Argumento Ontológico

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Ni San Anselmo, ni Descartes denominaron a este argumento “ontológico”, sino que será Kant quien lo haga.

El argumento ontológico, es aquel que no necesita de ningún otro para demostrar ciertamente que algo existe (San Anselmo: Proslogio. Proemio.).

El motivo por el que San Anselmo tiene un puesto en la Historia de la Filosofía radica, en su contribución a esta con el Argumento Ontológico. Incluso deberíamos decir, más que por su valor intrínseco, por las repercusiones e influencias posteriores. Gilson llega incluso a decir: «El solo hecho de haberlo rechazado o admitido, casi basta para determinar el grupo doctrinal al que pertenece una filosofía» (Gilson, E.: La Filosofía medieval. Madrid, Gredos, pp.232). Así, San Buenaventura, Descartes, Espinosa, Leibniz, y Hegel, la han admitido cada uno a su manera, mientras que Santo Tomas, Locke y Kant, lo han rechazado. ¿Qué es un argumento ontológico de la existencia de Dios?. El propio San Anselmo nos lo define en el Proslogion: «me pregunté si no podría tal vez encontrar un único argumento que no necesitase de ningún otro para justificarse, y que él sólo bastase para establecer que Dios existe verdaderamente...». Es así como va a buscar San Anselmo la prueba de la existencia de Dios. Un argumento que el mismo, internamente, demuestre la existencia de Dios. Los analíticos podrían argumentar que se trata de un juego del lenguaje, pero, en cuanto tratamos de dos conceptos como esencia y existencia, los planos aparecen separados o al menos reconocidos.

San Anselmo

"Desde ese momento comencé a pensar si no sería posible encontrar una sola prueba que no necesitase para ser completa más que de sí misma y que demostrase que Dios existe verdaderamente; que es el bien supremo que no necesita de ningún otro principio, y del cual, por el contrario, todos los otros seres tienen necesidad para existir y ser buenos; que apoyase, en una palabra, con razones sólidas y claras, todo lo que creemos de la sustancia divina." (San Anselmo: Proslogio. Proemio.).

Descartes

“[---] aunque desde luego no es necesario que yo llegue a tener alguna vez en mi pensamiento la idea de Dios, sin embargo, se efectivamente ocurre que dé en pensar en un ser primero y supremo, y en sacar su idea, por así decirlo, del tesoro de mi espíritu, entonces sí es necesario que le atribuya toda suerte de perfecciones […] Y esta necesidad basta para hacerme concluir (luego de haber reconocido que la existencia es una perfección) que ese ser primero y supremo existe verdaderamente.” (Meditaciones Metafísicas con objeciones y respuestas. Meditación 5, Alfaguara Madrid, 1977, 56)

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