Arthur Schopenhauer (1788-1860)

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Biografía

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        Schopenhauer nació en Dantzig (Alemania) en 1788 en el seno de una familia burguesa. En su infancia viajó con sus padres por Francia, Holanda e Inglaterra. Recibió una sólida formación comercial, pero a la muerte de su padre se consagró con pasión a los estudios clásicos. En el instituto de Gotha obtiene brillantes resultados. En la universidad de Göttingen descubre el pensamiento de Platón y Kant, además se inicia en el conocimiento de las religiones orientales. Se doctora por la universidad de Jena con una tesis sobre la Cuádruple raíz del principio de razón suficiente. Como anécdota diremos que Schopenhauer, una vez en Weimar, frecuenta las tertulias a las que asiste Goethe, pero riñe con su madre por la vida frívola de ésta.
        Pasa cuatro años en Dresde donde escribirá su obra maestra El mundo como voluntad y representación (1819). El libro es un fracaso de ventas. En Berlín obtiene una plaza de docente a pesar de una disputa con Hegel y para competir con éste pone sus clases con el mismo horario. No tuvo éxito. En 1833 se establece definitivamente en Frankfurt y se consagra a su obra. A partir de 1851 y con la publicación de Parerga y Paralipomena comienza a conocer la fama que tan esquiva le había sido hasta ese momento. Murió en 1860.

Ediciones canónicas: Sämtliche Werke, edición de Julios Frauenstädt (6 vols., 1873-1874), reed. por A. Hübscher (7 vols., 1948-1950) y edición de P. Deussen (edición histórico-crítica, 16 vols., 1911-1942).

Obras del autor: Ueber die vierfache Wurzel der Satzes vom zureicheden Grunde, 1813. Ueber das Sehen und die Farben, 1816. Die Welt als Wille und Vorstellung, 1819; 2ª ed. aumentada con un segundo volumen, 1844. Ueber den Willen in der Natur, 1836. Die beiden Gundprobleme der Ethik, 1841. Parerga und Paralipomena, 2 vols., 1851.

Estudios sobre el autor: Simmel, G. Schopenhauer y Nietzsche, Ed. Francisco Beltrán, Madrid, 1914. Lukács, G. El asalto a la razón, Ed. Grijalbo, Barcelona, 1976. Rosset, C. Schopenhauer, philosophe de l’absurde, P.U.F., París, 1967. Philonenko, A. Schpenhauer. Una filosofía de la tragedia. Ed. Anthropos, Barcelona, 1989, (orig. 1980). Magee, B. Phylosophy of Schopenhauer, Clarendon Press, Oxford, 1983.

Una Metafísica de la Representación y de la Voluntad

        “El mundo es mi representación. Esta proposición es una verdad aplicable a todo ser que vive y piensa, aunque sólo el hombre llega a transformarla en conocimiento abstracto y consciente… …:todo lo que existe, existe para el pensamiento… …Todo lo que el mundo encierra o puede encerrar está en esta dependencia del sujeto, y no existe más que por el sujeto… …La voluntad, que considerada en sí no es más que impulso ciego, irresistible, tal como la vemos manifestarse en el mundo inorgánico… … es aquello de lo cual toda representación, todo objeto, la apariencia, la visibilidad, es objetivación. Es lo más intimo, el núcleo de todo lo individual, como también del universo; aparece en cada una de las fuerzas ciegas de la naturaleza, en la conducta reflexiva del hombre, que en toda su diversidad sólo se diferencia en el grado de sus manifestaciones, mas no por la esencia del fenómeno”. (Schopenhauer, A. El mundo como voluntad y representación, Ediciones Folio, Barcelona, 2002, p. 17. Op. cit., II, Ed. El Ateneo, Buenos Aires, p.323)
        La filosofía de Schopenhauer arranca de la distinción kantiana entre Fenómeno y Noúmeno, además acepta de Platón la teoría de las formas y su representación estética en “El Banquete”. Recibe también influencias de los místicos cristianos y de la sabiduría oriental de los Upanisad, sin embargo reacciona con fuerza frente a la obra de Hegel que era la filosofía idealista oficial.
        Así, partiendo de las enseñanzas de Kant en torno a las formas a priori de nuestra sensibilidad, Schopenhauer afirma que no hay un mundo verdadero “en sí” y previo a la representación subjetiva. El mundo no es un Ser, es mi representación, y percibimos el mundo a través de las ilusiones que constituyen nuestra representación que son como el “velo de Maya”, con expresión que nuestro autor toma prestada de la tradición brahmánica.
        ¿Qué subyace a ese mundo de representaciones? La Voluntad.
La primera evidencia de esta tesis metafísica la constituye el sujeto humano, es decir, nuestro cuerpo. La inteligencia del hombre mediante la cual se representa el mundo, es un simple instrumento de su querer-vivir entendido como Voluntad. Pero ésta se encuentra presente en todas las manifestaciones de la vida, en todos los seres, pues también están animadas por ella las fuerzas químicas y físicas del universo. Sucede que en el hombre la Voluntad se muestra como deseo de saber y como conocimiento
Schopenhauer reintroduce el Noúmeno kantiano, en cuanto la Voluntad es el substrato último de todas las cosas, y se esforzará en ejemplificar en todos los aspectos de la vida (cósmico-natural, moral, etc.) la presencia de dicha fuerza irracional. El irracionalismo de este filósofo se funda en el hecho de que la Razón solo actúa en el mundo de la representación, en el mundo de los fenómenos. La Voluntad que no se somete a la Razón (sino ésta a aquélla), se objetiva en la representación según grados diversos que constituyen cada uno una Idea en el sentido platónico del término. Es decir, la Idea es modelo o forma eterna que se multiplica en la representación por obra del espacio, del tiempo y de la causalidad.

De la Ética a la Estética

        “La satisfacción, la felicidad, como la llaman los hombres, no es propiamente y en su esencia más que algo negativo; no hay en ella nada positivo... …El deseo, en efecto, es la condición preliminar de todo placer. Ahora bien, con la satisfacción cesa el deseo, y en consecuencia también el placer. De aquí que la satisfacción o el goce, no puedan ser más que la supresión de un dolor, de una necesidad… …Toda felicidad es negativa, sin elemento positivo alguno… …Si el sufrimiento tiene de por sí una virtud santificadora, con cuánta más razón no lo tendrá en grado aún mayor la muerte… …La muerte es el resultado, el resumen de la vida… …la muerte nos enseña que todas las aspiraciones propias de la vida eran inútiles, vanas, llenas de contradicciones; de ahí que la salvación esté en rechazar la vida”.(Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación .Ed. Biblioteca Nueva , Buenos Aires, 1942, Op. cit. y suplemento al libro 4º, cap. XLIX, )
        Schopenhauer, a partir de esta metafísica de la Voluntad, elaborará una interpretación pesimista y trágica de la vida burguesa de su tiempo, y en esto también se diferencia radicalmente del optimismo positivista y del seguro realismo político hegeliano.
En el hombre la Voluntad se manifiesta en lo moral como egoísmo, es decir, como tendencia a tomar nuestro querer-vivir como centro de toda existencia, deseando anular a los demás. La Voluntad esclaviza a los hombres a través del deseo. De ahí el radical sufrimiento de la vida humana ante la imposibilidad de satisfacer ese impulso primario.
El hombre, como Sísifo, está siempre encadenado a ese eterno bucle de deseo e insatisfacción permanentes. De ahí el pesimismo de Schopenhauer .Frente al pienso, luego soy cartesiano y al optimismo de Leibniz, habría que afirmar el sufro, luego existo, ya que este es el peor de los mundos posibles.
        No obstante, Schopenhauer presenta un camino de salvación, a saber: el de la contemplación estética, el del ascetismo y el de una moral basada en la renuncia y en una piedad casi infinita.
        Liberarse del trágico pesimismo supone liberarse de la voluntad, del deseo y del querer-vivir que nos opone a los demás seres. El suicidio no es la solución, pues el suicida quiere afirmarse a través de su autoaniquilación. En cambio Schopenhauer admira al artista, al genio creador e irrepetible, pero también al santo, al asceta. El asceta renuncia a todo pues renuncia a la voluntad. La filosofía de este autor es trágica porque afirma que no hay redención, ni salvación individual.
       &nbsp Para finalizar, diremos que esta concepción trágica de la vida influyó mucho en el joven Nietzsche y en el Wittgenstein del Tractatus, además de en escritores de la talla de Tolstoi, Maupassant, Kafka o Thomas Mann. En España el sentimiento trágico de la vida, pero desde una concepción cristiana y existencial, está presente Miguel de Unamuno. Asimismo, Pío Baroja elaboró en su novela El Arbol de la ciencia (1911) una visión schopenhauerina de la vida a través de su personaje protagonista Andrés Hurtado.