Henri-Louis Bergson (1859-1941)

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Biografía

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       &nbspEnri Bergson nació en París en 1859 en el seno de una familia judía. Estudió en el liceo Bonaparte (actual Condorcet) y fue un joven brillante que destacaba por igual en las letras como en las matemáticas. De 1878 a 1880 cursó estudios en la prestigiosa Escuela Normal Superior y en 1881 obtiene la agregación en Filosofía. En estos primeros años de su formación recibe la influencia de los filósofos espiritualistas, principalmente Boutroux y Lachelier, que marcaron su orientación antikantiana.        &nbspProfesor en diferentes liceos, pronto comienza a destacar como conferenciante y escritor. En 1889 se doctora con dos trabajos, La idea de lugar en Aristóteles y Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia. Aunque fracasa en sus primeras tentativas de ingresar como profesor en la Sorbona su fama y prestigio van en aumento, pues en 1900 es nombrado profesor de Filosofía en el Colegio de Francia y en 1901 es miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas. La publicación en 1907 de La evolución creadora será todo un acontecimiento. En 1914 es elegido miembro de la Academia Francesa, a la vez que aumenta su notoriedad pues dicta conferencias en diferentes universidades extranjeras. Mantiene una estrecha amistad con el filósofo y psicólogo estadounidense William James. En 1928 se le concedió el premio Nobel de Literatura. Su pensamiento vitalista e intuitivo (evolucionismo espiritualista) generó toda una corriente, llamada bergsonismo, que influyó mucho en la Francia de entreguerras. Murió en 1941 cuando las tropas de la Alemania nazi ocupaban Francia.

Ediciones canónicas: Oeuvres. (edición crítica) Textos anotados por André Robinet. Introducción de Henri Gouhier. Édition du Centenaire, P.U.F., París, 1959. Melanges. Texto, correspondencia y otros documentos de H. Bergson con notas de A. Robinet y prólogo de H. Gouhier. P.U.F., París, 1972. Écrits et paroles. I-II-III. Ed. R. M. Mossé-Bastide. P.U.F. París, 1957-1959.

Obras del autor: Quid Aristóteles de loco sensserit, 1889. Essai sur les dones inmédiates de la conscience, 1889. Matière et Mémoire, 1896. Le rire, 1900. “Introduction à la métaphysique”, 1903. L’Évolution créatrice, 1907. L’énergie spirituelle, 1919. Durée et simultanéité. À propos de la théorie d’ Einstein, 1922. Les deux sources de la morale et de la religión, 1932. La pensée et le mouvant, 1934. Écrits et Paroles, I. 1957, II. 1959, III. 1959.

Estudios sobre el autor: García Morente, M. La filosofía de Henri Bergson. Espasa-Calpe, Madrid, 1972 (orig.1917). Deleuze, G. El bergsonismo. Ed. Cátedra, Madrid, 1987 (orig.1966). Kolakowski, L. Bergson, Oxford University Press, Oxford, 1985.Izuzquiza, I. Henri Bergson: La arquitectura del deseo. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 1986. Chacón Fuertes, P. Bergson o el tiempo del espíritu. Ed. Cincel, Madrid, 1988. Fernández Tresguerres, A. Bueno y Bergson. Sobre filosofía de la religión. Revista El Basilisco, Nº 13 (2ª época), Grupo helicón, Oviedo, 1992, pp. 74-88.

Conciencia y tiempo: la duración

        La filosofía de Bergson surge como reacción frente al positivismo cientista y frente al criticismo kantiano. Con un estilo literario encantador que será común a toda su obra, se enfrenta a la idea de tiempo tal y como había sido elaborada por Kant, pretendiendo también superar las insuficiencias del evolucionismo de Spencer. Así la filosofía de Bergson será una filosofía de la duración, y esta metafísica psicológica de la temporalidad será una constante de todo su pensamiento, como lo es también su antiintelectualismo, su antimecanicismo y su antifinalismo.
        Para este autor el tiempo, que tan importante es para la Biología tal y como nos es representado en las ciencias físico-matemáticas, es una abstracción mecánica propia de este saber peculiar, donde el hombre se ejerce más como “homo faber” que como “homo sapiens”. La idea de tiempo sería para estas ciencias una sucesión de instantes “estáticos”, iguales entre sí y externos e indiferentes a la naturaleza cualitativa de los hechos en ellos contenidos. Bergson entiende que se hace necesaria una nueva noción de tiempo que no sea mecanicista ni finalista y que se ha de levantar sobre las ciencias psicológicas, biológicas y sociológicas. Esto posibilitaría además un renacimiento de la Metafísica. Esta nueva noción es la de tiempo como duración.         La temporalidad como duración es una noción psicológica, pues los estados de conciencia se compenetran, no son indisociables y dan vida a una amalgama de contenidos en continua evolución. La temporalidad real y vivida, en constante movimiento, no puede ser explicada mecánicamente por conceptos abstractos y rígidos, por todo ello, la duración no es un concepto sino algo que ha de ser intuido.

        “…En el momento en que escribo estas líneas, suena la hora en un reloj vecino; pero mi oído, distraído, no lo percibe hasta que han sonado ya varias campanadas; por tanto no las he contado. Y, sin embargo, me basta un esfuerzo de atención retrospectivo para hacer la suma de las cuatro campanadas que ya han sonado, y añadirles las que oigo. Si entrando en mí mismo, me pregunto entonces cuidadosamente por lo que acaba de ocurrir, me doy cuenta de que los cuatro primeros sonidos habían alcanzado mi oído e incluso conmovido mi conciencia… …En pocas palabras, el número de campanadas ha sido percibido como cualidad, y no como cantidad; la duración se presenta así a la conciencia inmediata y conserva esta forma mientras no ceda el puesto a una representación simbólica, sacada de la extensión… … Por debajo de la duración homogénea, símbolo extensivo de la auténtica duración, una psicología atenta distingue una duración cuyos momentos heterogéneos se penetran;…” (Bergson, H. Donnés inmédiates, en Memoria y vida. Textos escogidos por Gilles Deleuze. Alianza Editorial, Madrid, 1977, pp. 10-11)
       &nbsp:Asimismo Bergson, que defiende la independencia ontológica y cognoscitiva del espíritu respecto de la materia, distingue entre una memoria-hábito y una memoria pura, espiritual, que sería la que capta el tiempo como duración; pues para él la conciencia es espiritual y autónoma respecto a la materialidad del cerebro.

La Metafísica evolutiva: el “Impuso Vital”

        Bergson afirma que la Filosofía es un saber intuitivo, pues la intuición permite apreciar la realidad en su fugaz movimiento, respetando la continuidad de la duración. La intuición no es algo que se impone conceptualmente, sino que se sugiere, pues consiste en la simpatía por la cual se puede penetrar en el interior de un objeto, captando lo que tiene de único, irrepetible e inexpresable.
       &nbsp Bajo esta concepción de la Filosofía, Bergson desarrolla su metafísica evolutiva en su obra La Evolución Creadora (1907). La evolución de la realidad y del hombre es ímpetu o impulso vital (élan vital), acción que continuamente se crea y se enriquece; pues dicha evolución habría seguido una pluralidad de direcciones divergentes, sobre la base de un impulso que supera siempre los obstáculos que ponen las condiciones materiales. La evolución orgánica no sería un desarrollo obligado según un plan preexistente, sino una creación continua de nuevas formas de vida.

       &nbsp:"…la vida se manifiesta como una corriente que va de un germen a otro germen por mediación de un organismo desarrollado. Todo sucede como si el propio organismo no fuese más que una excrecencia, un brote que el germen antiguo hace brotar en su esfuerzo por continuarse en un germen nuevo. Lo esencial es la continuidad del progreso que se continúa indefinidamente, progreso invisible, sobre el que cada organismo visible cabalga durante el corto intervalo de tiempo que le es dado vivir… …Así volvemos, dando un gran rodeo, a la idea de que habíamos partido: la idea de un impulso original de la vida, que pasa de una generación de gérmenes a la siguiente… … Ese impulso, al conservarse en las líneas de evolución entre las cuales se reparte, es la causa profunda de las variaciones, … …que se suman y que crean especies nuevas" (Bergson, H. La evolución creadora. Ed. Planeta-Agostini, Barcelona, 1985, pp.36, 87-88)
       &nbsp En ese proceso de evolución y en el hombre, instinto e inteligencia como fuerzas de ese impulso vital se complementan, surgiendo así la intuición (de la que ya hemos hablado) como facultad suprema del ser humano.

Moral y religión

        En 1932 publica Bergson su obra Las dos fuentes de la moral y de la religión y en ella expone su filosofía moral y su filosofía de la religión. Entiende nuestro autor que el mismo ímpetu vital que obra en la naturaleza, ha llevado al hombre a ser un ser social que actúa libremente y por voluntad.
        Distingue por un lado, entre una religión estática y una religión dinámica, y por otro, entre una moral cerrada y una moral abierta.
        En un principio y en las sociedades más primitivas regiría la religión estática y la moral cerrada, pues la colectividad y la presión social, a través del mito y de la capacidad fabuladora de los hombres, neutralizarían los efectos disgregadores del individualismo.

        "De hecho la función fabuladora, que pertenece a la inteligencia… … ,tiene precisamente esta misión. Su papel consiste en elaborar la religión de la que hemos hablado hasta ahora, la que llamamos estática y de la que diríamos que es la religión natural si no fuera porque esta expresión ha adquirido un sentido distinto. No tenemos, pues, más que resumir para definir esta religión en términos precisos. Es una reacción defensiva de la naturaleza contra lo que pudiera haber de deprimente para el individuo y de disolvente para la sociedad en el ejercicio de la inteligencia." (Bergson, H. Las dos fuentes de la moral y de la religión. Cap. II, Ed. Tecnos, Madrid, 1996, citado por Huisman, Vergez, Le Strat, Historia de los filósofos ilustrada por los textos. Ed. Tecnos, Madrid, 2000, p. 354)
        Para Bergson, la evolución creadora en la humanidad ha llevado al desarrollo del cristianismo y a las revoluciones científicas, industriales y técnicas. Se prepara así el advenimiento de una religión dinámica y de una moral abierta, que este autor en su optimismo evolutivo, entiende que consolidarán la preeminencia del individuo. En este sentido y al igual que otros filósofos vitalistas, exalta la individualidad y la singularidad de los grandes hombres, concretamente de los místicos.
        Bergson, que en un principio reconoce la primacía de lo biológico sobre lo sociológico en el orden religioso y moral, y que mantiene la tesis de que la religión es una reacción defensiva de la naturaleza contra la representación por la inteligencia de la inevitabilidad de la muerte, comienza como muy bien dice Fernández Tresguerres, "reflexionando como un sociobiólogo para acabar actuando como un místico"; pues al final de su vida, muy próximo a la religión cristiana, entenderá que los místicos son los portavoces de la religión del amor, para así superar con ésta los destructores impulsos de la racionalidad mecánica.