Gustavo Bueno (1921)

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El Materialismo de Gustavo Bueno como proyecto filosófico global

Jorge Gonzalez Nanclares, Gustavo Bueno y Román García, en el marco de los debates de la Sociedad Asturiana de Filosofía

        El filósofo español Gustavo Bueno (1924), se ha ocupado de todas las partes de la Filosofía: Ontología, Antropología y Filosofía de la Historia, Ética y Moral, Filosofía Política, Filosofía de la Religión, Estética y Filosofía del Arte. También ha abordado, en libros para el público en general, aspectos de lo que él llama «filosofía mundana». Sobre todo, de los mitos que dominan el siglo XX y XXI: el Mito de la Cultura, el Mito de la Izquierda, el Mito de la Felicidad. De la misma manera, ha dedicado varios libros a España, a los Medios de Comunicación, al funcionamiento real de la Democracia y a otros asuntos candentes de nuestro tiempo. Por eso, podemos decir que su sistema filosófico, al que él denomina materialismo filosófico, constituye un proyecto filosófico global. No hay otro filósofo del siglo XX que haya abarcado tanto y con tanta profundidad.
        Limitamos esta exposición a dos aspectos fundamentales: Su Gnoseología o Teoría de la Ciencia y su Filosofía Política, en la que ocupa un lugar central su Teoría del Campo Antropológico.

La teoría del espacio gnoselógico

        Toda Ciencia lleva acoplada una Teoría filosófica de la Ciencia o Gnoseología. Ferrater Mora dice que somos los españoles y los italianos quienes más nos inclinamos a denominar Gnoseología a la Teoría del Conocimiento. Los norteamericanos y algunos franceses suelen emplear el término Epistemología.
        Con la Teoría del Espacio Gnoseológico, podemos explicar qué es cualquier ciencia.
        a) La Gnoseología de G. Bueno explica cómo se constituyen las ciencias -paso de lo precientífico a lo científico y cómo se van transformando;
        b) Especifica cómo organizar una Ciencia: Las Ciencias tienen un campo y no un objeto: «La Biología no tiene la vida como objeto suyo, sino que son los ácidos nucleicos, las mitocondrias, las células, los tejidos o los órganos de las diferentes especies orgánicas, los que constituyen su campo: estas partes y otras análogas son los materiales que las componen».
        Hemos hablado de que estamos en la Era de la Información. Por eso, vamos a aplicar el Espacio Gnoseológico a la Información y a la Comunicación. Empezaremos diciendo que la Información y la Comunicación no pueden ser los «objetos» de una Teoría de los Medios de Comunicación, sino que el «campo» lo constituyen los periodistas, expertos en Relaciones Públicas, organizaciones informativas, anunciantes, textos, tecnologías, lectores, telespectadores y una larga lista de «materiales» que estudiamos y pueblan ese «campo».
        c) Determina cómo lograr la «identidad» y demarcación de esta Ciencia.
        d) Facilita muchas posibilidades críticas. Hay determinadas teorías y modelos que pueden imponerse durante un tiempo por la presión de la moda; otras quedan reducidas al silencio. Con la Gnoseología de G. Bueno , es difícil depender de la publicidad y de la moda para juzgar teorías y modelos.

====Las tecnología y las artes desarrolladas han ordenado precentiíficamente el campo de cualquier ciencia====

        Para Gustavo Bueno, la práctica de determinados oficios artesanos, diversas tecnologías y/o «un arte muy desarrollado» anteriormente han ordenado precientíficamente cualquier ciencia. La Geometría surgió de una elaboración científica del trabajo de los agrimensores; la cocina y la metalurgia hicieron posible la reflexión científica de la Química. La Lógica se desarrolló a partir de la tecnología gramatical (el arte de los escribas traductores, por ejemplo).
        ¿Cómo ha ocurrido la ordenación precientífica del campo de la Teoría General de la Información, que se ocupa de los medios de comunicación? Mediante algunas tecnologías (ya hemos citado algunas de ellas en 2.3.3., aunque la imprenta fue la más importante durante siglos) y mediante la Retórica.

La ordenación científica del campo de la información y de la comunicación mediante categorías

Naturaleza de las categorías

        A partir de esa pre-ordenación, el científico observa, reflexiona y desarrolla unas «relaciones ideales» cada vez más complicadas. El científico es el sujeto gnoseológico que estudia a los sujetos técnicos en su trabajo. Va dando forma y determinación a sus reflexiones cuando descubre «categorías».
        - La mejor manera de concebir una categoría es como una esfera arquitectónica. Según esto, cualquier realidad del campo informativo pertenece a una categoría, bien porque ella misma es una esfera máxima, bien porque está envuelta en una de radio mayor. Ésa es la única manera de situar cada cuestión teórica en su nivel adecuado y que no se confunda el término «comunicación» con una niebla que difumine todos los límites.
        - Las categorías son también órdenes reales, no elucubraciones sin fundamento. Muestran una gran potencialidad científica..
        Bueno parte de la tabla categorial de Aristóteles -sustancia, cantidad, cualidad, relación, acción, pasión, dónde, cuándo, sitio y hábito- y observa que en esta enumeración hay una diferencia muy grande entre algo tan metafísico como la sustancia y algo tan «a ras de tierra» como el traje (hábito). ¿Qué explicación encontrar a esta disparidad?. Actúa como si fuera Sherlock Holmes o el Teniente Colombo, dos personajes a los que consideramos muy dignos de aparecer en un libro de Filosofía. Al ver una inconsistencia, creaban una hipótesis y después se dedicaban a confirmarla. G. Bueno capta el «ruido» y muestra su creatividad ofreciendo esta hipótesis: «Nos hace sospechar (guiados por la etimología: kategorein significa acusar y luego, adjetivar y predicar) que la tabla aristotélica ha estado presidida por un MODELO O PARADIGMA en el que precisamente se vieran anulados tales extremos. Y que este paradigma fuera el DERECHO PROCESAL GRIEGO, en su trámite de identificación de un individuo humano, de un ciudadano, en tanto necesita ser sometido (para ser «identificado» como reo, o como testigo) a una lista de preguntas...
        «Las preguntas tendrán que ser de este tenor: (1) ¿Quién eres y cómo te llamas? -como individuo de una clase o grupo definido-: sustancia. (2) ¿Cuántos años tienes, cuánto pesas, cuánto mides?: cantidad. (3) ¿Cuál es la disposición de tu carácter -envidia, odio, violencia- en función de lo que se te acusa?: cualidad. (4) ¿A qué distancia estabas de la víctima, qué parentesco o vecindad tenías con ella?: relación. (5) ¿Dónde estabas en el momento del delito?: lugar (ubi). (6) ¿En qué momento del día o del año?: cuando. (7) ¿En qué situación te encontrabas (de pie, echado, etc.)?: situs. ¿Actuaste por tu mano?: acción. (9) ¿Qué te hizo a tí la víctima (se estaría considerando a la acción como si fuese una reacción)?: pasión. (10) ¿Cómo ibas vestido?: hábito ».
        Los estudiosos de la Información estructuraron el campo en la Edad de los Sistemas. Hardold LasswelL ordenó categorialmente la Teoría General de la Información como respuesta a las siguientes cuestiones:
        - EL ANÁLISIS DEL CONTROL es aquel SUBCAMPO que estudia el «quién», el COMUNICADOR. Los investigadores que se dedican a cultivar este subcampo «contemplan los factores que inician y guían el acto de la comunicación».
        - EL ANALISIS DE CONTENIDO es aquel SUBCAMPO que estudia el «qué», el CONTENIDO. Quienes preferentemente se dedican al análisis de contenido pueden «subdividir el subcampo en dos zonas distintas: el estudio de los datos, centrado en el MENSAJE, y el estudio del ESTILO, centrado sobre la organización de los elementos que componen el mensaje».
        - EL ANÁLISIS DE LOS MEDIOS es el realizado por quienes contemplan «principalmente la radio, la prensa, las películas y otros canales de comunicación». En estos canales de comunicación podemos incluir la televisión, Internet y demás nuevas tecnologías de la Información.
        - EL ANÁLISIS DE AUDIENCIAS es el SUBCAMPO al que se dedican aquellos investigadores que estudian a «las personas a las que llegan los medios».
        - EL ANÁLISIS DE LOS EFECTOS acomete el impacto sobre las audiencias. No detalla LASSWELL si el impacto es de los mensajes únicamente, aunque hemos de pensar que, habiéndose dedicado él durante tanto tiempo al estudio de la propaganda, también tuviese presente el estudio del efecto de los medios.
        Lasswell hablaba del atractivo que podían ofrecer las categorías con un tratamiento más detallado. Con su gran formación en diversos campos, veía «el acto de comunicación en su totalidad, relacionado con todo el proceso social».

Las categorías pueden ser distributivas o atributivas

        Las categorías distributivas agrupan sus partes (elementos o individuos) de tal manera que lo que se dice de todos se dice también de cada uno de los miembros en particular. G. Bueno también los denomina todos distributivos o géneros absorbentes. En lógica clásica se conoce que un término está distribuido en cualquier proposición cuando hace referencia a todas y cada una de las clases que representa. Las relaciones de las partes son simétricas y transitivas, y por tanto, reflexivas y de equivalencia. Las partes son homogéneas y pueden caracterizarse por una serie de propiedades comunes. Por ejemplo, «la totalidad constituida por el conjunto de monedas procedentes de un mismo cuño»; también, «todos los mamíferos son vertebrados».
        «Los todos distributivos forman «colectivos» («el ejército», «el parlamento», «la policía») lo que permite un uso colectivo de los mismos. Cuando decimos «el ejército enemigo ocupó el país», nos referimos a la totalidad de los soldados y no a cada uno en particular. En cambio, «la policía lleva pistola» significa que cada miembro individual porta uno de sus artefactos».
        b) Las categorías atributivas se constituyen por acumulación de partes, que guardan entre sí relaciones asimétricas. «Los todos aparecen ahora como agrupamientos y sus partes son heterogéneas. Aunque tienen propiedades comunes predominan entre ellos los aspectos diferenciales...». G. BUENO habla de géneros heterológicos, modulantes, como cuando nos referimos al conjunto de todos los vivientes, al de los poliedros regulares, al de los continentes, al de las especies mendelianas, al de partes del cuerpo humano o al de todos los elementos de la tabla periódica. Es decir, no todas las notas genéricas parciales se combinan siempre y de la misma manera y en la misma proporción.
        ¿Existe una separación radical entre Categorías distributivas y atributivas? No, porque entonces tendríamos que dudar del concepto «categoría» y crear términos distintos para denominar a las distributivas y atributivas. Lo que ocurre es que se produce un entrecruzamiento de unas y otras, de forma que se comportan como conceptos conjugados.
        Si aplicamos estas precisiones al sistema de comunicación, podemos iluminar muchas oscuridades cuando nos ocupamos de los distintos niveles de análisis del sistema de comunicación.
        - Un grupo es una totalidad de tipo atributivo; hay individuos, sin embargo, que dentro de los grupos forman clases distributivas.
        - Una organización informativa también es atributiva, pero dentro de las organizaciones existen grupos que podemos estudiar sistemáticamente por manifestar características distributivas.
        - Comunidad internacional es un género atributivo y, además, podemos estudiar naciones con características que pueden predicarse de todas ellas y naciones con características diferentes.

Los tres ejes gnoseológicos de cada ciencia: Sintáctico, Semántico y Pragmático

        Un nave espacial necesita un cohete que lo impulse al espacio. Sin embargo, muchas veces hemos visto cómo el cohete va desprendiéndose de la nave después de haber cumplido su función. Dentro de la nave, los astronautas realizan acciones y experimentos que están movidos por intereses comerciales y/o militares. Para consolidar las ciencias que conforman los experimentos, será necesario desprenderse de los intereses concretos.
        ¿Dónde «vuelcan» los científicos los hallazgos de sus «viajes»? En el lenguaje. No puede existir ciencia alguna sin lenguaje. Los productos de los científicos están vertidos en libros, grabaciones, imágenes, microfilms, bancos de datos. Cualquier intercambio es imposible sin lenguaje. En cualquier caso, ese lenguaje, vertido en textos, nos remite a objetos o sucesos, a «algo». Al contar cada ciencia con un campo en el que los investigadores han ido trabajando con diversas teorías ¿cómo analizarlas?.

La matriz de la generalidad analítica

        Ante todo hemos de tener determinar las propiedades semánticas - connotación y denotación- de los signos cubiertos por cada ciencia, que originarán la Matriz de la Generalidad analítica. En la perspectiva de columna estarán las notas genéricas en cuanto formando una Totalidad connotativa, teniendo en cuenta que Connotación es el conjunto de propiedades (o de objetos o sucesos) que produce la respuesta. Estas notas genéricas, o rasgos de «orden primero» son las figuras gnoseológicas, cuyas denominaciones avanzamos aquí y explicaremos después:
        - Figuras sintáctica: Términos, relaciones -concretadas en proposiciones científicas- y operaciones.
        - Figuras semánticas: referentes fisicalistas, conceptos fenoménicos o fenómenos, esencias o estructuras.
        - Figuras pragmáticas: Autologismos, dialogismos y normas gnoseológicas.
        El desarrollo de estas notas genéricas parciales o figuras puede tomar la forma de un desarrollo combinatorio: no todas las notas genéricas parciales se combinan en todas las teorías concretas siempre de la misma forma y en la misma proporción.
        La Denotación es el conjunto de objetos o sucesos significados por un signo. La denotación abarcará las diferentes teorías especiales a que se refiere una Ciencia. Si estas teorías no son denotadas por una ciencia concreta, entonces no pertenecen a esta Ciencia.

Figuras del eje sintáctico: Términos, Relaciones y Operaciones

        Términos: Si un sujeto gnoseológico, un investigador, quiere efectuar un trabajo de «Anatomía científica», ha de «despiezar» los términos de las diversas teorías. Ahora bien, toda división tiene un límite y dividir no es pulverizar. Hay que «regresar» hasta los elementos últimos de cada teoría y, después, «progresar» hasta ver cómo se anudan en términos más amplios.
        Relaciones. Los científicos establecen Relaciones científicas entre los términos de un campo y las asocian a proposiciones.
        Operaciones: Son las transformaciones que introduce un sujeto en uno o varios objetos del campo al analizarlos o sintetizarlos. El investigador o sujeto operatorio tiene un cuerpo capaz de «manipular» objetos, sonidos, símbolos, separándolos o juntándolos. También podemos entender como «operadores» las tecnologías científicas: Imprenta, telégrafo, teléfono, radio, televisión, ordenador, rayo láser, audímetro Nielsen, Cámara Macworth o retinascopio, dinomascopio, magnetoscopio, ordenador... acompañan a los estudiosos cuando éstos construyen sus teorías.

Figuras del eje semántico: Referenciales fisicalistas, Fenómenos y Esencias

        Referenciales o referentes fisicalistas.
        Los referentes fisicalistas son aquellas partes formales de las ciencias cuyas característica fundamental es que remiten a «situaciones concretas asociadas a un cuerpo físico, individual o bien susceptible de ser determinado o reproducido como cuerpo individualizado. Son las cosas corpóreas en la medida en que pertenecen al contexto de la racionalidad científica».
        La importancia del momento fisicalista necesita poca demostración. Pensemos en la consistencia que adquiere una determinada teoría cuando ha contado con un gran número de referentes y la blandura de la que se basa sobre unos pocos casos.
        Fenómenos. El momento fenomenológico tiene en cuenta que el campo de la comunicación, por ejemplo, se organiza desde las conciencias subjetivas. La comunicación, al requerir varias personas y medios que pueden distorsionar los mensajes, causa múltiples perspectivas; las personas y las cosas aparecen bajo diversos aspectos. El «fenómeno» es aquello que se aparece a una conciencia en contexto diferencial con otra. La Luna vista por un Sujeto 1 aparece como un fenómeno; igual le ocurre a un Sujeto 2, con respecto a una referencia, como pueden ser las estrellas fijas.
        Conceptos esenciales, esencias o estructuras. «Son estructuras ideales orientadas a establecer la conexión entre los momentos fisicalistas y fenomenológicos». Pensamos el concepto de «luna real», aunque no lo percibamos, mediante el concepto de «paralaje». Denominamos también significados objetivos y factores a los conceptos esenciales y sostiene que la idealidad de estos conceptos constituye el rasgo más característico de las ciencias.

Figuras del eje pragmático: Autologismos, Dialogismos y Normas

        El Materialismo filosófico reconoce la gran importancia de que sujetos operatorios estén presentes al construir y re-construir las ciencias.
        Autologismos: Los científicos realizan muchas actividades que son muy subjetivas. Podríamos decir que las grandes teorías son el resultado de una gran intuición, de un momento feliz de creatividad que, posteriormente, adquiere amplitud y fuerza, como el comienzo de una tormenta. Esa amplitud y fuerza, sin embargo, no es el resultado de continuas intuiciones sino de trabajo constante, paciente, de recuentos y más recuentos de experiencias. «Las actividades psicológicas ligadas al ingenio, a la memoria, a la imaginación, a la tenacidad, a la penosa laboriosidad del trabajo diario del científico, suelen olvidarse y marginarse cuando se exponen los resultados escuetos de la ciencia. Es más: estos acontecimientos de la vida privada de la ciencia deben necesariamente omitirse y silenciarse porque así lo exige la presentación objetiva de las verdades en que toda huella de subjetividad ha de quedar eliminada. Pero la Gnoseología, que reconstruye cada una de las «partes formales» de las ciencias, ha de incorporar y reconocer estos elementos como componentes reales del quehacer científico». Aquí hemos de incluir todo lo referente a «certezas», «memoria», «reflexión», «duda»...
        Dialogismos: Un investigador puede encontrar por sí mismo los elementos geniales de su teoría. Sin embargo, es imposible que desarrolle una actividad científica continuada sin tener en cuenta a los demás con los que le ha tocado vivir - sean otros investigadores, discípulos o seguidores; o a pensadores e investigadores que le han precedido.
        Los dialogismos en presencia recogen las relaciones científicas entre los sujetos que intervienen en el quehacer científico porque sus vidas coinciden durante algún tiempo; dialogismos en ausencia, las relaciones científicas entre sujetos ausentes, porque existieron en una época distinta de la actual. «Es necesaria la «comunicación interpersonal», a través de las generaciones, para llegar a la conclusión de que el cometa Halley de 1682 es el mismo que había sido visto por los astrólogos chinos en el 613 antes de Cristo, o el que se observó en 1910 o en 1986». Los vínculos dialógicos entre los diferentes sujetos pueden ser de diferentes tipos: La enseñanza, la ciencia como explicación, los momentos polémicos y conflictivos y los descubrimientos de falacias.
        Normas Podemos definir muchas investigaciones como intentos de descubrir las reglas no escritas y las normas por las que se conducen, en su vida diaria, los profesionales de la información. Tanto G. Bueno como Ackoff y Emery recogen lo intuitivo o inconsciente como elemento integrante del «programa» de los hombres y, por tanto, de los profesionales. G. Bueno hace consistir esta normatividad inconsciente o intuitiva en leyes que presiden el propio cerebro expuesto, a su vez, a las influencias ideológicas del entorno. Ackoff y Emery sitúan la diferencia entre «pensamiento» e «intuición» en que el primero es una «inferencia consciente», mientras la segunda es una «inferencia inconsciente». Aunque los resultados del pensamiento y de la intuición puedan ser falsos, el proceso del pensamiento es realizado conscientemente.

La matriz de la Generalidad Sintética de las ciencias

        Con ser muy importante la Parte Analítica, G. Bueno piensa que la parte sintética es su parte central. «Los dos capítulos principales de la Gnoseología Sintética son: El capítulo de los Principios gnoseológicos y el capítulo de los Modi Sciendi (para recuperar tecnicismos clásicos que tienen ya un sabor gnoseológico».

Principios gnoseológicos
        Los principios pueden ser de los términos, de las relaciones y de las operaciones. La importancia de los principios es tal que una ciencia sin principios gnoseológicos específicos no es una ciencia específica, «aunque tenga acotado un campo propio». «Incluso podría darse el caso de una ciencia que tiene principios, pero no específicos, categoriales, sino genéricos. Entonces, su situación sería la de una ciencia aplicada, una aplicación de la ciencia cuyos principios específicos se utilizan».
        Principios en Teoría General de la Información son los «axiomas metacomunicacionales» de Paul Watzlawick, Janet Beavin y Don Jackson. Son aplicables a la comunicación interpersonal y a la colectiva.

        - No podemos no comunicar.
        - Cada comunicación tiene un aspecto de contenido y otro de relación, de forma que ésta clasifica al primero y es, por tanto, una metacomunicación.
        - La naturaleza de una relación depende de la puntuación de las secuencias comunicativas entre los actores.
        - Los seres humanos comunican tanto digital como analógicamente.
        - Todos los intercambios comunicativos son o simétricos o complementarios, dependiendo de si están basados en la igualdad o en la diferencia.
        6.2. Modos gnoseológicos: Son los Modelos, las Clasificaciones, las Definiciones y las Demostraciones.

Metodologías alfa y beta-operatorias

        ¿Cómo no perder el tiempo y las fuerzas inútilmente y aclararnos con el sentido de algunas teorías? G. Bueno ofrece un arma muy potente para distinguir las ciencias y, por tanto, las teorías e, incluso, los teoremas como células gnoseológicas: las metodologías alfa y  beta- operatorias.
         Metodologías beta-operatorias son los procedimientos de las ciencias humanas en los cuales esas ciencias consideran como presente en sus campos al sujeto operatorio. Es una metodología imprescindible por cuanto es de este modo como las ciencias humanas acumulan el campo de fenómenos que les es propio. Ejemplos: Ciencias de las estructuras tecnológicas, desde construir una noria a un computador autorregulado, teoría de juegos, Ingeniería, Jurisprudencia...
         Metodologías alfa- operatorias son los procedimientos que atribuimos a las ciencias humanas, en virtud de las cuales son eliminadas o neutralizadas las operaciones iniciales, para llevar a cabo conexiones entre sus términos al margen de los nexos operatorios: Reflexiología, Métodos estadísticos, Estructuralismo.
         La relación entre las dos metodologías es dialéctica: Las ciencias humanas, en tanto parten de campos de fenómenos humanos, comenzarán también por medio de construcciones - operatorias; pero en estas fases suyas, no alcanzarán su estado de plenitud científica. Esto requiere neutralizar las operaciones y elevarlas al orden esencial. A este proceso, G. Bueno lo denomina «regressus». Por último, hay que «volver a los fenómenos» - a lo que llama «progressus» y, entonces, esas construcciones científicas, en situación , al volver a los fenómenos, se determinarán de nuevo como metodologías  -operatorias.

La Teoría del Espacio Antropológico

Los tres ejes: circular, radial y angular

        Si para comprender qué es una Ciencia, nos hemos valido de un «espacio gnoseológico», para captar qué es una sociedad, concebimos que está inmersa en un «espacio antropológico». BUENO piensa que es un mundo tridimensional, según tres dimensiones esenciales: un eje circular, un eje radial y un eje angular. En la realidad, no podemos disociar unas de otras estas dimensiones. Es lo mismo que ocurre con un cuerpo real: no podemos disociar la longitud de la latitud o de la altura o recíprocamente. Pero esto no excluye la posibilidad de reconocer una disociación esencial.
        La sociedad se refracta analíticamente en los diversos ejes del espacio antropológico de la siguiente manera:
        6.1.1. Desde la perspectiva del eje circular, podemos formular las siguientes proposiciones:
        6.1.1.1. Cada sociedad natural se nos muestra, desde luego, como una totalidad atributiva. La sociedad es una unidad de diversos subconjuntos de clases o agrupamientos tales como «varones adultos, mujeres adultas, hermanos de la madre K, enfermos»... Hay patrones de conducta universales a todos los individuos de la sociedad, sí, pero BUENO recalca que debemos atribuir, a cada una de estas clases, unos patrones específicos y diferenciales de conducta rutinaria adquiridos por aprendizaje. Ahora bien, que los patrones o pautas de
        conducta sean heterogéneos no quiere decir que no puedan converger. Y claro que lo hacen: se adaptan, es decir, mantienen relaciones de subordinación y de coordinación.
        6.1.1.2. La totalidad social, en cuanto unidad de los subconjuntos nombrados o de otros similares, no puede «autodirigirse», «autoorganizarse», «autoestructurarse». Quien sostenga que la totalidad social puede autoorganizarse, concebirá al todo como un sujeto agente de la «autoorganización». Esto es un error monumental puesto que un tal sujeto, si se pone por encima de las partes, no podrá llamarse todo (puesto que no hay todo sin partes); habrá de situarse en alguna parte o región del mismo e incluso en todas ellas, pero en este caso no cabrá decir que el todo social se «autoorganiza».
        6.1.1.3. Por tanto, si la organización del todo social existe y existe como resultado de las actividades racionales humanas, del logos humano, habrá que atribuir esta organización a la acción de algunas partes del todo social y precisamente en la medida en que esas partes son capaces de representarse de algún modo el todo social como objetivo de su actividad finalista. Lo decisivo de un órgano de control es que efectivamente «controle el sistema global», ya esté en posición central o extremal, ya sea único, ya sea plural, policéntrico.
        
        6.2.1. Desde la perspectiva del eje radial, la sociedad humana se nos presenta inserta en un entorno «natural» -bosques, tierras, ríos...- constituido por materiales utilizables (alimentos, vegetales, recipientes, etc, etc.), y que han de poder ser transformados en objetivos de operaciones de producción.
        G. Bueno dice que hay que subrayar el carácter de utilizables -lo que implica la inserción de los materiales naturales en un sistema cultural, tecnológico, etc. Es una de sus grandes observaciones. Podemos diferenciar a cualquier político que manifieste sus opiniones no tanto por su pertenencia a un partido, sino en tanto en cuanto tiene en cuenta al eje radial. Es decir, si saben ocuparse, «mojarse» con cómo hay que cambiar la realidad concreta. «No es lo mismo predicar que dar trigo». Hay un mundo entre proclamar «Todos estamos de acuerdo en que acabar con el problema del paro» y decir «Les voy a detallar cómo vamos a crear puestos de trabajo, y no sólo funcionarios». Quien afirma lo primero está hablando desde el eje circular; quien indica lo segundo, desde el circular y desde el radial.
        
        6.3.1. Desde la perspectiva del eje angular, una sociedad humana se nos presenta como envuelta por otros sujetos (númenes o, también, inicialmente, otros hombres que no pertenecen al conjunto de referencia ).

Aplicación del Campo Antropológico a varias teorías sobre los españoles

        Con esta teoría, podemos interpretar las ideas que algunos historiadores han ofrecido para comprender algunos aspectos de los españoles. Coinciden todos los autores en que los motivos religiosos han informado la vida de los españoles. Es decir, ha dominado el eje angular sobre los otros dos ejes.
        Américo Castro ha estudiado la evolución de las creencias religiosas españolas con un estilo vital y documentado. Podrá reprochársele que deja fuera muchas cosas, según apunta Claudio Sánchez Albornoz. Lo que sí reconoce cualquiera que lo lee con atención es que Castro tiene una teoría y muestra el desarrollo de hechos e ideas según esa teoría. Para él, «Santiago -su acción secular, sus irradiaciones variadísimas- es uno de los pilares de la historia española. Los otros santos objetos de culto, por importantes que fueran en algún momento o lugar, son hoy como dialectos empobrecidos, junto al ímpetu «literario» de la creencia en el Apóstol, que allá en la basílica de Compostela, maneja un enorme espadón, sin el cual las peregrinaciones, la grandiosa basílica y todo lo demás no hubieran existido».
        Santiago tuvo consecuencias bélicas y políticas decisivas en lo que es España. También, consecuencias internacionales. La fama de Santiago le hizo un anti-Mahoma y la ciudad de Santiago fue la anti-Meca, un lugar de peregrinación tan venerable como Roma. Pero como los reinos cristianos necesitaban a Francia para neutralizar en lo posible la influencia islámica, acudieron a los monjes cluniacenses, que llegaron a tener una influencia decisiva en el culto y en la política española durante los siglos XI, XII y XIII. Incluso, en la independencia de Portugal.
        Después del auge de la creencia en Santiago, llegó su ocaso. Entonces, los carmelitas descalzos, o reformados, consiguieran del rey Felipe III y del papa, la instauración de Santa Teresa en un nuevo copatronato de España. El país se alborotó como si se tratase de un asunto que afectase a la existencia de la nación. No es sorprendente, según Castro, que Felipe IV se sumase a los partidarios de Santa Teresa: era un rey más de letras que de armas. Logró que el Papa confirmase el copatronato de los dos santos, aunque habían sido Felipe III y los carmelitas quienes habían conseguido de Paulo V, en 1618, que éste declarase a Santa Teresa copatrona de España.
        «La mayoría de los españoles se rebeló contra tal disminución del prestigio para Santiago... pero la mayoría seguía afecta a Santiago, por ser más incitante el ardor bélico que la contemplación mística. Usando un lenguaje impropio diría que los salones favorecieron a la Santa, y las masas, al Apóstol. En 1627 el papa Urbano VIII reformó el breve anterior, y dejó en libertad al clero y al pueblo para aceptar o no el copatronato de la Santa, con lo cual éste apenas tuvo efectividad fuera de los conventos de carmelitas.»
        «Santiago cesó de atraer la atención, y Santa Teresa no lo reemplazó como figura nacional; pero la pugna entre el ideal bélico encarnado en el Apóstol y el anhelo de ternura femenina vinieron a armonizarse en el culto a la Virgen del Pilar, en el que aparecen reminiscencias de la divinidad bélica del Hijo del Trueno. En 1808, la virgen aragonesa actuaba como «capitana de la tropa aragonesa» contra los invasores franceses, y en el siglo XX fueron concedidos a su imagen «honores de capitán general», en un tenue y tardío destello de cultos guerreros, cuyos antecedentes son ya familiares para el lector. En ellos se expresa el funcionamiento estructural de la vida española».
        Podemos deducir qué ha pasado con los otros dos ejes si examinamos las conclusiones de quienes han estudiado a fondo el asunto. El mismo Américo Castro ofrece la siguiente explicación: Los españoles no aprecian lo suficiente el trabajo manual e intelectual. Los cristianos, ocupados en la Reconquista, dejaron que los árabes realizasen trabajo manual, mientras los judíos se dedicaban a lo que Spengler llama «el pensamiento del dinero» y al trabajo intelectual. Los cristianos renunciaron a este último para que no les tachasen de judíos o de judaizantes. Por tanto, lo que viene a decir Castro es que los españoles no han saturado el eje radial. Por otra parte, la ruptura de coexistencia entre las tres castas -judíos, moros y cristianos- revela serias deficiencias en el eje circular, que resonarán en diversas ocasiones de los siglos siguientes, hasta nuestros días.
        Para Don Salvador de Madariaga, las cualidades y deficiencias de los españoles están, fundamentalmente, en el circular. «Este sentido de la igualdad inherente en todos los hombres procede probablemente de un fondo religioso que puede tomar o no forma dogmática definida. Es más: suele suceder que este fondo religioso se manifieste de una manera más vigorosa en personas que no se dan cuenta de su existencia. Y sin embargo, es religioso en cuanto contempla, no la agitación de los órdenes social, político y económico, sino el orden universal y permanente de la vida. Conscientemente o no, el español ve sobre un fondo de eternidad, y su orientación vital es más religiosa que filosófica. Por eso, los dos polos de su psicología son el individuo y el universo; el sujeto y el Todo; y por eso, la vida consiste para él en la absorción del universo por el individuo, la asimilación del todo por el sujeto.
        El individuo, pues, es para el español el criterio de todas las cosas... No es ciudadano de un Estado igualitario, como el francés, no socio de una sociedad nacional como el inglés, ni súbdito de un imperio como el italiano o el alemán lo quisieron ser otrora. Es un hombre.
        Este individualista es, naturalmente, egoísta... No pertenece a su país; es su país el que le pertenece. Y como su perspectiva es concreta e individualista, su patriotismo toma con frecuencia una intensidad en proporción al área de la zona circundante a que se refiere: mucho más patriota, pues, de su aldea que de su región, de su región que de su patria.
        Por otra parte, el instinto de conservación de la propia libertad, tan fuerte en él, le hace rehuir todas las formas de cooperación social, ya que tienden a esclavizar al individuo y a reducirlo gradualmente al papel de pieza de maquinaria...
        Bien se echa de ver cómo estas premisas psicológicas explican los dos rasgos constantes de la vida política de España, que pueden simbolizarse en estas dos palabras: dictadura y separatismo... Nada más característico que esta calidad quebradiza de su sustancia, y que hallamos por cierto de manifiesto en los Estados Desunidos de Hispanoamérica (fruto de la dictadura y del separatismo) en contraste con los Estados Unidos de Angloamérica.
        Separatismo y dictadura son, no obstante, tan sólo pasiones del español, no su sentido. Aunque parezca mentira, a pesar de estas pasiones que de cuando en cuando lo dominan, es el español hombre de buen sentido, y cuando en él se mantiene, de genio creador y realista más que común. Pero para mantenerse en el plano del buen sentido, necesita el español una pasión elevada bastante fuerte para alzarle hasta un concepto vivido de la realidad muy por encima del nivel dispersivo a que le arrastra su ser separatista y dictatorial. Tal fue la fe que un día alcanzó en los siglos XVI y XVII, dando a España una unidad que no ha conocido desde entonces y quizá no vuelva a conocer jamás.»
        Don Ramón Menéndez Pidal ha estudiado los rasgos de los españoles a través de la historia. Primero expone las ventajas de cada rasgo y después, los inconvenientes. Pues bien, podemos reducir estos últimos a lo siguiente: los españoles no han atendido lo suficiente al eje radial y al circular. Vamos a verlo con más detalle.
        Los tres caracteres capitales que Menéndez Pidal descubre en el español son: la sobriedad, la idealidad y el individualismo. La sobriedad como valor, que los extranjeros tanto han admirado en los españoles, tiene también este reverso en el eje radial: «Chocante descuido» en muchas formas de la vida; Falta de refinamiento y comodidades habituales; Carencia general de esmero y primor. El desinterés, como aspecto de la sobriedad, muestra también estos flancos: Descuido del trabajo productivo, de la industria y del comercio; Contentarse con los primeros resultados, que satisfacen las necesidades más apremiantes; La imprevisión del mañana; Esterilidad del oro de las Indias, que cruzaba España sin provecho para ir a parar a manos de los genoveses y otros extranjeros, en cantidad bastante para «inundar de moneda castellana a Europa hasta Constantinopla».
        La sobriedad es altamente igualitaria; Prescinde de accidentales o secundarias distinciones; Repugnancia de los españoles por la esclavitud, la idea de la igualdad de las razas, del mestizaje, la catequesis religiosa y cultural de los indios. «Nadie es más que nadie»: Última dignidad del hombre por serlo, o su igualdad religiosa ante Dios. El reverso de este igualitarismo en el eje circular es la corrosiva negación de las jerarquías, resentida hostilidad a lo egregio, en nombre de lo inferior. También concibe el español la tradición muy selectivamente: repudia varios siglos de su historia y sólo se queda, en todo caso, con uno. Tiene una gran insolidaridad con todo lo que no es local.
        La idealidad se concreta en que, para el español, la vida no es el supremo bien. El español está dispuesto a perder la vida por cumplir los altos deberes de fidelidad, no sólo individual, sino también ciudadana e internacional. A la vez, esa disposición implica desdén a la vida, cuyas raíces están en la sobriedad.
        El perdurable anhelo de una segunda vida, la de la fama honrosa, el ansia de supervivencia que domina al español, recibe en la religión su sentido más puro y más pleno. Ya lo hemos visto a propósito de Santiago, Santa Teresa y la Virgen del Pilar. La religión ha influido en que el español haya moderado su individualismo y en que haya moralizado algunas de sus costumbres. Inconvenientes en el eje radial: la proliferación de los institutos religiosos y de clérigos que no han sabido hacer fructificar los bienes y han empobrecido al pueblo; además, como el español no remata bien las cosas, pues la sobriedad le aleja de la perfección, es muy común que el español tenga un comportamiento moral no riguroso e inconsecuente. Puede haber una inflación religiosa coexistente con una profunda inmoralidad administrativa.
        El individualismo tiene aspectos muy favorables, puesto que adapta la justicia abstracta al caso concreto. Los españoles tienden a mirar a quien cae bajo el peso de la ley más como una víctima de la desgracia que como un culpable dañoso. El individualismo también puede apoyar la selección que jerarquiza y que distingue a los más preparados de los incompetentes. El reverso de este individualismo, en el eje circular, se observa en época de crisis sociales: ni gobernantes ni gobernados se siente solidarios de una tarea común. El caciquismo y la desvirtuación del sufragio tienen su complemento en el incumplimiento de las leyes.
        Elegir a los mejores para los puestos, como hijos de sus obras y no de su cuna, fue el criterio de la Reina Isabel y de Carlos V. La crisis en el eje circular comenzó con Felipe II, que confiaba mucho en sí mismo y no en los colaboradores. Nombraba para altos cargos a mediocres o ínfimos, insignificantes o ineptos, dándoles por subordinados otras personas entendidas que evitasen los grandes desaciertos. Así, careciendo el titular de todo valor, la suprema dirección del rey era más visible y más sin obstáculos. Pero el desdichado sistema se aplicó hasta en el caso de la Armada Invencible. Felipe III, que no era inteligente y sí apático, ahuyentó a los selectos.
        El fuerte individualismo y el débil sentido de la colectividad hacen que la envidia desborde en España.
        Dentro del eje angular, MENÉNDEZ PIDAL destaca dos figuras típicamente españolas: el guerrillero y el conquistador. Ambos representan la organización del individualismo frente a un adversario muy numeroso en número, pero inferior en armas. El pueblo produce sus guerrilleros y conquistadores porque, a pesar de su individualismo, es capaz de sentir grandes ideales colectivos.