Federico Engels (1820-1895)

De Biblioteca de filosofía
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        Colaborador de Marx desde la década de los cuarenta, editó El capital con los manuscritos dejados por Marx (2º y 3º volumen). Su obra personal (Anti-Dühring, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Dialéctica de la naturaleza, El origen de la familia, la propiedad y el Estado...) significa una profundización en los componentes más cientifistas del marxismo, próximos al darwinismo.
        El camino intelectual de Engels ha sido en cierto modo inverso al de Marx: no va de la filosofía a su realización política, sino del compromiso político a la filosofía. Por ello mismo distorsionó la genial síntesis de Marx y ladeó el marxismo de un lado mecanicista e idealista, suponiendo, de un modo no muy lejano al de Hegel, que el espíritu, el hombre, es una consecuencia necesaria del despliegue de la naturaleza.
        Su inversión de Hegel es muy parcial, quedando ambos dentro de una cierta concepción monista, que no queda compensada por su insistencia en un materialismo mecanicista convencional.
        Al sentar las bases del Materialismo Dialéctico concibe la naturaleza como condición del surgimiento del espíritu, que enseñoreará el universo por los siglos de los siglos. El espacio y el tiempo son infinitos. El movimiento es el ser de la materia. Hay formas diversas de movimiento, cualitativamente distintas, que se ajustan todas a unas leyes de la dialéctica:
        1. Ley del salto de la cantidad a la cualidad.
        2. Ley de la penetración de los contrarios
        3. Ley de la negación de la negación.
        «Las tres leyes han sido desarrolladas por Hegel, de modo idealista, como leyes del pensamiento. La primera, en la primera parte de la lógica: la teoría del ser. La segunda, en la segunda parte, la más importante: la teoría de la esencia. La tercera es la ley fundamental de todo el sistema. El error reside en que son leyes del pensamiento, que se imponen a la naturaleza y a la historia, en vez de derivarlas de ellas. De ahí esa construcción privada, que a veces pone los pelos de punta: el mundo tiene que organi¬zarse con arreglo a un discurso que no es más que el producto de una fase del pensamiento humano. Pero si invertimos los términos, todo resulta sencillo, y las leyes dialécticas, que en la filosofía idealista parecían algo extraordinariamente misterioso, resultan inmediatamente sencillas y claras como la luz del sol.»
        De hecho la inversión engelsiana desvirtúa la originalidad del planteamien¬to marxista de la verdad: la producción constituyente del objeto y el sujeto, y recae en una cierta teoría del reflejo (el concepto como reflejo de la dialéctica real) que dará pie a una escolástica del marxismo, el DIAMAT (Materialismo dialéctico oficializado), en boga en las épocas defensivas y dogmáticas, fundamentalmente en la filosofía soviética
        «Nosotros retornamos a posiciones materialistas, viendo en los conceptos de nuestro cerebro las imágenes de los objetos reales, en vez de considerar a éstos como imágenes de ciertas fases del concepto absoluto... La dialéctica trata de las leyes generales del movimiento, del mundo exterior y del pensamiento humano... Leyes idénticas que se aplican conscientemente en el hombre, e inconscientemente en la naturaleza, y todavía en gran parte de la historia humana, en la que las leyes se abren paso de modo inconsciente bajo forma de una necesidad exterior, en medio de una serie infinita de aparentes casualidades...».
        Como puede verse, un «exceso» de materialismo puede bordear el idea¬lismo; un «exceso» de dialéctica puede ser antidialéctico, y un «exceso» de fidelidad al marxismo degenera en escolástica.
        La disociación de la síntesis teoría-acción, que es el hallazgo genial de Marx, puede producir, por un lado, un cierto economicismo, típico de los pensadores marxistas reformistas de la II Internacional, que creen en la espontaneidad y necesidad de la Revolución, y por otro lado un cierto moralismo, no integrado filosóficamente, que recae en los postulados utópicos de los socialismos de la bondad.
        Engels contribuyó a desplazar la filosofía marxista hacia los problemas naturales, pero no fue capaz de abordarlos como Marx hizo con los humanos.
        No obstante, la vulgarización de los tópicos materialistas y su endureci¬miento en el DIAMAT han sido absorbidos por la praxis de la conciencia filosófica a nivel mundano.