Naturaleza en el mundo griego

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HIDALGO, Alberto y otros.: Historia de la Filosofía. Madrid, Anaya, 1978.

El pueblo heleno no poseía ni un término, ni un concepto de «naturaleza» equiparable al nuestro de etimología latina, factura renacentista (como ha visto Cassirer) y valoración romántico-idealista (naturaleza/cultura, en Hegel). Por eso será preciso antes que nada explicar el significado de una serie de términos griegos, que se encuentran en su misma constelación semántica y por respecto a los cuales se va configurando un concepto de «naturaleza» cada vez más nítido.

Physis

Es el término griego que con mayor frecuencia será vertido por el latino de natura (y de ahí «naturaleza»). Se trata de un sustantivo derivado del verbo phyo, que en su forma transitiva significa «producir» y en las intransitivas: «nacer», «brotar», «surgir», «crecer», etc. La raíz phy, más el sufijo si, genera el sustantivo que significa «nacimiento», «crecimiento», o más exactamente «aquella fuerza íntima por cuya acción las cosas nacen y crecen». Observemos que el propio significado etimológico de physis nos conduce a considerar la naturaleza, no como algo completo y definitivo (perfecto), sino como algo que se encuentra todavía en la etapa de formación y crecimiento, esto es, como un proceso (infecto). No debe extrañarnos, por tanto, la asimilación que suelen hacer los griegos entre «vida» y «naturaleza» (la siempre viva); porque lo que ya es perfecto, está acabado, ha muerto.

«Cosmos» (kósmos

Es un término que también se traduce por naturaleza cuando ésta se toma en el sentido de «mundo natural». Etimológicamente significa dos cosas: «ornato» (de ahí cosmética) y «ordenación o disposición» (taxis) de los objetos. Según Heidegger, el primer significado debe interpretarse como presencia, brillo y, por tanto, belleza, noción ligada transcendentalmente a la de ser (tó ón). Pero aquí nos interesa más destacar el segundo significado, que en Empédocles dará lugar a la noción de naturaleza como «orden o disposición de los elementos», y en Heráclito permitirá emparentar este concepto con el de «adjudicación a cada cosa de su lugar propio». De este modo resultará que una cosa es «natural» cuando cumple su «destino» (moira), y antinatural, cuando instaura la «injusticia», adjudicándose una parte que no le corresponde.

Apresurémonos a precisar que donde nosotros apreciamos una extraña mezcla de planos entre el «reino de la naturaleza» (cosmos, mundo) y el «reino del espíritu» (destino, justicia), no hay tal mezcla para los griegos. La razón última estriba en que ellos no distinguían entre «el mundo en sí» y «el mundo para nosotros», ni entre el mundo físico, por un lado, y el mundo histórico-cultural, por otro. Tales distinciones irán abriéndose cami¬no lentamente entre ellos, al hilo de sus reflexiones sobre la naturaleza, co¬mo veremos. Esta advertencia nos permite entender por qué pertenecen a la misma constelación semántica que physis otros dos términos de aspecto claramente antropológico, a saber, «logos» y «téchne». [17]

Logos

Se traduce frecuentemente por «verbo», «palabra» o «habla». Pero la palabra no hace referencia a la actividad humana de hablar primariamente, pues para los griegos no es sólo una determinación subjetiva añadida desde fuera a los objetos en sí, sino la determinación a secas y por excelencia de los mismos. Etimológicamente, en efecto, logos viene del verbo légein (raíz le/og), que significa: (1) «reunir» o «recoger» de una manera selectiva; (2) «tomar o poner algo como algo», como tal o cual, esto es, dotarle de una cualificación determinada; y (3) «nombrar», es decir, caracterizar algo diciendo lo que es, mostrando su naturaleza. De este modo, el logos se relaciona con la physis, porque el nacimiento de una cosa es al mismo tiempo su determinación a la luz de la razón. Pero la razón, el logos, ya no es la razón de cada hombre particular, sino la razón del mundo, una y la misma para todos, de la cual «participa» cada hombre, lo mismo que «participa» de la physis, en la proporción que le ha tocado en suerte o en la parte que le ha sido adjudicada por el destino.

Téchne

Es un término que no se deja abarcar por nuestra idea de «técnica», pues tiene un. sentido más amplio. Etimológicamente proviene de la raíz tes, que lleva aparejados los significados de «dar a luz», «producir» o «crear» (véase technóo), pero también, sustantivada, los de «artífice», «ingeniosidad», «habilidad» o «astucia». Según esto, no es extraño que los griegos arcaicos hayan entendido la capacidad «inventiva» del hombre como una manifestación más de la physis. Pero si mencionamos aquí el término téchne no es tanto para demostrar esta conexión, cuanto para indicar el camino de su desconexión. Pues son, en efecto, las habilidades técnicas del hombre, y no sus capacidades intelectuales de abstracción, las que pri¬mero crearán entre los griegos la idea de una dualidad irreductible entre hombre y mundo natural. Esa es la explicación de por qué los griegos abarcaban con una sola palabra, téchne, todo tipo de saber práctico, y un solo término, technítes, les servía para designar tanto al herrero y al escultor como al médico. La idea de téchne será, en efecto, la primera que se opone globalmente a la de physis, contribuyendo a delimitar su significado.

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