegeliana carece de una percepción real del mundo; mientras, para Feuerbach la alienación es interpretada como alienación «religiosa» de la «esencia humana». Para Marx sin embargo hay que estudiar la alienación en su centro neurálgico: «El ateísmo carece ya totalmente de sentido, pues es una negación de Dios y afirma, mediante esta negación, la existencia del hombre; pero el socialismo, en cuanto socialismo, ya no necesita de tal mediación» (Manuscritos económico-filosóficos, t II). Por tanto, la alienación lleva en el campo filosófico a tratar de eliminar los supuestos en los que se fundamenta: «La crítica del cielo —escribe Marx— se convierte en crítica de la tierra, la crítica de la religión en la crítica del Derecho, y la crítica de la teología en la crítica de la política» (Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, en Karl Marx, Manuscritos: Economía y filosofía, Alianza Editorial, 1974).
        b) La sociedad burguesa es una sociedad que se caracteriza por la producción de mercancías, de bienes cuyo objeto primordial es el cambio. En estas condiciones los objetos aparecen con un carácter misterioso, que los dota de poderes amenazantes para el hombre.
        Los trabajadores se relacionan entre sí sólo mediante el intercambio de los productos de su trabajo. Pero al intercambiarse, los productos tienen un valor de cambio que se separa de su valor de uso. Con lo que las relaciones entre los hombres se convierten en relaciones entre cosas.
        Las cosas se convierten en fetiches inexplicables, y los hombres se convierten en cosas. En consecuencia el capital es una fuerza cada vez más poderosa que todo lo domina, porque el capital consiste en una relación social fundamental: la relación que hay entre el trabajo y el comprador del trabajo.
        No es natural que unos hombres posean sólo dinero y otros sólo fuerza de trabajo. Pero cuando esto ocurre históricamente surge el capital y con él la producción sistemática de mercancías, es decir, de cosas que además de útiles han de ser intercambiables, con lo que todas las relaciones entre los individuos se expresan en términos de cambio, desapareciendo lo verdaderamente humano.
        Y este hombre empequeñecido ve agigantarse las cosas por el imperio del capital.

        «En la mercancía, en el dinero (solidarios de la división del trabajo, de la propiedad privada y del intercambio) la actividad humana se enajena, se aliena necesariamente. Los productos de los seres humanos se convierten para ellos en fetiches —como en el caso del oro— que adoran y a los que atribuyen un poder autónomo, poder que efectivamente tienen en cierto sentido. Los fetiches pueblan de ilusiones singulares el mundo de la apariencia económica social. Así, parece que el dinero se cambia por dinero, por cosas que «valen» dinero, cuando la realidad es que el intercambio hace pasar de mano en mano un trabajo humano incorporado a unos productos humanos, de acuerdo con ciertas relaciones históricas y sociales que constituyen la estructura de toda sociedad diferenciada. Los fetiches enmascaran y revisten de una apariencia el hecho fundamental de que son los hombres los que actúan, los que modelan el mundo, los que hacen la historia al desarrollar su potencia social de acción sobre el mundo.» (Henri Lefebvre, Le Marxisme, P.U.F., Paris, 1948)).

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La plusvalía

        Uno de los conceptos que Marx ha descubierto en la apariencia de la economía capitalista es el valor. Un objeto tiene valor de uso y valor de cambio. En cuanto posee valor de uso es deseado, buscado y consumido. En cuanto valor de cambio es deseado por el dinero a que equivale. Es mercancía, cuyo uso pasa a un último plano.
        Las mercancías son comparables por la cantidad de tiempo de trabajo social promedio utilizado en su producción. No interesan ni los aspectos personales del trabajo, ni las características individuales del objeto. La mercancía ha adquirido una forma abstracta y puramente cuantitativa, traducible, por tanto, en dinero.
        Ahora bien, el capitalista, propietario de los medios de producción, compra una mercancía muy especial: la fuerza de trabajo. La fuerza de trabajo es una mercancía que produce valor. Compra el valor diario de esa fuerza de trabajo, y a cambio tiene el derecho de utilizarla. Compra la fuerza de trabajo al precio de su valor de cambio, que consiste en el tiempo de trabajo necesario para su producción. Pero el obrero sólo trabaja una parte del día para producir el valor de su fuerza de trabajo. El valor producido el resto del día pasa a poder del comprador como plusvalía.
        El salario es solamente el tiempo de trabajo socialmente necesario para la «reproducción» del obrero, para su recurrencia, y con él la del proceso. Hay pues un sobretrabajo que genera plusvalía. Al comprar fuerza de trabajo el capitalista gana plusvalía.
        En otros modos de producción no capitalistas, también había plustrabajo. Pero eran sociedades donde no dominaba el valor de cambio sobre el valor de uso, y por tanto, la plusvalía tenía otro carácter, no era la plusvalía por la plusvalía.
        «En los estados norteamericanos del Sur, el trabajo de los negros conservó cierto carácter patriarcal suave mientras la producción se ceñía a satisfacer las propias necesidades. Pero... al introducirse el sistema capitalista... la explotación intensiva del negro se convirtió en un sistema calculado, llegando a darse casos de agotarse en siete años de trabajo la vida del trabajador... Todo giraba en torno a la producción de plusvalía por la plusvalía.»
        El mundo de producción capitalista se caracteriza pues: 1º, por tratarse de un sistema que crea productos con carácter de mercancías, siendo este carácter de mercancía la nota determinante y definitiva del producto; 2º, por ser un régimen que produce directamente como objetivo fundamental plusvalía, y no objetos. Produciendo plusvalía, el capital produce capital.
        Ahora bien, está búsqueda obsesiva del lucro da lugar a un conjunto de contradicciones que se agravan, se desplazan, se complican, &c.
        En primer lugar, por su misma esencia el capital tiende a acumularse, porque el capitalista no compra la fuerza de trabajo para satisfacer unas necesidades, sino para explotar el capital, para producir mercancías que contienen más trabajo del que paga el que se las apropia al pagar la fuerza de trabajo, y que puede convertir en dinero al venderlas.
        En segundo lugar, si en el capital distinguimos una parte, el capital fijo, invertido en instalaciones, y otra parte, el capital variable, para pagar la fuerza de trabajo, ocurre que el capital fijo aumenta más rápidamente que el variable, y una parte de la población obrera queda reducida a la situación de «ejército de reserva». La misma competencia incita a producir con menos coste, disminuyendo la fuerza de trabajo, aumentando la técnica, y encareciendo las instalaciones del capital fijo. A medida que crece el capital, crece la fuerza de trabajo disponible. Se acumulan el capital y el «ejército de reserva».
        En tercer lugar, la dinámica de la producción capitalista hace que el capital se concentre, y los capitalistas se expropien mutuamente, con lo que la concentración de los medios de producción choca con la socialización creciente del trabajo.
        En cuarto lugar, ocurre que, si el Estado interviene para racionalizar el proceso productivo, nacionalizando ciertos aspectos de la producción, se crea un capitalismo estatal, que es una forma inmadura de socialismo.
        En quinto lugar, si definimos la cuota de ganancia capitalista como la relación entre la plusvalía y el capital (constante y variable): cg = plusvalía / c.constante + c. variablo la tendencia general hace que, por efecto de la competencia, aumente el capital constante. El capital constante aumenta más rápidamente que el variable. Al disminuir la fuerza de trabajo, disminuye la plusvalía. Al disminuir el capital variable aumenta la superproducción, por falta de poder de compra. Si se fuerza el aumento de la plusvalía se tropezará con la resistencia obrera que ve en peligro su propia supervivencia... En consecuencia la cuota de ganancia tiende a disminuir. Para compensar esta baja, el capitalista aumen¬ta la masa de capital... y se cierra el círculo.        .
        En consecuencia cuanto más se desarrolle el sistema capitalista se necesi¬tará más capital para emplear la misma fuerza de trabajo. Y las crisis se sucederán periódicamente.
        La suma de contradicciones actúa en forma de una tendencia general que, pese a compensaciones y desviaciones múltiples, amplía progresivamente la contradicción básica: el choque entre la base productiva y la relación de producción que actúa de freno.
        «El monopolio del capital se convierte en una traba para el modo de producción que se ha desarrollado con él y por él. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a un punto en que no se adaptan ya al envoltorio capitalista, y lo hacen estallar. Suena entonces la última hora de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados.»

El Socialismo científico

«De cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades», Carlos Marx.

        Según Marx el proceso de la historia, en la fase del conflicto entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, integra la lucha de clases por liberar al trabajador de la alienación y de la explotación. La acción revolucionaria será la meta histórica, el camino, la senda para la liberación del hombre de sus ataduras por el sistema de dominación del capital. Y esa acción, esa praxis revolucionaria, pasa por la organización del proletariado, por la clase constituida en partido político, en organización de clase. Sin embargo, la concepción de tal organización de clase, sus características y especificidádes no fueron desarrolladas teóricamente por Marx. El movimiento revolucionario debía expresarse libremente, de hecho su concepción del partido, como expresión política de la clase, se movía en un terreno donde la espontaneidad y la consciencia de su papel histórico primaban sobre la organización. En Marx, pues, la teoría de la revolución, la creencia en un «derrumbe» próximo del sistema capitalista impedía la creencia de una organización estable de la clase obrera, aunque sus análisis históricos le llevarán a considerar que sólo la acción revolucionaria, la toma del poder político por la clase obrera podía ser fructífera en la medida que las contradicciones del sistema y el choque de las fuerzas productivas y las relaciones de producción alcanzasen un techo. Era necesario, por tanto, que las fuerzas productivas estuvieran maduras; sólo de este modo el proletariado y las clases explotadas podían ser protagonistas del nuevo proceso revolucionario.
        Tres acontecimientos relevantes en la vida de Marx van a reunir esa simbiosis de teoría y acción revolucionaria.
        a) El primero de ellos será la publicación en 1848 de El Manifiesto Comunista por encargo de la Liga de los Comunistas. Entre 1844 y 1847 en su exilio parisino Marx desarrolló una intensa actividad entre los grupos y sectas de revolucionarios, y el impulso que su persona dio al Congreso constituyente de la Liga de los Comunistas ofreciéndoles su Manifiesto marcará su bautismo de fuego en la lucha revolucionaria. El lenguaje directo, simple, el tono vehemente y el análisis riguroso y no especulativo se imprimen en el Manifiesto Comunista con tal conjunción que en la historia política del siglo XIX será considerado uno de los documentos más importantes, por encima de la norma habitual del panfleto, género clásico en el siglo XIX. Síntesis de la concepción materialista de Marx, en El Manifiesto se exponen las características del proceso de desarrollo del capitalismo, el surgimiento del modo de producción capitalista, la división en clases antagónicas y las medidas revolucionarias que se debían tomar para alcanzar la revolución comunista. Sin embargo, serán las circunstancias históricas las que decidan en última instancia la aplicación de esas u otras medidas. De hecho, Engels lo reconocía en el Prefacio a la edición del Manifiesto Comunista de 1871:
        «El Manifiesto tuvo su momento de influencia, y por lo tanto su aplicación a otro momento necesitaría de un nuevo manifiesto, retoques en aquellas partes en que las condiciones materiales eran distintas. Sin embargo, siguen manteniéndose los conceptos e ideas, aunque su aplicación a un nuevo campo material estará en función de la variación de éste. Aunque las condiciones hayan cambiado mucho (...) los principios generales expuestos en este Manifiesto siguen siendo hoy, en su conjunto, enteramente acertados. Algunos puntos deberían ser retocados. El Manifiesto explica que la aplicación práctica de estos principios dependerá siempre y en todas partes de las circunstancias históricas existentes, y que no se concede importancia exclusiva a las medidas revolucionarlas enumeradas al final del capítulo II. La evolución industrial, los progresos en la organización del partido, las experiencias revolucionarias, hacen que este programa se encuentre hoy envejecido en ciertos puntos.»

b) El segundo acontecimiento se refiere a la fundación en 1864 de la Asociación Internacional de Trabajadores. La participación de Marx se sitúa en el horizonte de las posibilidades históricas de la época y en la trayectoria de su reflexión intelectual sobre el sistema económico y político. Intenta llevar a la práctica la unificación del movimiento obrero dotándolo de una unidad de acción e integración, desprendiéndolo de los cortos espacios y miras de tipo nacionalistas; a la vez pretende integrar la conciencia revolucionarias en sectores cada vez más amplios del proletariado. A juicio de Marx la Internacional tiene por objetivo «la emancipación económica de la clase obrera mediante la conquista del poder político. La utilización de este poder político para la realización de fines sociales».
c) El tercer acontecimiento, en fin, se refiere a la crítica realizada por Marx al Programa del Congreso de unificación socialista celebrado en Gotha en 1875. Publicado por Engels años después de la muerte de Marx, la Crítica al programa de Gotha recoge las glosas al mismo y la postura de Marx ante los intentos reformistas de un sector del socialismo alemán de la época. Postura que presenta una originalidad respecto de anteriores escritos (aparte de la crítica específica a los principios económicos y tácticas de la tendencia lassalleana), Marx se refiere al paso al comunismo en términos concretos cuando plantea la existencia de un período político de transición entre la sociedad capitalista y la comunista, cuyo estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado. Los presupuestos formales en los que se apoya se desgranan en la necesidad de dominación de la mayoría (la clase obrera), en la supresión de medidas antidemocráticas, siempre teniendo presente la paulatina supresión de la división en clases sociales. Es más, después de la toma del poder, en el proceso de transición a la sociedad comunista aún subsiste el lastre de instituciones y herencias del estado anterior. Marx señala que el derecho burgués, en esta etapa, es un derecho desigual. «Pero estos defectos —escribe en la Crítica al programa de Gotha — son inevitables en la primera fase de la sociedad comunista... El derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado». Únicamente cuando haya desaparecido la subordinación esclava de los individuos a la división del trabajo y la división entre trabajo manual e intelectual podrá rebasarse ese derecho burgués y se podrá declarar: «De cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades».

El desarrollo del marxismo

        «El socialismo no es, precisamente, un problema de cuchillo y tenedor, sino un movimiento de cultura, una grande y poderosa concepción del mundo», Roxa Luxemburg.

        El marxismo es una doctrina, es una filosofía, de carácter materialista y no especulativa. Lo que significa que, en la medida en que el marco material a que se aplica cambia, y en buena parte ha cambia¬do por efecto del propio marxismo, sus conceptos evolucionan. El marxis¬mo consecuente ha debido aplicar sus tesis críticas contra sí mismo, para evitar la deformación ideológica a que propende la conciencia. Por eso los pensa¬dores marxistas que verdaderamente han sido tales, no se han limitado a releer El capital, sino a transformar los propios conceptos para hacerlos capaces de adecuarlos al nuevo material. Este es el sentido que tiene la frase «hoy todos somos de algún modo marxistas».
        Según hemos visto, la originalidad del marxismo consiste en ser un socialismo de la verdad, de una verdad necesariamente mediada por la acción. Se trata de una verdad no especulativa, sino de una verdad de realización.
        La relación de «marxistas» (téngase presente que el mismo Marx no se declaraba «marxista») que se exponen a continuación comprende una representación mínima de un amplio espectro de diversas posiciones críticas, ortodoxas y heterodoxas en su relación con el pensamiento marxista.

Engels (1820-1895)

Engels (1820-1895)

Karl Kautsky (1854-1938)

Kautsky, Karl(1854-1938)

Rosa Luxemburg (1870-1919)

Luxemburg, Rosa (1870-1919)

Georgi Plejanov (1856-1918)

Plejanov, Georgi (1856-1918)

Lenin (1870-1924)

Lenin (1870-1924)

Otros filósofos marxistas

        a) Antonio Gramsci (1891-1937). Estudió preferentemente las relaciones entre la base y la superestructura, así como la función del intelectual en la sociedad. El nuevo intelectual ha de constituir una élite que no se distancie de las masas, sino que mediante su intervención revolucionaria, elimine tal distancia.
        b) Gyorgy Lukács (1885-1971). Filósofo húngaro que ha examinado especialmente la idea de totalidad. El hombre es sujeto y objeto del proceso histórico y social. Son importantes sus investigaciones sobre el arte y la crítica literaria que permiten penetrar en la esencia de los fenómenos profundizando tan sólo en las apariencias.
        c) Karl Korsch (1886-1961). El marxismo no podrá ser nunca un sistema, sino un pensamiento crítico. En rigor no cabe «una» filosofía marxista como no cabe una matemática marxista.
        d) Ernst Bloch (1885-1977). Filósofo que centra su concepción del marxismo en la idea de utopía concreta y esperanza. La esencia del hombre es la apertura al futuro, la esperanza, que dista tanto de un pesimismo absoluto como de un optimismo automático. El horizonte del futuro, tal como lo anticipa el marxismo tras la «revolución», es lo que confiere sentido a la realidad actual. Tanto el ser que condiciona la conciencia, como la conciencia que transforma al ser, sólo pueden entenderse desde aquello a lo que tienden. Lo que aún no existe se actualiza por la función utópica de la filosofía, que de este modo sirve de crítica del pasado.
        e) Louis Althusser (1918-1990). Promotor de una escuela que pretende convertir al marxismo en ciencia, eliminando tanto sus componentes filosóficos como ideológicos. Su teoreticismo puede ser considerado el inicio de una nueva escolástica.
        f) La escuela de Frankfurt. Bajo este nombre se agrupan un conjunto importante de pensadores comprometidos en una «teoría crítica de la sociedad». Entre sus componentes destacan Max Horkheimer (1895-1973), Theodor Adorno (1903-1969), Jürgen Habermas (1929), Herbert Marcuse (1898-1979), Erich Fromm (1900-1980)...
        La preocupación de estos pensadores se concentra en la amenaza de la ciencia, convertida en técnica, sobre nuestra sociedad. El saber del hombre occidental se ha convertido en un poder que todo lo transforma en cálculo y utilidad. El ideal de la razón moderna es el sistema que todo lo iguala y manipula con los instrumentos de la lógica formal y el número. El individuo se siente así sometido a una presión tal que queda convertido en un sujeto de comportamiento convencional, en un elemento estadístico dominado por el industrialismo. La civilización «científica» destruye la verdadera cultura original, provocando un consumo uniforme, bajo el dominio de una verdadera dictadura industrial.
        La ciencia no profundiza la razón, sino que la instrumentaliza y la formaliza, con lo que los hombres, cada vez más indefensos, son incapaces de realizarse a sí mismos, y quedan dominados por la burocracia y el totalitarismo industrial. Eliminada la función crítica del individuo, prevalecen sin freno el estado y las instituciones sobre la persona.
        Habría que construir una sociedad en la que, abolida la propiedad privada, se produjese una verdadera «socialización» de los medios de producción, que quedarían no en manos de instituciones sociales, sino de los individuos libres. En tal sociedad, el trabajo evolucionaría de tal modo que ya no sería actividad productora de plusvalía, es decir de capital, y en rigor el trabajo quedaría suprimido. Sería también una sociedad que, contra las tesis de Sigmund Freud, daría lugar a una civilización no represiva. Ya no habría antagonismo entre el principio de placer y el principio de realidad, como ocurre en la actual organización social.
        Los filósofos de la Escuela de Frankfurt han realizado una crítica eficaz de la sociedad contemporánea, pero seguramente deslizándose hacia posiciones sociologistas e irracionalistas, dentro de lo que Hegel llamaba el «espíritu subjetivo».
        En consecuencia su actitud vital es pesimista, como puede verse en esta confesión de Marcuse:

        «La teoría crítica de la sociedad no posee conceptos que puedan tender un puente sobre el abismo entre el presente y su futuro. Sin sostener ninguna promesa ni tener ningún éxito, permanece siendo negativa. Así, quiere permanecer siendo leal a aquellos que, sin esperanza, han dado y dan su vida al gran rechazo.»

Bibliografía

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Marx, Carlos: Crítica del programa de Gotha (Kritik des Gothaer Programms, 1875). Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, República Popular China, 1979.
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Sitios Web:

Marsistas punto org. Web en donde se pueden encontrar análisis, biografías de Marx y Engeles, traducciones completas de las obras de Marx y Engels por año de publicación y de creación. El lugar Web en Internet más completo.
Sobre Marx (Web muy completa en inglés)