La influencia de Averroes y la filosofía hispanomusulmana en la filosofía cristiana

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El Islam

        El Islam, fundada como una nueva religión monoteísta por Mahoma (570-632) como fusión de interpretaciones personales del elementos judeo-cristianos con las tradiciones religiosas árabes, recoge su dogmática fundamental en el Corán, su libro sagrado. La huida de Mahoma desde La Meca hacia Medina (Medinat el Nabi, Ciudad del profeta) el 15 de julio del año 622 de la era cristiana (Hégira que marcará el punto de partida del calendario islámico) abre, con el apoyo de las tribus que controlaban la ciudad, la expnsión religioso-militar por la región de Hiyaz… Tras la muerte del profeta, sus sucesores, ya denominados Califas, continuaron la expansión en medio de turbulencias políticas y rebeliones. Así, tras la dimisión y asesinato del Califa Alí, marido de Fátima, la hija preferida de Mahoma, llegará al Califato Mwaviya, que lo convierte en un régimen monárquico hereditario iniciando, apoyado en los sunnitas (ortodoxos musulmanes) frente a sus enemigos chiítas, la dinastía de los Omeya. Es éste el periodo de mayor esplendor del Imperio islámico caracterizado por una notable tolerancia religiosa, la amplia asimilación de características culturales bizantinas y una bien estructurada organización política (bajo el Califa estaba el Vali, gobernador, en cada provincia, con el Emir como jefe militar) y una clara primacía social de la población árabe sobre las gentes de los pueblos sometidos.
        En el año 750 Abu-Abbas, descendiente de Mahoma y de los reyes de Persia, asesina a todos los omeyas, con la excepción de Abderramán que huye hacia la Península Ibérica, y se hace con el poder para instauras la dinastía de los Abbasíes trasladando la capital a Bagdad. Esta situación provoca cambios notables en la estructura social, con el ascenso de lo persa frente a lo árabe, perdiendo fuerza la influencia bizantina ante tradiciones culturales orientalizantes e independizándose del Imperio los territorios del África Occidental y Al-Andalus. Pese a todo, el auge comercial, artístico y cultural sigue siendo, en el periodo abassí (especialmente entre el 750 y el 859), muy superior al de Bizancio o la cristiandad occidental, alcanzando su cumbre con el Califa Harum Al-Recite (el de Las Mil y Una Noches). En este contexto, Al-Mamún, Califa entre el 813 y el 833, creó la Casa de la Sabiduría desde la que se introducirán la numeración y los métodos de cálculo de los hindúes, más efeicaces que los romanos, en el mundo islámico y, por su medio, en el occidente cristiano.
        Con respecto a la filosofía, el mundo islámico va incorporando la tradición griega desde las traducciones al árabe que a partir del año 640 se hacen en Siria de autores (Platón, Aristóteles, Porfirio, el Pseudo-Dionisio o Alejandro de Afrodisia) que habían sido antes traducidos al siriaco, así como con la incorporación del legado helénico al Imperio tras la conquista de Alejandría y otros centros culturales del mismo. Serán, así, precisamente los pensadores árabes quienes, en buena medida, transmitan ese legado a occidente. Buena muestra de ello será el “redescubrimiento de Aristóteles” en la cristiandad a través de los filósofos árabes y judíos de Al-Andalus, si bien en conocimiento del estagirita se moverá, en ambas tradiciones, en un mar de confusiones en elque, por ejemplo, se le atribuye una Teología (simple resumen de las Enneadas) o el Liber de Causis (resumen de una obra del neoplatónico Proclo).

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De los inicios de la filosofía árabe al pensamiento hispano-musulmán

        Pero será, acaso, Ibn Sina, Avicena para los latinos, (Bokhara, Turquestán, 980- Hamadan, 1037) quien marque la primera cumbre de la filosofía árabe… Médico, geómetra, lógico, jurista, físico, teólogo y filósofo, su obra central, As-Sifa (traducida como Sufficientae en la Escuela de Traductores de Toledo) tuvo gran influencia en los pensadores cristianos hasta Santo Tomás de Aquino.
        Partiendo Avicena de la distinción entre esencia y existencia introducida por Al-Farabi, establecerá dos formas diversas de entender el ser: el Ser necesario, que poseen aquellos seres que no `pueden dejar de existir porque su esencia consiste precisamente en existir (Dios), y el Ser posible, que poseen todos aquellos seres contingentes porque su esencia no implica la existencia (criaturas).
        Dentro de una concepción neoplatónica de la creación, Avicena considerará que del Dios-Uno emana la Inteligencia Primera, cuya existencia múltiple se debe a Él, y, en progresiva multiplicidad, otras nueve, hasta llegar a la Decima Inteligencia que lleva en sí las formas (aristotélicas) para ponerlas en la materia (dando lugar a los seres sensibles) y funciona como Entendimiento agente en el ser humano,,, Y, así, esta creación, entendida como proceso de emanación, será absolutamente necesaria, no dependiendo de la voluntad de Dios, ya que su propia esencia conlleva la necesidad de la creación, necesidad que, de alguna manera a lo creado, a los seres posibles que resultarán “necesarios en virtud de una causa (Dios)”.
        Por supuesto, hubo reacciones frente a estos impulsos “racionalizadores”, y, con especial apoyo en el misticismo sufí, destaca, entre ellas, la elocuente Destrucción de los filósofos de Al-Gazzali (Gazal, Persia, 1058- 1111).
        No obstante, el entronque de la tradición filosófica árabe en la Península ibérica, bajo el esplendor del Califato de Córdoba dio abundantes y variopintos frutos, entre los que cabe citar la Escuela Masarrī (931-1040), Ibn Hazm de Córdoba (994-1065) y su Escuela, Ibn al-̀Arīf (1088-1141), la Escuela Neoplatónica de Almería, Ibn al-Sīd de Badajoz (1052-1127) , Abū Salt de Denia (1067-1134), Avempace (Zaragoza, hacia 1070- Fez, 1138) o Ibn Tufayl (antes de 1110-1185).

        En este contexto cultural surgen figuras como Al-Kindi (Kufa, Persia 800-873) que, recibiendo el legado griego confusamente aristotélico, inician una tradición filosófica en torno a problemas como la atribución común del Intelecto agente a toda la humanidad (Sobre le intelecto). Pero, sobre todo, aporta una concepción de la filosofía (muy característica en el medievo) como medio para el acercamiento a Dios.
        Esta tradición, encontrará rápidamente relevancia con Al-Farabi (Bala, Turkestán, 872- Damasco, 950) que escribió obras como La inteligencia y lo inteligible, El alma, la unidad y lo uno oConcordancia entre Platón y Aristóteles… En él, bajo influencias aristotélicas y neoplatónicas, se elabora un sistema filosófico-teológico que, tras demostrar la necesidad de la existencia de Dios mediante la argumentación aristotélica sobre la necesidad de un primer motor que sea acto puro, se identifica a éste con el Uno neoplatónico, del que emanarán sucesivamente la Inteligencia, el Alma del Mundo y el Cosmos. En esta perspectiva, Al-Farabi será el primer pensador que afirma explícitamente la contingencia del mundo. Y este hecho (el mundo podría no existir) implica una separación taxativa entre esencia y existencia: se pueden determinar con toda precisión las características de una cosa (su esencia) sin que, necesariamente, haya de existir. La constatación de la existencia sólo puede hacerse mediante la percepción sensible o la demostración racional.

        «Hemos admitido, por lo que respecta a las cosas existentes, una esencia y una existencia distintas. Si la esencia del hombre implicara su existencia, el concepto de su esencia sería el mismo que el de su existencia, y bastaría conocer lo que es el hombre para saber que el hombre existe; de manera que cada representación debería entrañar una afirmación. Además , la existencia no está comprendida en la esencia de las cosas ; de lo contrario, sería uno de sus caracteres constitutivos, y la representación de lo que es la esencia quedaría incompleta sin la representación de su existencia. Ni siquiera nos sería posible separarlas mediante la imaginación. Si la existencia del hombre coincidiese con su naturaleza corpórea y animal, no habría persona alguna que, teniendo una idea exacta de lo que es el hombre y conociendo su naturaleza corpórea y animal, pudiese poner en duda la existencia del hombre. Pero no ocurre así en manera alguna, y dudamos de la existencia de las cosas, hasta que tenemos una percepción directa de ellas por los sentidos, o indirecta en virtud de una prueba. Por tanto, la existencia no es un carácter constitutivo, sino solamente un accidente accesorio.» (Alfarabi, citado por Étienne Gilson en La filosofía en la Edad Media)

La figura de Averroes

Averroes_(1126-1198)

El averroismo cristiano

        Hasta la primera mitad del siglo XIII, no hay traducciones latinas de los Comentarios grandes y medios a la obra de Aristóteles de Averroes… Esas traducciones, como las realizadas por Miguel Scoto entre 1220 y 1230, eran tan confusas que, olvidando la intención originaria del filósofo cordobés (liberar la influencia arstotélica de toda deformación neoplatónica), dan pie a las interpretaciones más divergentes.
        Averroes, en efecto, había restaurado tesis aristotélicas de difícil conciliación con los credos monoteístas (la eternidad del mundo, la negación de la providencia divina sobre los individuos, o la mortalidad del alma)… Pero su concepción de la religión (nivel inferior, sujeto a la sensibilidad y expresado en un leguaje mítico y poético adecuado al vulgo), la teología (conocimiento intermedio basado en el razonamiento probable, dialéctico, como base para dotar el mito con una estructura argumentativa no científica) y la filosofía (nivel supremo, en el que, mediante el silogismo demostrativo científico, las inteligencias superiores son capaces de captar la divinidad y sus relaciones con el mundo y con los seres humanos) como niveles sucesivos y jerárquicos en el acceso a la verdad, convertía a los filósofos en los únicos seres propiamente humanos (los únicos que realizan la razón), dejando al resto en un estado infrahumano, casi animal. T, además, la fuerza de la razón del filósofo lo impulsa a la unión con las inteligencias separadas, dotándole, también en exclusiva, de la felicidad suprema de la contemplación.
        Por eso la filosofía a de tener un carácter esotérico, ante la incapacidad del vulgo para enfrentarse a las contradicciones entre distintos niveles de verdades; y, por eso, el filósofo debe simplemente adecuar su comportamiento externo a los usos y costumbres religiosas de la sociedad en la que vive.
        Pese a todo, hasta mediados del siglo XIII, Averroes es visto, merced a su concepción del intelecto posible y agente como potencia del alma individual, como un instrumento válido para combatir los “impíos errores” de Avicena en su planteamiento sobre la unicidad del intelecto agente.
        Y será a partir de 1260 cuando empieza a verse en Averroes un planteamiento aún más racical que el de Avicena: el intelecto material (posible) es uno para todos los miembros de la especie humana, no resultando generable ni corruptible. Esta lectura será, precisamente, el núcleo del averroísmo y el objeto de los ataque se los teólogos desde San Buenaventura hasta el propio Santo Tomás de Aquino (De unitate intellectus contra averroistas, 1270).
        La prohibición de la lectura determinados textos aristotélicos arranca ya del Sínodo de Sens (1210) y se mantiene, en el ámbito de la enseñanza, en los Estatutos de la Universidad de París que promulga el legado papal Roberto de Courçon (1215), lo que será confirmando (reforzando la concepción de la filosofía como “sierva de la teología”) por el papa Gregorio XI (1231).
        Sin embargo, en el año 1255 la Facultad de Artes de París logra promulgar unos Estatutos en los que se establece para los estudiantes la obligación de leer todo Aristóteles (con Averroes ya incorporado)… Son los años de magisterio de Siger de Brabante o Boecio de Dacia, empeñados en una docencia e investigación independientes asentada sobre la exégesis de Aristóteles desde la mera razón.
Pero los teólogos conservadores seguirán atacando estas posiciones, y, así, San Buenaventura clamará contra los filósofos parisinos que enseñan la eternidad del mundo, la unidad del intelecto humano y la mortalidad del alma (1267), abriendo el camino para que el Obispo de París, Etienne Tempier, condene trece pproposiciones relacionadas con esas enseñanzas.
        En 1272, la Facultad de Teología de París impone a la de Artes un nuevo Estatuto que prohibe en ésta las disputas teológicas: si la razón transciende su ámbito, debe aceptarse el dictado de la fe.
        El día 7 de marzo de 1277 Tempier, bajo los dictados de una comisión de teólogos conservadores, condenará como contrarias a las Escrituras y a la religión cristiana 219 proposiciones, bajo pena de excomunión para quien las sostuviera… Tempier señala directamente a los maestros parisinos e, indirectamente, a Averroes, pero, en realidad, ni unos ni otro parecen justificarlas, sino más bien el afán de reforzar los límites de la filosofía para evitar su autonomía teórica y las invasiones del campo de la teología, así como desechas las lecturas necesitaristas de la obra aristotélica, en la línea deAverroes y difícilmente compatibles con el credo cristiano.
        La tendencia averroísta en la incorporación aristotélica se mantuvo, de modo más moderado y menos conflictivo, en otros ámbitos del pensamiento cristiano como algunas Universidades inglesas o Pietro D’Abano en Padual
        En el occidente islámico el averroismo se irá tornando una filosofía decadente y residual, aunque jalonará sus estertores con nombres como los de Ibn Tumlūs de Alcira (1175-1223), Ibn ̀Arabī de Murcia (1164-1240), Ibn Sab ̀īn de Murcia (11216-1271) o Ibn Jaldūn (1332-1406). En el Islam Oriental la influencia del pensamiento de Averroes ha sido prácticamente nula

La importancia del averroismo político y algunos problemas abiertos

        Anacrónicamente comtemplada su figura por quienes lo consideran un ateo, como los teólogos conservadores del siglo XIII cristiano, o un librepensador, como Renan (1852), Averroes supone realmente, dentro de la Historia de la Filosofía, un incuestionable buscador de la verdad en las cosas y en los hechos… Esa actitud es, precisamente, la que lo convierte en un filósofo verdadero, más allá de la verdad de su filosofía, y la que dota sus doctrinas, ya muerto, de la capacidad para animar la revolución intelectual de la Europa del siglo XIII en plena controversia con las limitaciones de una incipiente escolástica cristiana.y de la menguada herencia del pensamiento judío (desde el monismo neoplatónico de Avicebrón, 1020-1070, hasta la imposible síntesis de un Aristóteles neoplatónico con el Antiguo Testamento en Maimónides, 1135-1204).
        Es, pues, sabio abierto al futuro. Un talento especulativo que, en su pasión por la verdad, entre la atenta observación de la naturaleza y el amor por la lectura, asume una firme integridad moral como auténtico prototipo de realización de la razón humana.