7.1. El contexto determinante del siglo XVII

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7.1. El contexto determinante del siglo XVII

1. El absolutismo y la Guerra de los Treinta Años

        Desde el punto de vista político, el siglo XVI se caracterizó por el predominio español en Europa. A partir de este momento los holandeses serán sus más peligrosos rivales en el terreno colonial. Pero Inglaterra y Francia competirán también en el terreno político en la misma Europa.
        Inglaterra bajo el reinado de Isabel (1558-1603) llega a consolidar la Iglesia anglicana reforzando el absolutismo monárquico a la vez que experimenta un impulso en su actividad económica con la creación de compañías comerciales, la protección gubernamental de la piratería con el fin de romper el monopolio hispano-portugués y la introducción de técnicas industriales del continente merced a la emigración de prófugos por motivos religiosos. Pero la crisis política de 1603 supuso una paralización momentánea de sus planes hegemónicos.
        También Francia sufre una parálisis análoga, pues aunque Enrique IV (1589-1610) había pacificado el país desde el punto de vista religioso, reforzando la autoridad de la corona y con la política financiera de Sully, a la vez que se reflotaba la arquitectura y protegía la industria. Tras su asesinato la crisis en Francia frenaría momentáneamente sus fines hegemónicos.
        En este contexto, la rama austriaca de los Habsburgo intenta imponer su predominio en Europa Central. Los Habsburgo mantenían una función importante como defensores de la cristiandad frente a los turcos (batalla de Mohacs de 1526). De manera que mientras los turcos estaban en los confines de Polonia los emperadores Rodolfo II (1576-1612) y Matías (1612-1619), lograban en sus estados el triunfo de la Contrarreforma. Al mismo tiempo trataban de introducir en el gobierno del Imperio una fuerte tendencia centralizadora y en Europa Central el predominio territorial de su propia dinastía. Pero a ello se oponía Bohemia, los príncipes luteranos y el Palatinado, aunque contaba con el apoyo de la Liga Católica capitaneada por el duque de Baviera.
        Será de este enfrentamiento de intereses de donde surja la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que involucró a buena parte de los estados europeos (Austria, Dinamarca, estados del Báltico, Suecia, Holanda, España y Francia). Entre 1635 y 1648, los franceses entran directamente en la contienda y ahondan el conflicto afectando a España y al Imperio. La guerra concluye con la paz de Westfalia en 1648, aunque España seguirá en guerra durante otra década. La paz de Westfalia dio a Europa una ordenación religiosa basada en el principio «cuius regio, eius religio». En 1659, se sumará España por la paz de los Pirineos que dejará a Francia, el Rosellón, Cerdaña y Artois.
        Paralelamente a esta pugna entre los diferentes estados, cada país está sufriendo una serie de transformaciones políticas decisivas. Francia superaría la crisis originada tras el asesinato de Enrique IV, encaminándose hacia el absolutismo y el centralismo monárquico. Dos grandes ministros, Richelieu y Mazzarino, llevarían las riendas de los asuntos franceses durante los reinados de Luis XIII y Luis XIV, respectivamente. Con Richelieu se eliminaría todo oposición al absolutismo monárquico proveniente tanto de la nobleza como de la minoría hugonote y se intentaría debilitar la potencia de los Habsburgo fomentando la Guerra de los Treinta Años.

1648europa.jpg

                Por su parte, la corona inglesa pasaba a manos de los Estuardo en 1603 iniciándose un periodo de luchas agitadas de las que, sin embargo, sale robustecida. La unión en un solo reino de Inglaterra, Irlanda y Escocia produjo un gran contraste nacional y religioso. Jacobo I (1603-1625) pretenderá llevar a cabo un programa absolutista que llegaría al máximo con su hijo Carlos I (1625-1648) quien se enfrenta al Parlamento precipitando la situación revolucionaria y viéndose obligado a huir hasta que, apresado por los escoceses, es entregado al Parlamento en 1647 que lo decapitará en 1649. Será Cromwel quien retome el programa de la reina Isabel sofocando las intenciones secesionistas de Irlanda y de Escocia y realizando una política marítima y comercial de alcance mundial, que le llevará directamente a la guerra con Holanda. En 1658, con la muerte de Cromwel tiene lugar la restauración de Carlos II (1660-1685) por lo que regresa el programa absolutista de los Estuardo, poniéndose a favor del catolicismo y abriéndose un periodo de luchas y discordias. En 1688 tiene lugar la Revolución Gloriosa que obligó al nuevo rey Jacobo II (1685-1688) a refugiarse en Francia. Así, esta situación cristalizaría con el triunfo del sistema parlamentario inglés, que, desde este momento, se constituiría en el referente de los ilustrados franceses frente al absolutismo borbónico.
        España estará ahora en una situación muy compleja, porque, hallándose en plena Guerra de los Treinta Años, como consecuencia de la política de Unión de Armas de Olivares le sobreviene la guerra civil y la secesión de Portugal con todas sus colonias en 1640.
        En el sector central y oriental de Europa se asiste al ocaso cada vez más rápido de Polonia paralelo al surgimiento de la potencia sueca y al ascenso de Prusia. Todo ello con el escenario de la política antiturca. Por su parte, los Habsburgo de Austria, derrotados en la Guerra de los Treinta Años se repliegan a una política casi exclusivamente oriental. En cuanto a los estados italianos, después de la paz de Cateau-Cambrésis quedaron bajo control español durante un siglo y medio.

2. La revolución científica

        La carrera colonial llevó a Inglaterra y a Holanda, en su enfrentamiento con las potencias mediterráneas, a tomar una vía opuesta al absolutismo y a la Contrarreforma. Ello explicaría el hecho de que ambos países destaquen desde el siglo XVII en el terreno de la invención y el desarrollo de aparatos e instrumentos. Pues ello estaba estrechamente relacionado con sus necesidades prácticas como naciones marítimas. La revolución científica del siglo XVII fue un acontecimiento paralelo al desplazamiento del peso económico desde el Mediterráneo hacia la costa del Mar del Norte . De hecho, los físicos, los ópticos y los esmeriladores de lentes holandeses e ingleses seguían una tradición que había comenzado en Italia en los siglos XV y XVI. Tanto Huygens como Newton orientaron sus objetivos al aprovechamiento técnico-práctico de sus conocimientos. Además, ni en Holanda ni en Inglaterra la Contrarreforma tuvo un efecto obstaculizador. Un ambiente más liberal reinaba en aquí, aunque el calvinismo holandés era todo lo contrario que partidario de la ciencia. Para muchos exiliados procedentes de Italia o España, como Benito Espinosa, estos países se convirtieron en una patria provisional y duradera, igual que para los comerciantes o artesanos que eran perseguidos por razones religiosas.
        Entre 1623 y 1687, fechas que coinciden con las producciones más importantes de Galileo Galilei, Descartes y Newton, se encuentra los más granado de la revolución científica. Los métodos científicos abrían nuevos caminos y quienes participaban en la vida científica, dando lugar a una república internacional de sabios, cuya tradición se remontaba a la Antigüedad, se encontraban ante un desafío de dimensiones que sólo hoy podemos comprender en toda su profundidad.
        Tycho Brahe, a finales del siglo XVI, aún no podía prescindir de los viejos instrumentos ópticos y geométricos como la ballestilla, el astrolabio o el cuadrante, pero dos generaciones más tarde sus sucesores disponían ya del telescopio, el microscopio y los conocimientos teóricos para la construcción del telescopio reflector. Sin el telescopio sería completamente impensable una parte de la obra de Newton. Y sin el microscopio de los esmeriladores de lentes holandeses, Leeuwenhoek no habría podido realizar sus trabajos encauzando así la revolución de la Biología.

Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp. Cuadro de Rembrandt de 1632

        Los vidrieros y esmeriladores de lentes italianos y holandeses tuvieron una coyuntura favorable después de que, en torno a 1610, se descubriera el principio del telescopio. A finales del siglo XVII, gracias a los esfuerzos de Huygens y de su máquina esmeriladora de lentes se estaba en condiciones de fabricar lentes con unas distancias focales enormes. Los astrolabios y los telescopios posibilitaron tomar datos precisos acerca de las distancias interplanetarias y fueron decisivos para la agrimensura y la Cartografía moderna. Lo que realizaba el científico tenía consecuencias prácticas en la navegación, el comercio y el Estado y la administración. Por ejemplo, el reloj con el mecanismo de péndulo y el resorte espiral consiguió una medición más precisa. La revolución científica tuvo como acompañamiento cambios de tipo organizativo («pragmático»). En los Países Bajos se concentraron los poderosos libreros editores: Plantino-Moretus en Amberes, Jansen y Wilhelm Blaeu en Amsterdan, Jean Marie en Leiden, Elzevier en Ámsterdam, en Leiden y en otros lugares. Sin duda, el hecho de que las lenguas vernáculas fuesen ganando cada vez más terreno supuso un factor de primer orden.
        Desde un punto de vista social, la mayor parte de los científicos procedían de la burguesía acomodada y de la nobleza. Sus elevados gastos para lentes, libros y viajes los cubrían con ingresos procedentes del comercio, de las rentas agrarias o de las prebendas administrativas y eclesiásticas. En Francia, Peiresc, Fermat, Descartes, Viête y también Meresnne procedían de la antigua nobleza de robe. En Holanda y en Inglaterra encontramos un tipo de erudito en contacto con el mundo de la artesanía o del comercio. Leeuwenhoek procedía de una familia de fabricantes de paños. Lippershey y Jansen eran ópticos y Huygens y el mismo Leeuwenhoek aprendieron el oficio de óptico. Así, poco a poco, los artesanos que esmerilaban lentes para gafas y telescopios se convirtieron en hombres de ciencia. El mundo científico del siglo XVII sorprende por la intensidad del contacto, del intercambio y de la comunicación regular entre sus miembros. La república de científicos del siglo XVII era un mundo de visitas y viajes y, sobre todo, de publicaciones académicas y círculos científicos, donde se trataba de cuestiones comunes a todos los pueblos. Detrás de todo esto no estaba la «ética protestante» sino la organización política de ciertos estados que no quedaron sujetos a los obstáculos de la Contrarreforma.

3. Hacia la hegemonía francesa

        La segunda mitad del siglo XVII giró en torno a la política francesa. Entre 1667 y 1714 tendrá lugar el expansionismo de Francia que pugnaba por dominar las casas reales europeas. Francia llegará a su apogeo durante el reinado de Luis XIV (1643-1715) quien, si en un primer momento reinará a la sombra de Mazzarino, a partir de 1661 concentrará en sus manos el poder político efectivo («L’État c’est moi») mediante la disminución de la potencia nobiliaria, la centralización de las provincias confiadas a intendentes, funcionarios de origen burgués, y la conversión de los ministros en grandes empleados del Estado; se trataba del Estado Absolutista. Sin duda, se rodeó siempre de personalidades excepcionales como Lionne, Le Tellier, Louvois, Vauban y Colbert; pero logró crear un absolutismo que Francia no había conocido aún. El ortograma político francés en el siglo XVII se articulaba en torno a dos principios: el alcance de los llamados “confines naturales” cuyo limes oriental era el Rhin y la hegemonía de la dinastía borbónica sobre toda Europa; muy similar a la política que habían llevado a cabo los Habsburgo un siglo antes. Pero el programa francés chocaba frontalmente con la realidad europea de la política de equilibrio que se había establecido tras la paz de Westfalia. Con todo, una coyuntura internacional favorecía los planes internacionales de Luis XIV, pues la muerte de Felipe IV de España le permitía hacer valer sus pretensiones contra Carlos II (1665-1700), comenzando así la Guerra de Restitución (1667-1668) que se extenderá hasta convertirse en un conflicto europeo con la Guerra de Holanda (1672-1678) preparada diplomáticamente por los franceses e iniciada por ellos mismos.
        En el plano interno, merece consideración la política religiosa que concibe a la Iglesia francesa al servicio de la gloria y la potencia del monarca. La Iglesia francesa católica, y ortodoxa en todo lo referente a la fe, debía constituir un organismo nacional y en su jerarquía debía estar subordinada a la voluntad del soberano. Luis XIV luchará contra toda disidencia religiosa rompiendo las garantías del edicto de Nantes y la política de tolerancia seguida por sus predecesores, y reabriendo un periodo de persecuciones contra los calvinistas franceses y las disidencias católicas persiguiendo a los jansenistas. Consistía, en cualquier caso, en un conjunto de fines políticos, lo que determinaba la política religiosa francesa hasta el punto de que no evitaba entrar en conflicto con el Papa, llegando a ocupar militarmente Avignon en 1664 u oponiéndose a Inocencio XII en 1682.
        El intento de Luis XIV de romper el equilibrio europeo generaría la formación de una nueva coalición entre Holanda, los Habsburgo de Austria, y otras potencias menores como Saboya; y con la revolución inglesa de 1688 llevó al estallido de hostilidades que acabarían en 1697 con la paz de Ryswick que obligaba a Francia a restituir todas las conquistas hechas después de la paz de Nimega.

Cuadro 7.jpg

Cuadro 7. Señalamos en el cuadro el florecimiento de los principales filósofos de la Edad Moderna en paralelo con los acontecimientos políticos y el desarrollo de las técnicas, ciencias y artes. En modo alguno el cuadro pretende ser exhaustivo. Lo más llamativo de este periodo quizás sea el proceso conocido como revolución científica.