Jacques Lacan (1901-1981)

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        El psicoanálisis francés rompe con la tradición clásica de Freud, cuando el psiquiatra Lacan abandona la Sociedad internacional en 1952 y funda La escuela freudiana de Paris en 1964. Por estas fechas sus seminarios ya ejercían una enorme influencia tanto en la teoría como en la práctica clínica. Su tesis de considerar el inconsciente como lenguaje le permiten aplicar tempranamente las técnicas estructuralistas al inconsciente. El psicoanalista se convierte así en una suerte de crítico literario que extrae el significado profundo del inconsciente y del «yo», considerándolo como un texto. Lacan busca destacar por su originalidad que se deja sentir en El estadio del espejo como formador de la función del «yo» (1949) y se desborda en sus ilegible Escritos (1966), donde en un estilo rebuscado y antisistemático pretende atender al discurso mismo en su expresión y el acto mismo de desarrollo para encontrar el sentido, no en lo que conscientemente se trasmite, sino en loas actos fallidos, en los lapsus, en las equivocaciones y, sobre todo, como en el surrealismo francés, en las libres asociaciones.
        Para Lacan el «significante» tiene vida propia. El in¬consciente, reflejado a través del sueño principalmente, no está com¬puesto por una serie de significantes que nos remiten a unos significados que sea necesario descifrar posteriormente, sino por todo un sistema de significantes con signi¬ficación propia dentro del sistema estructural en que se sitúan. La realidad misma del inconsciente se refleja en los procesos de «condensación» y en los «desplazamientos» que funcionan dentro de un lenguaje propio y específico. Tal lenguaje ignora muchos de los principios que presiden el lenguaje normal (las relaciones temporales, relaciones lógicas de negación, etc.) porque tiene sus propias reglas de funcionamiento. Lacan piensa que el lenguaje del sueño, en el que se expresa el inconsciente, es un caso más del lenguaje libre, como lo es también la retórica o la poesía surrealista. Va “constituyendo” su propia gramática desde los primeros años de la vida del hombre. La tarea del psicoanalista es analizar la cadena de significantes y encontrar el «sentido», donde se revela la estructura del inconsciente.
        Hay distintos «conjuntos de significantes». Por ejemplo, para Lacan el complejo de Edipo queda organizado por lo que denomina «points de capitón», que recortan y agrupan todos los significantes. El falo es uno de estos puntos que introduce en el campo significativo del niño la primera demarcación de lo que será su lenguaje inconsciente posterior y que seguirá presionando incluso por debajo de las fórmulas científicas. Para Lacan, cuando se logre estudiar totalmente todas las estructuras del inconsciente, el psicoanálisis se habrá convertido en una ciencia, pero para lograr este propósito acude a procedimientos retóricos: la metonimia y la metáfora, que asimila a los procesos de «desplazamiento» y «condensación», respectivamente, que la clínica observa en el inconsciente.
        La metonimia, por ejemplo, es el proceso mediante el cual el pensa¬miento se desliza de un término a otro, estableciendo una relación, nor-malmente de tipo fonético. Pero el lenguaje del inconsciente puede llegar a funcionar con una libertad absoluta, formando «metáforas» que no nos dan nunca un sentido determinado, y cuya única significación es lograr la máxima condensación de significaciones en torno a un solo término. La metáfora es, pues, el procedimiento que en definitiva engendra al inconsciente con sus leyes propias, que sólo el análisis estructural puede sacar a la luz del día. Lacan, al vincular a Freud con la teoría de los signos, se capacitó para analizar la actividad misma de hablar, que siempre muestra un «envés» y un «revés», en la que por simple desplazamiento («metonimia») lo dicho se trasformaba en lo no dicho, lo dominado en lo indominado, disolviendo los rígidos esquemas del «Ello» y el «Superyo» en la moral provisional del Ego, siempre propenso a pactar con los códigos más conservadores. Hay en este punto una profunda coincidencia entre Lacan y la crítica ética de Kant.
        En todo caso, la influencia soterrada de Lacan en Barthes, Foucault o Derrida es insoslayable.