Louis Athusser (1918-1990)

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El estructuralismo marxista de Louis Athusser (1918-1990) y su escuela

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        El estructuralismo jugó también a ser marxista en los 60, lo que produjo las más intensas controversias, pero también las paradojas más brillantes y efímeras. Villacañas acierta a enmarcar la estrategia antihegeliana de Althusser en la voluntad de ignorar el giro «humanista» de los comunistas franceses de la generación anterior (Sastre, Camus, Merleau-Ponty), recuperando para el PCF la capacidad teórica perdida ante la URSS por la interpretación estoica de G. Bataille (1897-1962) sobre La Parte Maldita (1949), aprovechando para ello la coyuntura de la muerte de Stalin.
        El argelino Louis Althusser cobró fama en 1965 al publicar una serie de ensayos breves Pour Marx (La revolución teórica de Marx) y Para leer “El Capital” en colaboración con varios alumnos: E. Balibar, Establet, Macherey y Rencière, todos miembros del PCF, donde se trata de integrar el estalinismo en un relato continuo que se remonta a Marx: «Paradójicamente, fue necesaria la presencia de Stalin, cuyo contagioso e implacable sistema de gobierno y de un pensamiento que provocaba estos delirios, para someter esta locura a un poco de razón… Es a Stalin a quien hemos debido, en el seno del mal del que tiene la más alta responsabilidad, el primer choque. Es a su muerte a la que hemos debido el segundo. A su muerte y al XX Congreso (del PCUS)»
        Pero los trabajos del estructuralismo marxista, de Althusser, Godelier y otros subrayan los aspectos estructurales de la teoría de Marx, aprovechando el enfoque «antihumanista» de los Foucault, Barthes y Derridá que estaban canalizando hacia las estructuras del lenguaje las exigencias revolucionarias que se habían quedado sin sujeto. Su tesis principal consistirá en vilipendiar la importancia de la influencia de Hegel sobre Marx y Lenin, porque su concepción finalista y lineal de la sociedad habría contaminado ideológicamente al comunismo. Contra la imagen de un Marx humanista y dialéctico potenciado por la publicación de los Manuscritos, Althusser subraya la existencia del Marx «científico», que tras desprenderse del idealismo hegeliano en 1845, habría descubierto «el continente de la historia». El materialismo histórico, auténtica ciencia proletaria, habría sido formulado por Marx practicando una «ruptura epistemológica» respecto a la nebulosa idealista de Hegel e introduciendo el nuevo concepto de «causalidad estructural» para analizar la estructura de la sociedad capitalista.
        Así, al estudiar el concepto de ideología en Marx, sienta los siguientes principios, que recuerdan los temas lingüísticos y antropológicos: «Que cada ideología sea considerada como un todo real, unificado internamente por su propia problemática y en tal forma que no sea posible extraer de ella un elemento sin alterar su sentido... Que el sentido de este todo depende, no de su relación con una verdad diferente a él, sino de su relación con el campo ideológico existente, y con los problemas y la estructura social que lo sostienen y que se reflejan en él; que el sentido del desarrollo de una ideología singular no depende de la relación de este desarrollo con su origen o con su término, considerados como su verdad, sino de la relación existente, en su desarrollo, entre las mutaciones de esta ideología singular y las mutaciones del campo ideológico y de los problemas sociales que los sostienen...»
        Con un candor comunista indescriptible reedita Althusser la versión más positivista del marxismo al postular una «sobredeterminación en última instancia» de las estructuras económicas sobre las sociales y al atribuir a la filosofía un papel decisivo en el advenimiento de la «revolución social». La influencia de Althusser en los jóvenes universitarios del 68 fue inmensa al proclamar que el conocimiento es una práctica teoría de «producción de conceptos» a partir de la materia prima ideológica disuelta en la vida social. Comprometida con la «revolución social», la filosofía es una «teoría de la práctica teórica» que permite trazar distinciones tajantes entre ciencia e ideología, infraestructura y superestructura, etc. Althusser desarrolló estos conceptos en obras como Curso de filosofía para científicos (1972), al tiempo que reconoció las críticas que le hicieron de «intelectualismo» en Elementos de autocrítica (1974). Su trágica autobiografía El porvenir es largo (1985) arroja, sin embargo, una luz diferente sobre la personal confluencia que en Althusser tuvo su marxismo militante y el estructuralismo en boga.
        De mayor calado han sido los problemas que en el seno del marxismo suscitaron los nexos entre génesis y estructura. Veamos un texto de Godelier que ilustra esta afirmación: «En El capital encontramos el análisis estructural de las relaciones de producción capitalista (relaciones entre el capital y el trabajo asalariado) y encontramos que esta estructura se aclara por su génesis (teoría de la acumulación primitiva, de la génesis del arrendatario capitalista, etc.) y su forma de movimiento: fluctuaciones cíclicas y crisis a corto plazo, ley de la baja de la tasa de ganancia a largo plazo y ley de la necesidad del paso al socialismo, en la perspectiva última de la evolución general.»
        Así pues, para Godelier, el análisis marxista unificaría el análisis estructural y el análisis dinámico. Según Godelier, el estructuralismo practicado por los marxistas y cuyo método se encuentra ya plenamente realizado en Marx, salva el enorme hiato existente entre el plano sincrónico y el plano diacrónico: «El capital no ofrece una historia de los países capitalistas, sino una teoría del capital, es decir, relaciones entre estructuras dentro del sistema capitalista. Para Marx, es imposible abordar el análisis de la génesis y la evolución de un sistema sin haber identificado y explicitado previamente la articulación de sus estructuras. Del mismo modo, la lingüística estructural se inicia a principios del siglo xx difiriendo el examen de la historia, subordinándolo al descubrimiento de las estructuras. »Sin embargo, tal principio no es en Marx exactamente análogo al formulado por los primeros estructuralistas: prioridad de lo sincrónico sobre lo diacrónico. En Marx se concede la prioridad al descubrimiento de una invariante estructural que caracteriza como capitalistas a sociedades distintas, en momentos distintos, invariante que permite, inmediatamente, indagar la historia, no porque sea histórica, sino al contrario, porque está presente en distintos momentos del tiempo histórico.»
        Godelier ha llevado a cabo este programa del estructuralismo marxista principalmente en el campo de la antropología económica.