Panorama sobre la Filosofía del Siglo XXI

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        Actualmente, estamos viviendo en la Era de la Información, de lo que se han hecho particularmente conscientes las filosofías de finales del siglo XX. No podríamos comprenderla si no conociésemos que antes ha habido una Era de las Máquinas y una Era de los Sistemas. Explicaremos las características de cada una.

La Era de las máquinas

        La «Era de las máquinas» comienza en el Renacimiento y termina al rededor de los años cuarenta del siglo XX. El producto de esta Era fue la revolución industrial. Hay dos ideas base o fuerza que sustentan esta época: mecanicismo y reduccionismo.

Mecanicismo

        Cualquier fenómeno es explicable, decían los pensadores y filósofos de la Era de las Máquinas, siempre que acudamos a la relación simple de causa-efecto. Por más explicaciones que alguien quisiera buscar, la explicación estaba ahí.
        ¿Es que no hay críticas a la idea de causa? Sí, el filósofo Hume criticó agudamente este concepto, pero la concepción subyacente era la relación causa-efecto, aun cambiando el nombre; la causa del fenómeno era necesaria y suficiente.
        ¿Por qué dominaba tal concepción? Porque durante mucho tiempo se habían dejado aparte al concepto de «ambiente». Los «laboratorios» en los que se llevan a cabo los experimentos estaban diseñados de tal modo que dejaban al margen todos los impactos del ambiente.
        ¿Que consecuencias se deducían de considerar a las causas liberadas de los influjos ambientales? Al estar determinados sus efectos, quedaban sin sentido toda una serie de conceptos: propósitos, fines, elección, libre voluntad, etc. Todos los adjetivos aplicados a estos conceptos los dejaban relegados al ridículo.
        A la vista de lo anterior, debemos preguntarnos por la concepción que la Era de las Máquinas tenía sobre el mundo. Según Según Rusell, L. Ackoff, había dos concepciones relacionadas:
        1. El mundo como una gran máquina, herméticamente cerrada, cuya actividad está determinada completamente por su estructura. Sin ambiente. El razonamiento de la Revolución Industrial era: El mundo es un reloj herméticamente cerrado, puesto en marcha por Dios. Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza. Luego el hombre debe construir máquinas que hagan su trabajo y sirvan a sus fines.
        2. El mundo compuesto últimamente de partículas. Estas partículas de materia tienen dos propiedades intrínsecas -masa y energía- y una propiedad extrínseca- la situación en un sistema coordinado de espacio-tiempo.
        3. Corolario: Concepción del trabajo. Consistía en el movimiento de masa a través del espacio o en la aplicación de la energía a la materia para transformarla o cambiarla. Así surgió el estudio del trabajo: Se descompuso el trabajo en tareas elementales. Se descompusieron las máquinas en elementos simples: rueda y eje, plano inclinado y palanca, que eran movidos por otras máquinas y se aplicaban separadamente o en combinación.

Reduccionismo

        En la Era de las Máquinas, todo podía descomponerse y dividirse en elementos simples, en partes indivisibles: Física: átomos. Química: elementos. Biología: células. Psicología: mónadas, psicones, instintos básicos, pulsiones, motivos, necesidades. En Freud, existe una concepción reduccionista de tres átomos: ello, yo, superyo. Sociología: individuos y grupos primarios.

Análisis

        «Todo el método consiste en el orden y disposición de aquello a que hay que dirigir el ápice de la mente para dar con una verdad. Pero esto lo observamos exactamente:
        1 ) Si reducimos las proposiciones complejas y oscuras gradualmente a otras mas simples.
        2) y luego, partiendo de la inspección intuitiva de todas las mas simples,
        3) tratamos de subir por los mismos pasos al conocimiento de la de todas las demás.»
        (Descartes: Regla quinta del Método)
        Hemos destacado este párrafo de Descarte para dejar en claro lo que es típico de todo análisis:
        1. Descomposición de lo complejo en partes simples, ultimas e indivisibles.
        2. Examen de cada una de ellas.
        3. Unión de las explicaciones parciales y formación de la explicación del todo.
        
        Los resultados de esta forma de pensar:
        1. La comprensión del mundo era la suma o resultante de la comprensión de sus partes conceptualizadas como lo mas independientes posible. Era el ideal de Laplace.
        2. Al dividir el trabajo para buscar la comprensión del mundo, se consideraban las disciplinas como virtualmente independientes.
        3. Se desarrollaron máquinas para que realizaban tareas tan elementales como fuera posible. Mecanización del trabajo físico.

La Era de los Sistemas

        Comienza en los años cuarenta y su producto es la revolución postindustrial.
        Se basa en dos ideas fundamentales: expansionismo y teleología, y una forma de pensar: la síntesis.

Expansionismo

        El expansionismo es compatible con el reduccionismo, pero sostiene que todos los objetos, acciones, sucesos, experiencias, forman parte de conjuntos mas amplios. Insiste en los aspectos de interrelación. Los conjuntos llevan el nombre de sistemas, y tienen una cualidad de emergencia, de no sumatividad, que permiten explicaciones mas completas de la realidad.
        Susanne Lange, en 1941, sostenía que la Filosofía había experimentado un cambio en los veinte años anteriores: el universo está compuesto de símbolos, que sustituyen a las partículas, sucesos y propiedades. Charles Morris, discípulo de Lange, dio, en 1946, un gran impulso a los estudios lingüísticos, con su Semiótica, o ciencia de los signos, que dividió en Sintaxis, Semántica y Pragmática. El símbolo estaba sustituyendo al átomo y había que acudir al idioma para entender la realidad.
        John Von Neumann y y Oskar Morgenstern, en 1944 expusieron su Teoría de los Juegos.
        Norbert Wiener, en 1948, en su Cibernética aportó el concepto de control y de feedback o retroalimentación. Él concibió la Cibernética como «La ciencia del control y de las comunicaciones en el animal y en la máquina».
        Claude Shannon y Warren Weaver, en 1949, en su Teoría Matemática de la Información, el concepto de «comunicación».
        Ludwig von Bertalanffy, en 1951, publicó su Teoría General de Sistemas.
        Lo importante es que se han invertido los términos. En lugar de ir buscando los elementos últimos de lo real, los filósofos y pensadores acuden a conceptos que sólo son posibles si se dan las operaciones de varios componentes.

Teleología

        Los pensadores de la Era de los Sistemas tienen en cuenta una distinción que hizo E. A. Singer.
        Primer sentido: Causa como condición necesaria y suficiente de su efecto. Segundo sentido: Causa como condición necesaria, pero no suficiente de su efecto.
        La relación causa-efecto en el segundo sentido es de: 1. Productor-producido. 2. Es probabilística. 3. Tiene en cuenta el ambiente. 4. Permite estudiar científicamente la conducta humana como dotada de finalidad y Propósito.
        a) Las semillas son causas necesarias, pero no suficientes de árboles y frutos. Hacen falta también: labradores, tierra, humedad, etcétera; b) El padre es causa necesaria, pero no suficiente, del hijo. c) La estructura de un coche no es causa suficiente de la marcha del mismo. Hacen falta también: la destreza del conductor, el estado de la pista, las condiciones atmosféricas, las conductas de otros conductores, etcétera.
        Podríamos decir que, a partir de los años cincuenta, volvieron a contar las causas finales, la teleología, en la concepción del mundo; se la llamó «conducta con objetivos».

Síntesis

        La forma de pensar de la Era de los Sistemas requiere esfuerzo porque va contra la tendencia humana a centrarse en individualidades aisladas. La síntesis trabaja con los conceptos que acabamos de enunciar, conceptos para cuya existencia hacen falta, al menos, dos o más componentes. Además, la síntesis trabaja con configuraciones y totalidades, lo cual no quiere decir que excluya el análisis. Los resultados de esta forma de pensar son:
        1. Comprender el mundo adecuadamente exige la interdependencia de los objetos, sucesos y situaciones. La independencia a ultranza hace que el sistema se cierre y se desordene.
        2. Para comprender el mundo hace falta un trabajo de interdisciplinaridad. Cuanto más se tarde en realizar este trabajo, tanto mas difícil será comprender globalmente los fenómenos.
        3. Las tecnologías de la Era de los Sistemas son fundamentalmente:
        3.1 Telégrafo, teléfono, radio, televisión (algunos de ellos inventados antes del advenimiento de la Era de los Sistemas). El telégrafo transmite símbolos. En los otros, la electricidad es la única fuente de energía que no puede verse. Todos mecanizan la transmisión de símbolos. Internet es el último logro de estas tecnologías.
        3.2. Medidores: termómetro, velocímetro, voltímetro, tensímetro, etcétera. Son aparatos o instrumentos que pueden observar y registrar las propiedades de objetos v sucesos. Generan símbolos que llamamos datos.
        3.3. Computador electrónico digital. Puede manipular los símbolos lógicamente.
        Resumiendo: Estas tecnologías hacen posible transmitir, observar y manipular los símbolos. Organizándolas en un sistema, los científicos y los inventores han hecho posible automatizar el trabajo mental en oposición al trabajo físico del hombre. Esto es lo más característico de la sociedad postindustrial.

La Era de la Información

        A finales del siglo XX , surgieron varias metáforas para describir las transformaciones que estaban surgiendo en el mundo: Aldea Global (Marshall McLuhan); Sociedad Informática (Schafft); Tercera Ola (Alvin Toffler).
        A comienzos del siglo XXI varios autores ofrecieron Proyecciones, Pronósticos y Predicciones y denominaron de diversas maneras a la multitud de fenómenos y hechos que observaban: Era de la Información, Sociedad de la Información, que evolucionará hacia una Sociedad del Conocimiento. También la han llamado Era Digital, Cibersociedad, Cibercultura, que fluyen hacia una sólida Nueva Economía, en la que se fundamenta el fenómeno de la Globalización.
        La fecha en la que los autores sitúan el comienzo de esta nueva Era gira en torno a la caída del Muro de Berlín o al derrumbe de la Unión Soviética.
        En el centro de todos esas visiones, la red de Internet aparece como una especie de símbolo de las llamadas Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs) , que llevan como apellido los términos digital y multimedia.
        Brunner ha resumido las características en las que diversos autores se han fijado para exponer esta nueva Era:

        • está en proceso de formación,
        • gradualmente adquiere una forma de estructura de redes,
        • se basa en generalizar y converger las llamadas nuevas tecnologías de la comunicación e información,
        • está dando lugar a economías que usan intensivamente el conocimiento,
        • para funcionar con eficacia social necesita adoptar la forma de una «sociedad de aprendizaje »,
         • va acompañada por intensas innovaciones organizativas, comerciales, sociales y
         • jurídicas,
         • dará lugar a diversos modelos de desarrollo,
         • el principal elemento diferenciador será el grado en que se integran o excluyen a
         • las personas, grupos y naciones,
         • está caracterizada por una mayor demanda de flexibilidad en todos los planos,
         • incluyendo las oportunidades de formación, los mercados laborales y las
         • relaciones sociales.
        En la década de los 90, Intemet se convierte en el símbolo de la nueva Era: es una red multimedia que se adapta a las necesidades de cada usuario; se convierte en el primer medio de difusión de nivel mundial. En 1993, el entonces vicepresidente de Estados Unidos Al Gore presenta el plan para construir una infraestructura digital de comunicación llamada Superautopista (o supercarretera) de la Información, una red de información planetaria con capacidad para transmitir imágenes y sonidos, que supone una gigantesca infraestructura global de telecomunicaciones, bases de datos, mega infraestructura computacional y electrónica. Detrás está el concepto de «redes de inteligencia distribuida», que permitirían abordar desafíos tan amplios como fortalecer el aparato democrático o los problemas globales y locales. Es decir, una innovadora propuesta para impulsar una total renovación del liderazgo estadounidense en el siglo XXI.
        Ese mismo año, el Consejo de Telecomunicaciones de Japón propone las Reformas hacia la Sociedad Intelectualmente Creativa del siglo XXI y diseña una estrategia que permita crear un sistema multimedia que lo ponga al día en relación a los EEUU.
        En 1997 la Comisión Europea populariza el concepto Sociedad de la Información, definiéndola como «una sociedad en la que las tecnologías poco costosas de almacenamiento y transmisión de la información y los datos se hacen accesibles a todos, provocando innovaciones organizacionales, sociales y jurídicas que cambiarán la sociedad en sus distintas dimensiones ».
        La Era de la Información está muy ligada al fenómeno de la Globalización. Por tanto, en los siguientes apartados, iremos ampliando la visión de esta Era.

La Teoría General de los Sistemas y la Globalización

        La Teoría General de Sistemas, de Ludwig Von Bertalanffy (1951), nos puede ayudar a comprender el fenómeno de la Globalización. Lo que vamos a hacer en este apartado es exponer los conceptos fundamentales de esta Teoría y los ilustraremos con ejemplos de la Teoría de Gustavo Bueno sobre la Globalización (2004).

Sistema

        Sistema es un conjunto de objetos junto con las relaciones entre los objetos y entre sus atributos. Los objetos son simplemente las partes o componentes de un sistema, y estas partes son de una variedad ilimitada.
Ejemplos de objetos:
        Sistema nuclear: átomos; Sistema solar: estrellas; Sistema educativo: alumnos. profesores, padres, textos, instalaciones, etc; Sistema de transportes: usuarios, automóviles, carreteras, señales de tráfico...; Sistemas interactivos o de comunicación: personas comunicando con otras.
        Los atributos son las propiedades de los objetos; las propiedades pueden ser estructurales o dinámicas, de acuerdo con los aspectos que distingamos en un sistema.
        Propiedad estructural de un objeto es una propiedad geométrica, cinemática o mecánica, o cualquier propiedad que puede expresarse como una función de éstas. Frecuentemente nos referimos a ellas como »físicas».
Ejemplos de atributos:
        Átomos: el número de electrones planetarios, los estados de energía de los átomos, el número de partículas atómicas en el núcleo, el peso atómico; Estrellas: Temperatura, distancia entre otras estrellas, velocidad relativa; Masas: Desplazamiento, momentos de inercia, momentum, velocidad, energía cinética, masa.
        Las propiedades dinámicas del sistema han recibido diferentes denominaciones: esfuerzo, tensión, stress, conflicto; intercambio de energía; mensajes; conductas comunicativas de los individuos. Depende de los sistemas que alguien estudia y de los marcos de referencia que emplea.

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        Las relaciones se llaman también interacciones, transacciones, etc. Mantienen unido el sistema; dan cuenta de su flexibilidad o rigidez; dependen de la situación concreta en que se encuentra el sistema; no son fácilmente perceptibles sin un esquema mental previo; la perspectiva y el propósito que los componentes tengan en un momento dado determinará el tipo de relación; también las presiones externas, o el miedo; muestran cierta regularidad.
Ejemplos de relaciones
        En el matrimonio, el propósito de la pareja de vivir y desarrollarse juntos hace que las relaciones tengan regularidad y consistencia. Si no coinciden en el propósito, las relaciones pueden encaminarse a disolver el matrimonio como sistema. Si el miedo a las consecuencias de todo tipo es superior a la diferencia de propósito, entonces las relaciones seguirán manteniéndose, pero con carácter diferente. También, después de una crisis, pueden reorganizar sus relaciones y vivir de una manera más auténtica y feliz.
        Entre los delincuentes, sin embargo, las relaciones están basadas en un propósito mutuo y, a la vez, en el miedo a las situaciones de indefensión en que podrían quedar sus componentes si cada uno fuera por su lado. Cuando pactan las bandas rivales, sus relaciones no son de tipo positivo, sino basadas en el miedo a destruirse. Y sin embargo, las relaciones mantienen regularidad, siempre y cuando una de las partes no adquiera un poder excesivo sobre la otra. La intimidad y el miedo pueden llegar a crear pautas parecidas, porque una de las partes está continuamente pensando en las acciones de la otra, las tiene siempre presentes. Llega un momento en que la conducta de una de las partes es inexplicable sin la de la otra. Dos personas íntimas pueden sentir como un desprecio o traición cualquier conducta que les parece intranscendente a quienes no mantienen relaciones de intimidad.
        Además, las relaciones pueden crear el sistema mismo. Hay muchas veces en que el sistema no existe y se levanta precisamente por las relaciones. Muchos matrimonios y negocios comienzan por encuentros casuales; las personas coinciden en simpatías o intereses y, al final, se casan o fundan una empresa.
        Las relaciones consumen mucho tiempo y energía, sobre todo cuando marchan mal. Las relaciones demasiado cohesionadas pueden resultar fatales para el sistema, porque lo convierten en cerrado. Aquí debemos situar las relaciones de los miembros que pertenecen a una secta.
        Oswald Spengler, en su libro El hombre y la técnica expone cómo los avances humanos exigen relaciones cada vez más complicadas. La cría de animales domesticados exige plantaciones para piensos; la cosecha y la siembra de vegetales nutritivos exige a su vez la existencia de animales de tiro y de carga; éstos, por su parte, presuponen la construcción de cercados; cualquier tipo de edificación exige preparar y el transportar materiales de construcción, y el tráfico requiere vías de comunicación, animales de carga y barcos.
        Para Bueno, la globalización es un proceso o una operación que se pone en marcha por la interacción de las partes del campo que va a ser globalizado.
        El Estado no sólo establece la moneda como parte formal del sistema económico. También, en su papel de Estado gendarme, hace posible que se mantengan a salvo los mercados de los asaltos de los que permanecen fuera de las cadenas de producción o distribución. Mediante la escolarización obligatoria hace posible la conformación de los individuos como productores y consumidores; mediante la política de seguridad social permite la subsistencia (incluyendo el panem et circenses) de una población que de otro modo causaría el desplome del sistema. El Estado crea además las infraestructuras (ferrocarriles, autopistas, líneas de alta tensión) sin las cuales la economía de mercado no podría funcionar.

Niveles de análisis

        La Teoría de Sistemas ha acuñado la expresión "niveles de análisis" para poder enfrentarse con el estudio de la realidad, distinguiendo subsistemas y suprasistemas. Completando lo que estábamos tratando en el apartado anterior, las relaciones principales son: entre los componentes del sistema; entre el sistema y su ambiente; entre el sistema y otros sistemas; entre el sistema y el suprasistema.
        Un Subsistema comprende la totalidad de las estructuras en un sistema que realizan un proceso particular. Si alguien dice: "La empresa necesita adoptar unos métodos modernos", nos estamos refiriendo al sistema "empresa"; Si decimos: "La empresa de construcción naval está viviendo en un ambiente turbulento", nos estamos refiriendo al subsistema "empresa de construcción naval". Puede ocurrir que otras empresas no estén viviendo en tal ambiente, sino en otro más tranquilo.
        El suprasistema de cualquier sistema viviente es el sistema inmediatamente superior en el cual es un componente o subsistema.
Ejemplos de Subsistemas y Suprasistemas
        Un Instituto de Bachillerato es un sistema; pero si lo consideramos dentro del conjunto de Institutos de una Autonomía, es un subsistema del Sistema educativo de esa Autonomía. Los sistemas educativos autonómicos son subsistemas del sistema educativo nacional.

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        El suprasistema de una determinada clínica será el distrito en el que este incluida esa clínica. Pero el suprasistema del distrito será el sistema de salud en general o nacional. Ahora bien, en un Sistema de Utilización del Conocimiento, la clínica es un subsistema de recursos, como el paciente es un subsistema usuario.


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        En las empresas multinacionales, el núcleo de decisión se encuentra fuera de cada país en el que se implantan, puesto que el suprasistema central es el que decide, por ejemplo, cerrar las fábricas de un país y trasladarlas a otro distinto.
        Gustavo Bueno explica estos conceptos con más profundidad. Sostiene que los llamados «círculos de Euler», utilizados en Lógica de clases, representan las relaciones posibles entre las clases lógicas —relaciones de intersección, disyunción, inclusión— por medio de círculos o esferas que o bien son secantes, o bien son exteriores, o bien están encajadas las unas en las otras, como se encajan los estuches en una caja china. Podemos utilizar estos círculos para visualizar los conceptos fundamentales de la Teoría General de Sistemas y de la Globalización.

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        La Globalización, en general, puede definirse, en una primera acepción, la que corresponde a la globalización operatoria, como una operación o secuencia de operaciones (o cooperaciones) que van dirigidas a la formación de un globo; y Globus, si nos atenemos al testimonio de Cicerón, es el equivalente latino del término griego Sphairos, esfera. Ahora bien, un globo o una esfera es una totalidad o volumen corpóreo finito, en el que las partes quedan incorporadas en un conjunto compacto, y separadas o disociadas de otras de su entorno.
        Por consiguiente, la globalización, en cuanto proceso que conduce a globos o esferas diferentes, o incluso a un mismo globo, pero conformado desde perspectivas distintas y aun opuestas entre sí (susceptibles de emanciparse de sus agentes, es decir, de los sujetos operatorios que las conformaron), habrá de ser considerada, en cuanto proceso finito, como nombre que admite el plural. Y ello nos pone delante de la cuestión de las relaciones posibles entre diversas globalizaciones o esferas promovidas en el ámbito de una misma categoría.
        En la Globalización por antonomasia, el parámetro no es otro sino el radio de la esfera terrestre. Conviene no olvidar que «la Esfera», por antonomasia, o «el Globo», por antonomasia, tuvo como referencia durante siglos a la Tierra; y, en función de ella, a la esfera armilar, como conjunto de esferas simbólicas englobantes y englobadas que giraban en torno del Globo terráqueo, en cuanto esfera que se suponía englobada por todas las demás esferas celestes.
        Bueno sostiene que una idea funcional de la categoría económica es la de «rotación recurrente» de bienes y servicios muy heterogéneos (producidos por las fuerzas de producción y ofertados al mercado) y recibidos por los consumidores (constitutivos de la demanda efectiva).
        Esta idea funcional de la categoría económica tomaría valores distintos (y concatenados entre sí en diferentes círculos abstractos de interacción) según el parámetro que asignemos a esos «círculos de rotación». Si tomamos los parámetros no ya, por ejemplo, de la naturaleza de los bienes puestos en circulación, sino del radio social en el que cierra un proceso económico recurrente (aunque el cierre sea abstracto), tendremos la siguiente clasificación, de «primera línea»:
        1) Economías particulares o privadas (familiares, de empresa...), cuando el radio del circuito se mantiene en la escala de sociedades familiares o de sociedades particulares de acciones. La rotación recurrente estriba aquí en la misma reproducción cíclica (estacionaria o ampliada) del proceso de rotación de las «haciendas particulares», de un modo indefinido. Las haciendas o empresas particulares están inmersas en un sistema envolvente, forman una red constituida por otras haciendas o empresas particulares, pero también por las haciendas públicas de las economías políticas, y son inseparables de ellas.
        2) Economías públicas, economías nacionales o políticas. El parámetro de la función «rotación» es aquí el radio del Estado. La economía se circunscribe ahora a la «administración» de la Riqueza Nacional (Adam Smith publica en 1776 su La riqueza de las naciones). En su versión extrema, la economía política tendería a circunscribirse íntegramente, de modo «autista», a los límites de la propia Nación, y su ideal sería el de la autarquía.
        Pero aunque reconozca desde el principio la necesidad del comercio inter-nacional, la necesidad de las exportaciones y de las importaciones, se interpretará esta necesidad desde la perspectiva del propio Estado, como ocurre en el «Estado comercial cerrado» de Fichte. Más sencillamente, como la necesidad económica que el propio Estado tiene de procurarse recursos, bien sea por una política de importación exportación, a otros Estados, bien sea por una política colonialista semicomercial, bien sea por simple depredación de las fuentes de materias primas, sin dar nada a cambio. Las empresas particulares, incorporadas a circuitos de una economía nacional, estarán controladas por el Estado. El Estado tendrá que conceder licencias de fabricación y, por supuesto, licencias de exportación y de importación (contingentaciones, etc.). Estos métodos de integración de las empresas particulares en la economía nacional suscitarán inmediatamente la resistencia de estas empresas a lo que ellas considerarán como una violación de su libertad y una «intromisión de la política» en la libre economía de mercado. Los debates teóricos entre librecambistas y proteccionistas suscitados en los tiempos de los economistas clásicos (Adam Smith, David Ricardo) no se han agotado en nuestros días.
        3) ¿Y cómo definir las economías globalizadas tal como se nos presentan en esta clasificación?
         Es preciso trazar una línea de frontera entre la perspectiva meramente material y la formal. Cuando utilizamos materialmente las categorías económicas, «economía globalizada» significará, por ejemplo, un sistema en el que existen «empresas globales», «ayudas financieras globales» de organismos internacionales tales como FMI (Fondo Monetario Internacional, OMS Organización Mundial de la Salud, FAO (Food and Agriculture Organization, Organización de la Alimentación y de la Agricultura). Ahora bien, cuando utilizamos formalmente esas categorías, no podemos hablar de un «parámetro planetario» en economía. Directamente, esta idea nos llevaría a postular un Estado universal y único, de radio planetario, asociado al «Género humano», sin que por ello pudiera quedar al margen de la rotación sistemática de los bienes y servicios; y entonces su administración podría ser llamada «global». Pero como este Estado universal no existe, no podemos hoy por hoy definir a la globalización desde el punto de vista de las categorías económicas, de este modo.

Frontera, límite, barrera, perímetro

        Es una de las propiedades estáticas del sistema. Cumple diferentes cometidos:
        a) Preservar la integridad del sistema.
        b) Permitir el paso de influencias externas y facilitar la salida de influencias propias, en forma de materia-energía y relaciones con el ambiente.
        Las fronteras son permeables. Pero esta permeabilidad admite grados. Y los criterios para establecer las barreras pueden ser espaciales, temporales o de pertenencia.
        Hay sistemas culturales políticos, educativos, industriales, de salud, administrativos, informativos, etc., que pueden llegar a definirse precisamente por la mayor o menor permeabilidad.
        Por ejemplo, China en su historia no parece haber estado demasiado abierta a las influencias externas. Roma, sin embargo, se caracterizó por la flexibilidad de sus fronteras en las relaciones con el exterior.
        En los sistemas políticos, ha llegado a ser una cuestión de interés central la "libre circulación de ideas y opiniones".
        La censura, abierta o encubierta, el autoritarismo y dogmatismo, el proteccionismo comercial, los intereses corporativos defendidos a ultranza, la apertura a las innovaciones, y muchos otros temas adquieren una visión totalizadora cuando se les contempla desde la perspectiva de los límites, fronteras o barreras.
        Las fronteras pueden ser individuales, interpersonales, grupales, organizativas, culturales, igual que los correspondientes sistemas.

Canal

         Es el punto en el que la frontera es permeable. Si estos canales son sensibles, las personas pueden disponer libremente de su activación. Cuando los canales están regulados institucionalmente, quién controla el canal puede llegar a convertirse en una cuestión central. Por ejemplo, en la redacción de un periódico o de una televisión, el redactor-jefe determina qué noticias publicar y qué otras no publicar.

Entorno o ambiente

        En la Era de los Sistemas, se acentúa la importancia de la interacción entre el sistema y el ambiente a través de los canales. "Los sistemas están inmersos dentro de conjuntos de condiciones físicas, espaciales, temporales y a veces simbólicas llamadas ambientes." Para explicar qué son las compañías «globales», Bueno ha destacado las relaciones entre diferentes ambientes:

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        De hecho, tras instituciones económicas plenamente integradas en la economía política (como las empresas nacionales y aun las multinacionales) aparecen nuevas instituciones (las «empresas globales», entre las más señaladas) que aparentemente ya han perdido toda conexión con las economías políticas. Aparentemente: porque parecen «flotar» en un sistema económico cosmopolita en el que los Estados ya no intervendrían. Sin embargo, siguen siendo los Estados los que ofrecen las infraestructuras, y los que mantienen el orden policíaco y militar. Sin contar que los propios trabajadores, obreros y ejecutivos de estas «empresas globales» siguen siendo ciudadanos de cada Estado, en el que han nacido, se han educado y en cuyo ámbito mantienen sus intereses familiares (no son ciudadanos de ningún «Estado global»): por tanto es a un Estado determinado al que pagan sus impuestos y del que reciben los beneficios del estado de bienestar, que afectan directamente a su economía doméstica.
        Sin perjuicio de que muchas «empresas globales» hayan desarrollado un ideario propio y hasta un himno que sus empleados cantan «con ardor» en sus asambleas internacionales —ceremonias que ideológicamente pueden producir en los empleados el sentimiento de pertenecer a un orden que está más allá de los anticuados Estados políticos nacionales—, los empleados siguen adscritos a sus propios Estados, y en ellos tienen que participar de sus ceremonias y hasta movilizarse en su defensa, en caso de conflicto armado, con el ardor de su himno nacional. De hecho, las «Glo-Cos» (Global Companies) según las características que utiliza el banco de negocios Goldman Sachs para definirlas, han de tener una «dimensión local», es decir, han de ser percibidas en cada país como una empresa local y no como una división de una empresa extranjera. Podría decirse que la ideología de las empresas globales respecto de los Estados que las amparan, las hace parasitarias de estos Estados.

Sistema cerrado

        De acuerdo con la permeabilidad de las fronteras, con la disponibilidad de canales y con el grado de interacción sistema-ambiente, tendremos sistemas cerrados y sistemas abiertos. O también, un sistema será tanto más cerrado cuanto más ponga el acento en las propiedades estructurales o estáticas, mientras que será mas abierto si se activan sus propiedades dinámicas o funcionales. Sistemas cerrados son:
         a) Los típicos en la Edad de las Máquinas, sobre todo en la experimentación de la Química física.
         b) Los sucesos que pueden ocurrir en un sistema cerrado están predeterminados por las condiciones de que parten.
         c) Operan de acuerdo con la segunda ley de la Termodinámica. Una cantidad llamada "entropía" crece hasta un máximum y se para cuando las condiciones del sistema son casuales, caóticas y deterioradas, cuando el sistema pierde organización y estructura.

Sistemas abiertos

        Los sistemas vivientes son sistemas más o menos abiertos. La interacción con el ambiente es continua cuando se trata de materia-energía e información, admitiendo diversos grados, según el tamaño del sistema. Un árbol está transformando continuamente su estructura por el intercambio que efectúa con el ambiente. Una empresa que no da salida a sus productos ha de cerrar. Un centro educativo que quiere mantenerse al día esta continuamente recibiendo o creando fórmulas didácticas nuevas de información e instrucción y transformando el ambiente de aprendizaje.
        El ambiente mismo puede convertirse en tema primordial de cambio, como podemos ver en el movimiento de los consumidores, usuarios o ecologistas, que luchan contra la degradación de lo que entra en el sistema, de lo que sale o del ambiente mismo.
        Los sistemas abiertos perviven porque: a) están en un continuo proceso de flujo y reflujo; b) acometen o sufren procesos constructivos o destructivos: anabolismo y catabolismo; c) en el proceso total -metabolismo- intercambian materia-energía e información.

Propiedades de los sistemas abiertos

Proceso

        Componentes, atributos y relaciones forman un proceso, entendiendo por tal "una continua interacción de un numero indefinidamente grande de variables con un concomitante y continuo cambio en los valores tomados por tales variables."
        Las entradas en el sistema pueden venir en forma de materia-energía o información. Pero el factor tiempo, por ejemplo, hace que continuamente estén variando sus valores, de manera que distinguimos plazos largos, intermedios y cortos como claves para la supervivencia del sistema. Quedarse en el plazo largo, sin atender el inmediato es utopía. Dedicarse al plazo corto, sin contemplar el intermedio ni el largo, puede quemar las posibilidades del sistema.
        El sistema se esta reajustando continuamente, porque varían las condiciones de su actuación. El pasaje de materia-energía e información puede verse afectado por contribuciones inesperadas de los componentes del sistema, por la fuerza de sus relaciones o por la distorsión destructiva.
        Las salidas, productos o resultados del sistema pueden corresponder a los planes que se habían hecho o pueden estar muy por debajo de lo proyectado. Pueden ser también salidas que se conviertan en externas, sin más, al sistema, o en salidas que retornen como entradas al sistema para que este efectúe las acciones correctoras oportunas.
        La interacción de las variables determinará si el sistema tiene una estructura apreciable o mínima. Hay veces en que los sistemas se forman sin apenas estructura, para fines muy concretos. Por ejemplo, para una excursión de un día. Hay otras en que la estructura se extiende hasta los detalles más mínimos de la actuación de sus componentes. Un viaje de fin de Curso al extranjero exige mucha más preparación.
        La interdependencia de las variables se ve afectada por el propósito que se tenga, pero también hay que tener en cuenta las condiciones concretas en que trabaja un sistema. Existen muchos casos en los que tanto como el propósito cuentan las estructuras jerárquicas y la división del trabajo o el modo de comunicación establecido por costumbre o por escrito.
        Según Bueno, el mercado libre podría ser tomado como el núcleo mismo de la idea de economía siempre que entendamos el mercado como el proceso mismo del intercambio de bienes y servicios, cuando este proceso se mantenga de un modo recurrente, sea por modo estacionario, sea por modo ampliativo o expansivo. Para esto resulta imprescindible la invención de la moneda, como unidad de cambio que hace posible el intercambio equitativo, es decir, el intercambio de los bienes y servicios más heterogéneos según relaciones de igualdad, en el sentido económico (simetría, transitividad, reflexividad) y no ya en sentido ético, moral o político.
        La recurrencia del mercado tiene una estructura cíclica, cuyos ritmos básicos están marcados, en gran medida, por los ritmos biológicos de la alimentación y sociales. Pero es evidente que la recurrencia del mercado sería imposible sin el mecanismo de provisión incesante de bienes orientados a la reposición y a la expansión. Como los bienes y servicios intercambiables en el mercado son todos ellos «instituciones culturales», que han de ser fabricados o manipulados acogiéndose a normas estrictas, se comprende que el mercado implique necesariamente un sistema organizado de producción. Por último, la distribución de los bienes finaliza en los consumidores individuales.

Totalidad

        Por el carácter de interdependencia que las partes tienen, resultará que la actividad, conducta o cambio de cada una de ellas producirá un cambio en todas las demás y en el sistema en su totalidad. En un sistema no hay efectos independientes. En la Edad de los Sistemas se ha operado un cambio fundamental; en lugar de centrarse en conductas aisladas, a) Se tiende a unir en totalidades; b) Estas totalidades reciben numerosos nombres: complejos, configuraciones, organizaciones, etc.; c) No debe haber objetivos independientes para los individuos, los grupos y el sistema. Cuando esto ocurre, se produce una crisis o un completo caos; d) Ha de lograrse eficacia, es decir, el logro de los objetivos, pero también eficiencia, es decir, lograrlos al mínimo costo y con las acciones mas apropiadas. Si no, el sistema puede "quemarse" por sobrecarga en el momento presente; e) Cuando se producen efectos no previstos o perjudiciales, el sistema puede autorregularse mediante la información de retorno, a la que luego nos referiremos; f) Un sistema no es igual a la suma de sus partes, es decir, el sistema tiene la propiedad de la "no sumatividad"; g) En lugar de un resultado cuantitativo, los sistemas logran un cambio cualitativo, efecto multiplicador o "propiedad emergente". h) Tal propiedad emergente recibe los nombres de "sinergia" y "serendipity"; i) También los sistemas muestran una pauta circular en sus procesos expansionistas y sintéticos; j) Esta propiedad de "circularidad" ha recibido el nombre de "causalidad multilateral mutua".

Intersección o interfaz

        Los sistemas pueden estar solapados, de forma que elementos de uno y de otro formen un sistema nuevo. Sobre todo, los fenómenos de intersección se dan cuando el sistema se constituye pensando en una duración determinada.
        Hay veces en que los sistemas se encuentran con problemas cuya solución no pueden hallar dentro de sus posibilidades internas. Entonces hay que acudir a buscar información fuera. Cuando se establece una colaboración durante un período concreto entre miembros del equipo interno y miembros de otro equipo externo, se llega a la formación de un equipo nuevo, de un nuevo sistema. Las intersecciones o interfaces pueden variar con relativa frecuencia, pero si el sistema quiere mantener relaciones estables y duraderas con otros sistemas, será necesario determinar en concreto qué intersecciones puede establecer. Para ello es conveniente, como para los conceptos que aquí estamos explicando, visualizar las intersecciones que pueden descubrirse o planearse en un proyecto particular.

"Feedback", retroalimentación, realimentación, información de retorno

        Para entender el concepto de feedback, hemos de tener presentes las nociones de "entrada", "salida", "propósito" y "control". Igualmente, los de "totalidad" y "circularidad".
        a) Si ha de haber correspondencia o control entre el propósito, objetivo o meta deseados y el resultado, salida o producto, el feedback es la información con la que se efectúa esa correspondencia o con la que se buscan alternativas para lograrla de forma diferente.
        b) Como consecuencia de las propiedades de "proceso" y "totalidad", el sistema muestra "circularidad" o "causalidad multilateral mutua". El feedback es parte indispensable de tal circularidad. Se representa gráficamente mediante lazos o bucles, en los que una salida del sistema se recicla o retorna como entrada al sistema.
        c) Hay una información de retorno que tiende a igualar, generalizar y estabilizar el equilibrio interno del sistema, a la homeóstasis. Este proceso por el que se contrapesan, igualan o eliminan las desviaciones, errores, diferencias o vacíos, es decir, la falta de correspondencia, se llama morfostasis.
        d) Hay una retroalimentación del sistema que no tiende sólo a la producción y mantenimiento del sistema, sino al cambio y a la innovación. Aquí, en lugar de generalizar, se trata de discriminar. En lugar de uniformar e igualar, se tiende a amplificar las desviaciones, posibilidades, alternativas y elecciones. Tal proceso recibe el nombre de morfogénesis.

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        e) Las manifestaciones de la morfogénesis han recibido muchas denominaciones: creatividad, pensamiento divergente (De Bono), juego, Niño Natural (Berne), serendipity (encontrar algo distinto y mejor de lo que buscamos), etcétera.
        Gustavo Bueno, en el contexto de la Globalización, pone un ejemplo que podría ilustrar estos últimos puntos:
        No es nada evidente que el Descubrimiento mismo, sin perjuicio de su importancia como premisa para la globalización ulterior, hubiese tenido como objetivo una globalización económica. Parece que el objetivo principal de los Reyes Católicos no fue de índole económica sino política: coger a los turcos musulmanes por la espalda una vez expulsados sus correligionarios del Reino de Granada (los objetivos de Colón fueron probablemente económicos, pero no globalizadores, si es que él buscaba sencillamente su enriquecimiento y el de su familia).

Codificación

        De acuerdo con las explicaciones presentadas al hablar de las tecnologías de la Edad de los Sistemas, sabemos que es posible automatizar el trabajo mental, porque hay máquinas que trabajan con símbolos. Esta conquista ha sido posible porque los sistemas tienen la propiedad de codificación. Debemos entenderla en el sentido de que los sistemas:
        a) reciben entradas que pueden captar porque están por encima de su nivel sensorial,
        b) poseen capacidad para controlar dichas entradas, por medio de ciertos conjuntos de reglas:
        Reglas sintácticas que establecen las relaciones entre los diferentes componentes en que puede translucirse una codificación determinada, sean estos componentes signos o símbolos.
        Reglas semánticas, que establecen las relaciones entre los componentes de una codificación determinada y aquello a que se refieren.
        Hay dos tipos de codificación: digital y analógica.

Equifinalidad

        Las amplificaciones, posibilidades, alternativas, elecciones u opciones demuestran otra propiedad dinámica de los sistemas: su equifinalidad.
        a) Esta propiedad permite al sistema alcanzar el mismo resultado o fin por muy diferentes medios y procedimientos.
        b) Los sistemas abiertos, al intercambiar materia-energía e información con sus ambientes se oponen a la determinabilidad del estado de un sistema. Pueden admitir lo que a primera vista parece una contradicción, es decir, un aumento de organización y una disminución de entropía.
     c) No todas las alternativas u opciones tienen el mismo peso. Por eso, ha de haber, por parte del sistema, una estimación de las probabilidades, una comparación entre las alternativas. De lo contrario, no se sabe la mejora que una tiene sobre otras.
        Estos tipos de resultados son relativos, pues están en función del tiempo como variable fundamental.

Propósito

        Una de las características que están presentes en la Edad de los Sistemas es la teleología, lo que G. Bueno denomina prólepsis, planes y programas. .
        Los sistemas con propósito, que quieren lograr un resultado, no están determinados, ni tienen una causalidad unilateral; pueden elegir entre diferentes alternativas precisamente porque poseen equifinalidad y porque muestran circularidad en sus pautas de comportamiento.
        Este propósito puede ser consciente o inconsciente y estar más o menos explícitamente formulado. El fallo de muchos sistemas esta en no saber formular explícitamente qué salidas quiere.
        Aparte de formular mejor o peor los resultados que el sistema quiere lograr, los componentes de un sistema pueden estar en conflicto, porque coinciden en los planes, pero no en los programas o viceversa.
        G. Bueno ha distinguido, como ningún otro autor lo ha hecho, entre resultado y resultancia. Por ejemplo, según él, hay que distinguir las globalizaciones operatorias (intencionales, que presuponen sujetos operatorios, y que se proponen precisamente conseguir una estructura global, como es el caso de las llamadas GLO-CO o empresas globales) de las globalizaciones-resultancias, no intencionales, sino efectos impersonales de las interacciones de términos dados (eventualmente personales) en un campo preexistente. La distinción no es disyuntiva (dicotómica); lo más probable es que las globalizaciones operatorias estén engranadas a procesos de globalización impersonal, que «marchan por sí mismos», pero que pueden ser orientados, acelerados o frenados, en un sentido o en otro, por una globalización operatoria planificada. De este modo, una globalización concreta podría considerarse a la vez, como una resultancia de factores que habrán de ser analizados y como un objetivo intencional operatorio.

Ejemplos paradigmáticos de cada modelo de globalización

        Quienes han estudiado la Era de la Información se han quedado muy lejos de la profundidad y de los detalles que Bueno muestra. Por eso, podemos completar muy el panorama de esta Era con los ocho modelos de globalización que Bueno ofrece. Los cuatro primeros son expansionistas. Los cuatro últimos, atraccionistas.
        Modelo 1: Globalización de idiomas, de religiones o de sistemas políticos, con pretensiones expansivas universales globalizadoras, «imperialistas» y excluyentes.
        Modelo 2: Universalización del American Way of Life, en tanto comporta la expansión de un sistema político, de una lengua, de una forma de familia, de unas costumbres, de una determinada arquitectura doméstica, de una moral y de una religión.
        Modelo 3: Política exportadora de las empresas respecto de productos universalmente consumibles (vinos, quesos, etc.), que no se consideran mutuamente excluyentes.
        Modelo 4: Política exportadora por parte del Estado o de las empresas particulares de múltiples productos de cada país, en competencia con los de cualquier otro.
        Modelo 5: Retransmisiones, en televisión formal, de acontecimientos que son únicos en cada momento: coronaciones, bodas, entierros reales.
        Modelo 6: China en cuanto «Imperio del Centro», dotado de unicidad.
        Modelo 7: Las televisiones de diversos países como símbolos de la «aldea global».
        Modelo 8: Imperialismo económico-político del Imperio romano o del Imperio americano del presente.

Las filosofías de la Globalización

        El tratamiento que Bueno da a las filosofías sobre la Globalización puede aplicarse, prácticamente al pie de la letra, a las filosofías sobre la Sociedad de la Información. Por tanto, hay dos filosofías: la de la globalización oficial y la de la antiglobalización (en cuanto incluye las globalizaciones alternativas).
        4.8.1. La filosofía de la globalización oficial, sin perjuicio de sus múltiples versiones es una ideología marcada fuertemente por una tonalidad optimista en todo cuanto se refiere al «destino del Género humano». Los grupos vencedores, tras las sucesivas victorias contra el nazismo y contra el comunismo, cristalizaron esta filosofía. Se habría consolidado mediante el acatamiento de todos los Estados a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y a la extensión a casi todos los Estados del régimen de «democracias parlamentarias homologadas» (régimen regularmente vinculado a la economía del mercado pletórico). La ideología oficial de la globalización implicaría, además, la distinción entre dos fuentes de la globalización que manan con relativa independencia, sin perjuicio de su eventual y armónica confluencia, de acuerdo con las premisas del optimismo:
        4.8.1.1. Una fuente pública, oficial, que se supone comienza a manar cuando han alcanzado su madurez y libertad posibles las instituciones públicas inspiradas filantrópicamente por objetivos éticos (puros, idealistas, no mercantiles) tales como la ONU, la OMS (Organización Mundial de la Salud), la UNESCO, el FMI (Fondo Monetario Internacional, el BM (Banco Mundial)... Estas instituciones se propondrían como finalidad específica promover el desarrollo de los pueblos y elevarles hacia la democracia y hacia la cultura, y garantizar el orden público y el bienestar, lo que se llama «su libertad».
        4.8.1.2 Una fuente particular, de índole más bien privada, que alimenta los legítimos intereses económicos individuales o de grupo, que también hayan alcanzado su plenitud, la maduración de la libertad creadora de todos los hombres, capaces por sí mismos, sin necesidad de estar constreñidos por las normas de un Estado, de crear empresas nacionales o transnacionales enfrentadas en una competencia cada vez más transparente. De esta competencia emergerían por selección natural (por tanto, una vez eliminadas las trabas estatales, y una vez abierto, un terreno para el laissez faire), los mejores.
        Las empresas excelentes crearán nuevos puestos de trabajo y un mercado global autorregulado, que incluirá la elevación del nivel de vida de los trabajadores y la posibilidad de que todos los ciudadanos puedan ser accionistas de una empresa cuyos títulos se venderán en una bolsa continua universal. Esta situación económica, junto con la democracia parlamentaria, podrá permitirnos comenzar a pensar en el fin de la Historia.
        Podría afirmarse que la Idea de Globalización, en este contexto, arrastra siempre algo de «haber llegado al final», de haber rodeado el campo de acción, de haber acabado las tierras por conquistar o por colonizar. En sus versiones más radicales, la globalización oficial se entenderá como un proceso capaz de llevarnos al mismo fin ideal que, por vía violenta, habría sido intentado por el anarquismo revolucionario o por el comunismo: el fin de la extinción del Estado y con él, de la Historia. En efecto, la globalización, como desbordamiento o «descolocación» (como si fueran electrones metálicos) de las empresas de sus «lugares naturales» (nacionales) se interpretará como un proceso mediante el cual, el Estado queda neutralizado («más mercado, menos Estado»).
        Por último, la filosofía de la globalización oficial verá a las filosofías antiglobalización como formas de «contestación» meramente residuales (antiguas ideologías comunistas, anarquistas, movimientos antisistema) o utópicas. Filosofías fuera de la realidad, que parecen destinadas únicamente a estorbar o deslucir algunos pasos de la «corriente central de la Historia» que lleva hacia su destino a la Humanidad. Lo que no excluye la posibilidad de reconocer, con Stirglitz, múltiples errores en la gestión de los planes y programas globalizadores.
        4.8.2. Más difícil es hablar de una «filosofía de la antiglobalización», y no porque no haya ninguna, sino porque hay muchas. Unas son de orientación pacifista; otras, de orientación violenta y otras tienen una orientación superglobalizadora: las que buscan «englobar» al Género humano, en el orden de los primates, en la línea del Proyecto Gran Simio. Parece lo más pertinente tomar como criterio para distinguir estas ideologías su relación con el capitalismo. Desde este punto de vista podríamos establecer dos grupos de ideologías antiglobalización:
        4.8.2.1. Ideologías del antiglobalismo radical, inspiradas en un rousseaunianismo de nuevo cuño, que comenzó a abrirse camino ya en los años 60 como una crítica a las instituciones en general en cuanto «órganos» a través de los cuales el «poder» actúa sobre los individuos, reprimiéndoles y destruyendo su libertad. Buscan denunciar los mecanismos represivos ocultos en las instituciones. Y no sólo en las instituciones ligadas a la empresa capitalista, sino también a instituciones (a veces, muy vinculadas con las empresas) tales como la familia, la escuela, la cárcel, el psiquiátrico o el cuartel y, desde luego, el Estado. El «análisis institucional» esbozaba, podríamos decir, una suerte de proyecto de antiglobalización que desembocaba en un proyecto de «globalización negativa» (negativa de las instituciones que seguirían siendo los soportes de la globalización oficial); una globalización que se popularizó en el movimiento hippie, o en los «movimientos libertarios contra el Poder» (en el sentido de Foucault, Deleuze, Guattari, pero también de René Lourau, de Castel, de Cooper, de Laing...) de «mayo del 68» y en otras corrientes que vendrán a desembocar en muchos de los manifiestos antiglobalización de Seattle, Davos, &c., de la década de la globalización oficial.
        4.8.2.2. Ideologías que basan su crítica a la globalización oficial en las implicaciones indisolubles que ésta pueda tener con el modo de producción capitalista.
        4.8.2.3. Las ideologías antiglobalización tienden a negar la distinción entre globalización pública y privada. Lo que constituye el fenómeno de la globalización resultaría de una sola fuente, formada precisamente por la confluencia de los dos cursos. De esa confluencia resultaría la fuente que alimenta el fenómeno de la globalización, el «turbocapitalismo».
        El turbocapitalismo habría comenzado a tomar cuerpo al final de la Guerra fría y se habría desarrollado a medida en que fue desapareciendo el obstáculo real que impedía su expansión, a saber, la Unión Soviética. A partir de ahora el FMI y el G7 (Grupo de los Países más ricos), podrán ya cooperar en armonía.
        Según esto, la globalización no sería otra cosa sino la misma expansión sin trabas de capitalismo más voraz. Un capitalismo que tiende a crecer continuamente, en economías de escala, como un cáncer, bajo la hegemonía de EE.UU., impulsado por la necesidad no ya subjetivo-psicológica (la «voracidad de los capitalistas»), sino objetivo-empresarial de obtener más beneficios. Libre del bloqueo comunista, que obligaba a las economías nacionales a regular las condiciones del trabajo y a garantizar los mínimos del Estado de bienestar, el capitalismo tenderá a desprenderse de las ligaduras que los propios Estados le imponían. Las grandes empresas, obligadas a mantener sus ritmos de incrementos de la producción y de sus ventas, tenderán a fusionarse en gigantes industriales o financieros. De este modo, se verán obligadas a extender su campo de actividad de producción y comercio a la totalidad de la superficie del Globo terráqueo.
        Detener este cáncer maligno es lo mismo que detener al capitalismo. Pero muy pocos, después del derrumbamiento del Comunismo, se atreverán a intentar siquiera restaurar, para detener la inundación capitalista, la plataforma estatal. La «resistencia al maligno» habrá de surgir de las propias masas explotadas de la Periferia o del centro del «cuadrilátero del mal»: USA, Canadá, Unión Europea, Japón.
        Todas las esperanzas se pondrán en este supuesto «movimiento espontáneo antiglobalización» y, en gran medida, apolítico. De ahí la tendencia de los movimientos antiglobalización a mantener o a fabricar la conciencia de un origen autónomo, de una esforzada historia, cuyos pasos podrían contarse por las sucesivas concentraciones internacionales antiglobalización. Concentraciones que, sin embargo, han estado determinadas, casi siempre a la contra de las conferencias que sucesivamente, y siguiendo su propio ritmo, han debido ir celebrando las instituciones del capitalismo global Podríamos constatar que mientras que la «globalización oficial» celebra asambleas en sedes cerradas, la «Antiglobalización» no tiene sedes cerradas para celebrar sus asambleas: éstas tienen lugar al aire libre y son itinerantes.
        Para G. Bueno, hay tanto idealismo metafísico (por no decir mitología) en los movimientos antiglobalización, como lo hay en los movimientos de la globalización basados en el «fundamentalismo del mercado». ¿Y por qué llamamos metafísica a la ideología de la globalización oficial? Porque metafísico es el supuesto de que los hombres, entregados a su libre y esforzada creatividad, lograrán encauzar al Género humano hacia estados de progreso creciente, de libertad, de bienestar y de felicidad. Un supuesto que se empeña en desconocer el hecho de que la resultante de la composición de múltiples operaciones teleológicas inteligentes (individuales o de empresa), no tiene por qué ser teleológica e inteligente. La resultante de los millones de transacciones inteligentes que impulsan los movimientos de la bolsa internacional no es ni inteligente ni teleológica, se parece más bien a los movimientos de un autómata ciego que ni siquiera es capaz de controlar sus variables. Por este motivo, si el autómata globalizado —pero no global, precisamente porque no controla la integridad de sus variables— comienza a detener el proceso desbocado de su movimiento, no será debido tanto a los estorbos que le oponen los movimientos antiglobalización (que tampoco hay por qué subestimar), sino al colapso de muchos de sus circuitos intermedios (tales como la crisis de los «dragones asiáticos» en 1998; las crisis del 2000 —ENRON— o las del 2003 —PARMALAT).
        Pero la ideología de los movimientos antiglobalización, al margen de que sea también metafísica o utópica puede resultar ser muy poco eficaz en la medida en que carece de proyectos positivos. Las inversiones del FMI o del BM habrán producido distorsiones, desequilibrios, desigualdades, injusticias, pero todas ellas han resultado impulsar el proceso mismo del desarrollo de muchos millones de personas y de muchos territorios. Los movimientos antiglobalización, en cambio, todavía no pueden ofrecer resultados positivos, ni buenos ni malos: su historia es la historia de una protesta sostenida contra el Monstruo, el monstruo del capitalismo maligno, atribuyéndole (Informe Lugano, por ejemplo) programas tipo E.E.R.P. (Estrategias de Reducción de la Población), orientados a reducir en 20 años la población actual de 6.200 millones, a los millones de 1975 (unos 4.000 millones) recurriendo a la guerra, al SIDA, a la tuberculosis, y a la desnutrición programada de determinadas áreas de la Tierra.
        Los movimientos contra la globalización se asemejan así, por la indefinición de sus objetivos prácticos, a los movimientos contra la guerra. A la globalización oficial oponen una globalización no capitalista, que está por definir, salvo muletas tipo Tasa Tobin de ATTAC, que se mantienen dentro del sistema capitalista. Los movimientos contra la guerra, levantan la bandera de una Paz que tampoco está definida de un modo positivo; es sólo la bandera de la paz negativa, del cese del fuego, del armisticio.
        Además, los movimientos antiglobalización son también, en general, movimientos pacifistas. Lo que no autoriza a concluir que los movimientos globalización no sean pacifistas. Precisamente algunos ideólogos de la globalización sostienen (combinando el llamado «principio de la universalización de la democracia parlamentaria» de Fukuyama con el llamado «principio de la imposibilidad de la guerra entre democracias» de Doyle) que la Globalización conduce precisamente a la Paz Perpetua, al fin de la Historia.
        Ahora bien, sin perjuicio de que a los manifestantes (en las calles, en las tribunas políticas, en la prensa, radio, televisión o Internet) haya que reconocerles necesariamente un importante acervo (muy variable) de conocimientos empíricos, técnicos, geográficos e históricos sobre la guerra y sobre la globalización, la perspectiva de sus reivindicaciones no es propiamente técnica o científica, sino que es ideológica, es decir, de naturaleza filosófica.
        Quienes se manifiestan contra la Globalización no lo hacen tanto «por conocimiento de causa», contra las medidas concretas adoptadas por el G7 o la OMC (Organización Mundial del Comercio), sino contra la globalización en general, en cuanto ella amenaza —se dice, por ejemplo— a las «identidades» de los pueblos que estarían a punto de ser anegados por la inundación capitalista. Los que se manifiestan contra la globalización «exigen», no tanto la supresión de medidas concretas, relativas al mantenimiento de determinada tasa del «precio del dinero», o la introducción de medidas orientadas a regular los intercambios de divisas, sino la rectificación completa de la globalización en curso, de la «globalización oficial»), y esto en nombre de una «convivencia más justa» de la Humanidad futura.
        En conclusión, las reivindicaciones de los manifestantes antiglobalización (tanto si son radicales como si no lo son), se mantienen a escala filosófica, a escala de Ideas generales tales como las de Guerra, Paz, Globalización, Género humano, Libertad, Identidad, Dios, Humanidad, etc. La perspectiva desde la que se habla de los asuntos concretos es la perspectiva del Género humano, en sus relaciones con la Globalización (¿Acaso está inscrita, en el curso de la Historia de la Humanidad, su Globalización como Sociedad internacional de mercado pletórico?).
        En consecuencia, no habría que pensar que las reivindicaciones de los manifestantes y los fundamentos que ellos aducen para su reivindicaciones sean de naturaleza técnica, económica o científica, y que por serlo, por tanto, invitasen a un tratamiento filosófico que nos permitiese «tomar la altura suficiente» para poder situar los planteamientos técnicos, económicos o científicos de asuntos tan graves; un tratamiento que habría de venir de los «filósofos» (o de la «Filosofía», como si ésta fuese algún género de sabiduría exenta, a la que se le puede pedir opinión). Son las mismas fórmulas y argumentaciones de los manifestantes («¡No a la Globalización, amenaza de las identidades de las culturas!») las que constituyen ya un tratamiento filosófico-ideológico de las cuestiones prácticas allí implicadas. Es la filosofía «inmersa» de la globalización, la «filosofía que ejercita la globalización como proyecto económico, político y social realmente existentes»
        Dicho de otro modo: no se trata de la conveniencia o la necesidad de introducir la «perspectiva filosófica» en el tratamiento de afirmaciones de representantes de organismos internacionales o de compañías multinacionales o de reivindicaciones populares, supuestamente técnicas o científicas; lo que sí conviene reclamar es la conveniencia o la necesidad de un tratamiento filosófico contrapuesto al tratamiento filosófico de la globalización oficial o de la antiglobalización. No se trata de oponer filosofía a técnica o ciencia; se trata de oponer filosofía a filosofía, por ejemplo, filosofía vulgar o de mala calidad, a filosofía de calidad no tan mala.
        

El Materialismo de Gustavo Bueno como proyecto filosófico global

Gustavo Bueno (1921)